Miles de trabajadores y vecinos de la ciudad de El Alto, la más pobre y
rebelde de Bolivia, cercaron por cinco horas la Embajada de Estados
Unidos en La Paz.
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Demandaron a gritos la salida del
embajador Philip Goldberg, acusado de patrocinar el acoso oligárquico
sobre el presidente indígena Evo Morales y facilitar la total impunidad
de los ex gobernantes Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín,
encausados por la justicia local."Estamos indignados por el asilo y
protección que los Estados Unidos le han dado al ex ministro de Defensa,
Carlos Sánchez, dijo Sonia Brito, presidenta de la Asamblea de derechos
Humanos, quien junto a miles de vecinos marcharon sobre el "bunker" de
los gringos, una gigantesca mole de cemento ubicada en el centro de la
ciudad.
Durante cinco horas, cerca de 50 mil trabajadores y vecinos alteños
rodearon las instalaciones de la Embajada de Estados Unidos, rompiendo
los anillos de seguridad dispuestos por la Policía Nacional, exigiendo
justicia para las víctimas de la masacre de octubre del 2003 y el cese
de la injerencia norteamericana. Los manifestantes fueron reprimidos por
la Policía.
En octubre del 2003, 65 personas fueron muertas y más de 400
resultaron heridas por la dura represión ordenada por Sánchez de Lozada
y Sánchez Berzaín. Otras nueve personas fallecieron en los meses
venideros por las graves secuelas de sus severas lesiones que no
pudieron superar.
La rebelión popular, principalmente en la ciudad de El Alto, se
desató en el 2003 para impedir la exportación de gas natural licuado a
Estados Unidos, a través de un puerto chileno; negocio que sólo
beneficiaba a las transnacionales y dejaba migajas para Bolivia. Sánchez
de Lozada dimitió y fugó a Estados Unidos junto a Sánchez Berzaín y el
ex ministro de Hidrocarburos, Jorge Berindoagüe.
Marcha popular
En la marcha participaron la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve),
la Central Obrera Regional (COR), la Federación de Gremiales, Federación
de Trabajadores en Carne y Ramas Anexas (Futecra), Federación de Padres
de Familia (Fedepaf), Sindicato de Choferes Primero de Mayo, Concejo
Municipal, Federación Sindical Única de Campesinos del Radio Urbano y
Suburbano (Fesucaruso) y la Federación de Mercados, entre otras.
La anterior semana se conoció que el Departamento de Estado de
Estados Unidos concedió asilo político a Sánchez Berzaín, que en octubre
de 2003 fugó junto a Gonzalo Sánchez de Lozada hacia el país del norte.
Fue el mismo ex ministro quien en contacto con algunos medios locales
confirmó su asilo en los Estados Unidos, supuestamente porque es un
perseguido político. Ante esta situación, el abogado de las víctimas de
octubre de 2003, Rogelio Mayta, dijo que esta situación podría complicar
aún más la extradición de Sánchez Berzaín y del ex presidente Gonzalo
Sánchez de Lozada, ambos acusados de genocidio y de eludir justicia
boliviana.
Demanda gubernamental
El presidente de Bolivia, Evo Morales, solicitó el domingo al
Gobierno de los Estados Unidos cooperación para que el ex ministro de
Defensa, Carlos Sánchez Berzaín, responda ante la justicia por la
masacre de octubre de 2003. "Quisiéramos que el Gobierno de Estados
Unidos, no sólo el embajador de los Estados Unidos (Philip Goldberg),
(nos) ayuden a hacer justicia (contra) quienes hicieron mucho daño a
Bolivia", expresó Morales.
"No es posible que algunos personajes con mala trayectoria política
puedan ser protegidos por el Gobierno de los Estados Unidos", acotó.
La conspiración de Golberg
Según ha denunciado el gobierno, la Embajada de Estados Unidos es la
que promueve y financia los intentos separatistas de la oligarquía. Las
estrechas relaciones del embajador estadounidense Philip Goldberg con
los prefectos y líderes opositores y el financiamiento de la agencia
norteamericana de cooperación Usaid a los políticos derechistas de
oposición son prueba de ello y marcan la evolución de la política de
Washington con relación al presidente Morales.
Hasta el 2002, el dirigente cocalero Evo Morales era considerado como
el enemigo número uno de Washington. En ese entonces, el embajador
Manuel Rocha amenazaba abiertamente a los bolivianos con suspender la
ayuda económica y cortar relaciones diplomáticas si éstos se animaban a
votar por Evo, al que consideraban ligado al narcotráfico.
Sin embargo, en el periodo 2003 – 2005, cuando el levantisco pueblo
boliviano derribó a dos gobiernos neoliberales (Gonzalo Sánchez de
Lozada y Carlos Mesa) y amenazó con expulsar a las transnacionales
petroleras y mineras que saqueaban Bolivia, nacionalizando el gas, las
minas y las tierras, Washington revalorizó el papel de Morales y
decidió, aunque de mala gana, convivir con él, más aún cuando éste ganó
las elecciones de fines del 2005 con el 54 por ciento de los votos.
Ya en el poder, Morales atemperó los ánimos populares sobre la
expulsión de las transnacionales y logró nuevos acuerdos con las
petroleras, legalizando sus contratos y garantizando sus propiedades,
sus inversiones y ganancias. Otorgó también amplias garantías para la
propiedad y la inversión privada que cumplan con las normas y leyes.