La protección de la selva del Amazonas, considerada como el "pulmón"
del mundo, vuelve al centro de una polémica internacional. Así lo admitió el
presidente Lula da Silva: "Comenzamos a enfrentar un período de discusión muy
fuerte en el mundo", señaló. Fue en un discurso por el Día Mundial del Medio
Ambiente. Y replicó: "Hay demasiada gente que opina del Amazonas"... y "no
vamos a dejar que nadie nos dicte reglas".
Por Eleonora Gosman -
Corresponsal en San Pablo, Clarín
Lula confesó que durante su participación en la cumbre de la FAO en Roma, a
principios de semana, había percibido una situación rara: "Sentí que éramos
atacados por todos lados con los más diversos argumentos", en relación al
cuidado de la selva. Esas presiones ensombrecen la política externa de Brasil,
cuyos gobiernos históricamente temieron una suerte de "zarpazo" de las grandes
potencias sobre los 5 millones de kilómetros cuadrados de vegetación, dónde
árboles, lianas y mantos de hojas, esconden reservorios de minerales
estratégicos y de petróleo.
Aún así, los grandes hacendados brasileños han hecho poco para evitar las
miradas de reprobación sobre el país. En 2008 hay una mala señal: volvieron
a aumentar las deforestaciones e incendios en la Amazonía. De acuerdo con
el último informe del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, esa
actividad "incendiaria" es el principal factor, junto con el parque automotor,
de la contaminación con gas carbónico. "En el caso brasileño, la principal
fuente emisora de CO2 es la destrucción de los bosques naturales,
especialmente la Amazonía", subrayó el documento del IBGE. "Esa actividad
aporta más de 75% del volumen total de dióxido de carbono que Brasil lanza a
la atmósfera". Eso lo coloca al lado de los grandes contaminantes, como
EE.UU. y China.
La investigación de este organismo oficial revela que entre 1991 y 2006 la
devastación de las selvas naturales brasileñas aumentó 68,15%: "El área
destruida representa 20% de la selva original" indicó el dossier. No obstante,
Lula pareció ayer convencido de que hay avances. "Estamos progresando a través
de una combinación de marcos legales que el Congreso debe ahora aprobar y el
aumento de conciencia política en la sociedad". Hay un proyecto de ley en
el Congreso para prohibir a los bancos conceder créditos a productores que
planten soja en áreas selváticas o que ya fueron deforestadas. Pero el
lobby agrícola, que tiene fuerza entre los parlamentarios, presiona para
derribar esa medida.
Lula sancionó, pero por decreto, la creación de tres nuevas grandes reservas
indígenas, dos en el Amazonas y una en el estado de Pará, uno de los más
afectados por la acción depredadora de los hacendados. Estas decisiones
contribuyen, hasta que salgan los nuevos ordenamientos legales, a frenar en
parte el proceso de desmonte. "Creo que tenemos que ser muy duros con aquellos
brasileños que incendian y deforestan. Tenemos que castigar en forma ejemplar
a los ciudadanos que cometan esos delitos".
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