Los villanos de la
película en el encarecimiento de los alimentos son 13 y pasan por
razones estructurales y coyunturales, asociadas a la oferta y a la
demanda, según el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA).
Para enfrentarlos, la cooperación regional es imprescindible.
Por Humberto Márquez - IPS
"Es preciso actuar en diferentes frentes, desde
una coordinación política que defienda los intereses regionales",
dijo a IPS el secretario permanente del SELA, el mexicano José
Rivera, a las puertas de una reunión regional que diagnosticó el
problema el fin de semana.
La reunión buscó insumos para apuntalar una posición concertada de
América Latina y el Caribe mientras delibera en Roma la Conferencia
de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial.
"Las reuniones se multiplican porque hay conciencia de que la crisis
alimentaria afecta con más fuerza a quienes tienen una vida más
precaria", dijo a IPS el francés Gerard Gómez, jefe de la oficina
para la región de la Organización de las Naciones Unidas.
Diez millones de personas en la región podrían sumarse a los 80
millones que ya no pueden procurarse los alimentos mínimos que
necesitan, dijo Gómez al evocar un estudio de la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (Cepal).
¿Por qué suben los precios? Un estudio del SELA identificó 13
razones, estructurales y coyunturales y que están relacionadas tanto
a la oferta como a la demanda de alimentos.
La primera es el aumento de la inversión financiera en commodities
(materias primas). En los últimos tres años, mientras la inversión
en oro y metales se mantuvo estable, en otros commodities se
multiplicó por siete.
Analistas del Banco Internacional de Pagos de Basilea, Suiza,
estiman en 30 por ciento la incidencia que en los precios de los
alimentos tiene la especulación financiera, a partir de los siete
billones de dólares invertidos en "otros commodities" entre 2004 y
2007, frente a menos de un billón en los cuatro años precedentes.
Esta causa se asocia con la segunda, que es la debilidad del dólar y
las bajas tasas internacionales de interés, que lleva a los agentes
financieros a buscar refugio en la adquisición de materias primas y
da impulso a sus precios.
La tercera es el aumento de los precios del petróleo, que no sólo es
un insumo para la producción y transporte, sino que genera
incremento en el consumo en países que producen hidrocarburos,
recordó Rivera.
Cuando el crudo rondaba los 30 dólares por barril, en 2000, una
tonelada de leche en polvo se compraba en 1.500 dólares. Ahora que
el petróleo pasa de 130 dólares, la tonelada de leche en polvo se
cotiza sobre los 4.500 dólares.
Las restricciones a la exportación de alimentos son otra razón.
Países de Asia, al igual que Ecuador en América Latina, han
restringido las exportaciones de arroz, mientras otros, como
Argentina, han impuesto restricciones y cobrar tributos a las ventas
externas de carnes y granos.
La quinta razón coyuntural es la reducción de los stocks, en
particular de cereales, que desde 1995 merman a razón de 3,4 por
ciento anual. Históricamente, las existencias de cereales eran 30
por ciento de la producción global, y ahora están en torno a 20 por
ciento.
Entre las causas estructurales está el aumento de la demanda en
Asia. Por ejemplo, el consumo de maíz en el sur, este y sudeste de
esa región, sumadas, se cifró en 200 millones de toneladas en el
período 2003-2004, y en 227 millones de toneladas en 2007-2008.
También crece la demanda de alimentos para uso animal, sobre todo de
maíz. Estados Unidos destinó a ese fin 47 por ciento de los 332
millones de toneladas que produjo en 2007.
Agrocombustibles en el
banquillo
Otro "villano" es el aumento de la demanda para biocombustibles. El
dedo del SELA apunta al maíz para etanol en Estados Unidos y la
colza para biodiésel en Europa. "De los 48 millones de aumento del
total del consumo doméstico de maíz en 2007, casi 30 millones de
toneladas se destinaron exclusivamente a la producción de etanol".
