Un circuito en el cual los productores no venden, los camioneros no
transportan, los barcos no cargan y el Estado no recauda implica un círculo
vicioso opuesto a lo que la Argentina venía acostumbrada en los últimos
cinco años.
Por Daniel Fernández Canedo - Clarín
La prolongación del conflicto entre el Gobierno y el campo empieza a
golpear en un punto sensible del modelo económico.
En mayo, la pérdida de la recaudación por retenciones a las
exportaciones representó unos $ 500 millones y se calcula que en junio podría
superar los 600 millones.
Además, por una demora en la implementación de la que se conoce como la ley
Martínez Raimonda, casi todas las exportaciones de granos que están saliendo
estuvieron anotadas a noviembre pasado. De esta manera, lo hacen con una
retención de 27%, lejana al más de 40% que correspondería de acuerdo con
el polémico esquema implementado el 11 de marzo.
Un circuito en el cual los productores no venden, los camioneros no
transportan, los barcos no cargan y el Estado no recauda implica un círculo
vicioso opuesto a lo que la Argentina venía acostumbrada en los últimos
cinco años.
También el esquema económico está afectado por el costado del dólar y
la menor liquidez que generó en los últimos dos meses.
Si bien mucho menos que el mes pasado, el Banco Central debió seguir
vendiendo dólares en junio para mantener a la divisa por debajo de los $
3,10.
En mayo, el Central se desprendió de US$ 1.600 millones para estabilizar a un
mercado que en ese momento se caracterizaba por compras fuertes de divisas
de parte de los particulares.
Este mes habría vendido algo más de 300 millones, pero aún estaría lejos de
poder comprar en forma fluida dólares de las exportaciones, como lo
hacía para esta época los años anteriores.
El hecho de que el Central no compre dólares y deba venderlos tiene un costo
adicional: en vez de liberar pesos al mercado, los saca, generando menos
liquidez y, por tanto, menos pesos dando vueltas.
Desde ya que en épocas de turbulencias lo importante es mantener la situación
controlada. Y en ese sentido, el esquema demostró ser eficiente, pero
el Estado debió vender dólares y llevar la tasa de interés al 17,5% anual.
Desde el punto de vista de las reservas de divisas, la señal que dio el
Gobierno fue rotunda: en este momento se muestra dispuesto a vender todos
los dólares que sean necesarios con tal de no agitar las aguas, ni las
cambiarias ni las de la inflación.
Con tanta cosecha acumulada y con el precio internacional de la soja en los
548 dólares la tonelada, las posibilidades de revertir el daño sobre la
marcha del plan son muchas.
Anoche los ruralistas anunciaron que el lunes podrá encararse a pleno la
negociación de todos los granos y ahí habrá que esperar la respuesta de
los productores.
Si ven que hay posibilidades de que cambie el esquema de retenciones móviles,
seguramente demorarán la decisión de vender.
Pero, es difícil pensar qué harán si creen que el Gobierno ganará la
pulseada y que el esquema que anunció Martín Lousteau en marzo seguirá
gozando de buena salud.
La prolongación de la disputa está golpeando duro sobre algunas de las
bases del plan económico. Parte de ese impacto se puede medir en pesos y
dólares y podría revertirse en el corto plazo. Pero el golpe a la credibilidad
en la marcha de los negocios resultará mayor y llevará bastante tiempo
superar.
******