(IAR Noticias) 03 -Junio -08
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Los operativos policiales no pueden controlar el narcotráfico en México. |
El gobierno de México
sostiene que los 4.200 asesinatos registrados de diciembre de 2006 a
la fecha en hechos vinculados al narcotráfico y el creciente sadismo
que muestran los traficantes representan señales auspiciosas. Desde
su punto de vista, indican que se "está ganando la guerra".
Por Diego Cevallos -
IPS
P ero observadores y organizaciones humanitarias
hacen una lectura muy distinta. Lo que está triunfando es la
violencia, el miedo y las violaciones a los derechos básicos de las
personas. Además, no se vislumbra su fin, sostienen.
Desde hace más de un año, alrededor de 20.000 soldados y más de
5.000 policías federales están repartidos en diversos puntos del
país para combatir el narcotráfico, junto a agentes estatales.
"Estamos en guerra", ha declarado en varias ocasiones el presidente
de México, el conservador Felipe Calderón.
Cifras oficiales indican que durante la gestión del mandatario,
iniciada en diciembre de 2006, unas 4.200 personas murieron en
acciones vinculadas al narcotráfico, 10 por ciento de las cuales
eran policías y militares.
Los enfrentamientos entre agentes del orden y delincuentes han sido
periódicos y violentos desde que asumió este gobierno.
En diversos operativos se detuvo a importantes jefes de las bandas
de vendedores de drogas, que según las misma autoridades pronto
fueron relevados. Pero también se han multiplicado las denuncias
contra militares por detenciones arbitrarias, torturas, violaciones
y asesinatos.
En su informe sobre los derechos humanos en el mundo presentado este
miércoles, el grupo Amnistía Internacional denunció que en México
policías y militares incurrieron en 2007 en graves violaciones a las
garantías individuales. Además, rechazaron la política de enjuiciar
a los soldados en tribunales militares y no civiles.
"El gobierno sostiene que va ganando la guerra, pero no existe
ninguna señal o parámetro que indique que así esté sucediendo y
tampoco se ve que la estrategia oficial tenga un puerto. Yo creo que
la situación es alarmante", dijo a IPS el experto en temas de
seguridad José Nieto.
El procurador general (fiscal), Eduardo Medina, declaró esta semana
luego del asesinato de varios policías y la aparición de cabezas
humanas y cadáveres con señales de tortura, que el aumento de la
violencia es una señal de que el Estado va ganando la guerra.
A su entender, los crímenes de los últimos días indican que los
narcotraficantes están desesperados por los golpes que han recibido
de las autoridades. "Vamos ganando (la guerra) aunque no parezca",
sostuvo.
"El alegato del procurador es inquietante: la demostración más
evidente de que el Estado es incapaz de imponer el orden en el
territorio nacional, la exhibición de la violencia más salvaje es
interpretada como augurio favorable", escribió Jesús Silva,
columnista del diario Reforma.
Nieto, asesor de empresas privadas en temas de seguridad, opinó que
es el momento de que el gobierno revise su estrategia.
"No está funcionando porque le falta atacar otras aristas, como el
perfeccionamiento de la policía, la persecución estricta del lavado
de dinero y el combate a la corrupción entre autoridades menores o
mayores", apuntó.
Para Edgar Cortez, coordinador de la Red Nacional de Organismos
Civiles de Derechos Humanos Todos los Derechos para Todas y Todos,
que reúne a 55 grupos, Calderón no está cumpliendo con su papel de
garantizar la seguridad y los derechos humanos, elementos que según
dijo son indivisibles.
"La estrategia de seguridad del gobierno construida sobre el
ejército está fallando y debe revisarse con urgencia", declaró
Cortez a IPS.
Desde el sexenio del presidente Vicente Fox (2000-2006), la
violencia del narcotráfico va en ascenso, según autoridades como
respuesta a las acciones de seguridad pública. Durante ese gobierno,
en el que también se uso al ejército para combatir a los
narcotraficantes, fueron asesinadas 9.000 personas. Aunque la
Constitución mexicana indica que, "en tiempo de paz, ninguna
autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan
exacta conexión con la disciplina militar", un fallo de la Suprema
Corte de Justicia de 1996 avaló su uso en otras áreas cuando haya
graves problemas de seguridad interior.
Según el columnista Silva, "no es claro qué busca (el gobierno), ni
cómo se puede evaluar el efecto de la estrategia (contra el
narcotráfico), ni cómo se sabrá si la guerra se va ganando o
perdiendo".
El martes en el estado norteño de Sinaloa, siete policías federales
murieron abatidos a tiros y cuatro resultaron gravemente heridos en
un enfrentamiento con presuntos narcotraficantes. Fue la acción
donde más policías fallecieron desde que Calderón está en la
presidencia.
A comienzos de este mes fue muerto por sicarios el comisario de la
policía federal mexicana Edgar Millán, coordinador de la lucha
contra el narcotráfico. Fue el más alto mando policial ejecutado en
más de un año.
El día 21, los parlamentarios aprobaron un punto de acuerdo en que
demandaron al presidente "redefinir" las estrategias del combate
contra el delito para "restablecer la tranquilidad y el estado de
derecho frente a los grupos del crimen organizado que han lanzado un
reto abierto a las autoridades".
"Nadie puede estar en contra de que el gobierno ejerza su obligación
de recuperar la seguridad y desplazar el poder de los
narcotraficantes, pero a estas alturas se ve que la estrategia
utilizada no está funcionando", sostuvo Nieto.
Según declaró el sub-procurador José Luis Santiago Vasconcelos, el
narcotráfico y el crimen organizado de México se nutren cada año de
unos 10.000 millones de dólares provenientes de sus acciones
vinculadas a la venta de drogas en Estados Unidos.
El funcionario informó que México, que es el principal abastecedor
de drogas de ese país vecino del norte, gasta anualmente unos 3.900
millones de dólares para combatir al crimen organizado.
Diversas encuestas indican que la inseguridad reinante es hoy una de
las principales preocupaciones de los mexicanos. Además, señalan que
hay un alto respaldo y confianza en los militares, no así en la
policía cuya imagen permanece por los suelos desde hace varios años.
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