"La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y
la Alimentación) por principio rechaza el uso de los alimentos para
la manufactura de combustibles", recordó a IPS su representante en
Venezuela, el salvadoreño Francisco Arias.
"Debemos desarrollar investigaciones para producir biocombustibles
que no deriven de alimentos", dijo a IPS el delegado de México y
embajador en Venezuela, Mario Chacón.
"En nuestro país tenemos una planta llamada higuerilla (Jatropha
curcas, también conocida como piñón) que es oleaginosa, y pueden
usarse pajas y residuos vegetales en vez de productos alimenticios",
abundó.
Otro factor estructural con peso sobre los precios es el cambio
climático, que ha llevado fuertes sequías a países que son grandes
productores de alimentos, como Australia, Estados Unidos y Ucrania.
En América Latina, las tormentas tropicales Noel y Olga y el huracán
Félix afectaron la producción de alimentos en Cuba, Haití, Nicaragua
y República Dominicana. Las inundaciones castigaron zonas
productoras en Bolivia y Ecuador.
Por otra parte, han incidido los mayores costos en la producción
(fertilizantes, semillas, insecticidas y maquinaria), en el
transporte y en la logística (almacenamiento y distribución) de los
alimentos, asociados a los altos precios del petróleo.
Un factor de escasa incidencia en América Latina, todavía, son las
limitaciones de la tierra y el agua existentes para uso agrícola, y
que en otras regiones del mundo compiten con demandas para otros
usos, principalmente urbanos. También hay limitaciones para el uso
de nuevas tecnologías, producto en países como los latinoamericanos
de una baja inversión en investigación y desarrollo. Rivera recordó
a este respecto que "la mejor manera de reducir los precios de los
alimentos será a través de aumentos en la productividad, más que de
la superficie sembrada".
Finalmente, las políticas proteccionistas en los países
industrializados del Norte "han distorsionado durante más de cinco
décadas el mercado mundial agrícola", asentó el SELA.
Por ejemplo, Haití producía hace 30 años casi todo el arroz que
consumía, pero debió reducir aranceles para acceder a préstamos
multilaterales en los años 80. El resultado fue una masiva
importación de arroz desde Estados Unidos, que al ser subsidiado
podía bajar su valor, y los productores dejaron de labrar la tierra,
perdieron sus trabajos y se marcharon a las ciudades.
Rivera dijo que las políticas de países del Norte, tales como apoyo
doméstico, subsidios a las exportaciones y restricciones para el
acceso a mercados, "impiden la inversión y expansión de la
producción y el comercio en países productores eficientes".
Las delegaciones presentes en la reunión del SELA, que agrupa a 26
países latinoamericanos y caribeños, coincidieron en que la región
debe responder a la crisis de precios de los alimentos con un
programa regional de seguridad alimentaria.
Los gobiernos interesados podrían reactivar un Comité de Acción
sobre seguridad alimentaria, una figura en boga en los primeros
tiempos del SELA (años 70 y 80) para examinar tareas prácticas
conjuntas o coordinadas.
"Les he dicho que Colombia, con apenas cuatro millones de hectáreas
destinadas a producir alimentos, y Venezuela, que apenas tiene dos
millones, podrían acordar un plan para activar otros tres millones
de hectáreas en las cuencas de los ríos (compartidos) Orinoco y
Meta", confió a IPS el embajador de Bogotá en Caracas, Fernando
Marín.
La reunión señaló que se precisa un fondo económico especial para
asistir a países de la región en contingencias alimentarias, tomando
como base la disposición de la Alternativa Bolivariana de las
Américas conformada por Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, para
dotarse de un fondo con 100 millones de dólares destinados a ese
fin.
Finalmente, los representantes de la región pidieron al SELA que,
después de la actual Conferencia de Roma, convoque a una reunión
para analizar sus resultados y avanzar en la estrategia
latinoamericana y caribeña sobre seguridad alimentaria.