La humillación a la que
fueron sometidos unos 50 alcaldes y concejales quechuas en la
boliviana ciudad Sucre, donde hace 199 años surgió el primer acto
americano de rebeldía contra el imperio español, alienta a continuar
con los cambios estructurales que persigue el gobierno, afirman
dirigentes oficialistas.
Por
Franz Chávez - IPS
La humillación a la que
fueron sometidos unos 50 alcaldes y concejales quechuas en la
boliviana ciudad Sucre, donde hace 199 años surgió el primer acto
americano de rebeldía contra el imperio español, alienta a continuar
con los cambios estructurales que persigue el gobierno, afirman
dirigentes oficialistas.
Sucre, capital de Bolivia ubicada en el centro-sur
del país, se tiñó el sábado de sangre. Medio centenar de líderes
indígenas que habían viajado a la ciudad para asistir a un acto de
entrega de 50 ambulancias y recursos destinados a proyectos
municipales fueron cercados y atacados por estudiantes y activistas
autonomistas. El resultado fueron varias decenas de heridos y una
tardía conmoción nacional.
Tras la suspensión de la ceremonia a la que iba a asistir el
presidente indígena Evo Morales, en el Estadio Patria, los
campesinos se aprestaban a abandonar la ciudad cuando fueron
sorprendidos y rodeados por grupos de choque de activistas
autonomistas.
Estos sectores, apoyados por la alcaldía y un Comité
Interinstitucional respaldado por la estatal Universidad de Sucre,
reclaman también que la capital, sede del Poder Judicial, vuelva a
albergar al Legislativo y Ejecutivo, instalados en La Paz desde
1899, tras una guerra civil.
Según las informaciones disponibles, grupos organizados del Comité
Interinstitucional tomaron posiciones en los alrededores del
escenario deportivo en la madrugada del sábado y, empleando
fulminantes de dinamita, palos y piedras, consiguieron apoderarse de
los predios tras una retirada prudente de la policía y de soldados.
El ambiente caldeado y la violencia contra peatones de aspecto
humilde llevaron a Morales a suspender su viaje desde La Paz,
mientras en la plaza principal de Sucre se cumplían los actos
conmemorativos del primer grito libertario, el 25 de mayo de 1809.
Los campesinos intentaron defenderse en barrios periféricos, pero la
estrategia organizada de sus agresores pronto los derrotó. A fuerza
de golpes e insultos, fueron arrastrados y obligados a hincarse y
repetir consignas autonomistas y contrarias al gobierno de Morales.
De hecho, toda persona que aparentara origen indígena o afinidad con
el gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) fue puesta de rodillas
por los atacantes frente a la Casa de la Libertad, símbolo de la
emancipación donde se dictó el destierro del poder colonial, el 6 de
agosto de 1825.
Durante el fin de semana, con escasos servicios de noticias en
radios y canales de televisión, no se vieron las escenas más
conmovedoras de los abusos, y sólo se destacó en la prensa la
suspensión del viaje presidencial, cuando el atropello a los
campesinos fue el hecho más impactante.
Morales reclamó el martes a la justicia que se esclarezcan los
hechos y se castigue a los autores intelectuales y materiales.
El mismo día, la oficina en Bolivia del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos condenó los ataques, que
"vulneran los derechos a la integridad personal y a no ser sometidos
a tratos inhumanos", así como "las libertades de expresión y
manifestación, todos consagrados en los instrumentos internacionales
de derechos humanos de los que Bolivia es parte".
"Estamos frente a una sublevación oligárquica", dijo a IPS René
Navarro, representante del MAS por el sudoccidental departamento de
Potosí a la Asamblea Constituyente que culminó sus labores en
diciembre de 2007.
Navarro anticipa nuevas acciones violentas de sectores de derecha.
El incidente implica, en los hechos, la mayor humillación pública a
los derechos indígenas, precisamente cuando un aymara gobierna el
país.
"Evo es indígena y representa al campo popular, y las acciones del
sábado golpean a todos los ciudadanos", expresó Navarro.
Los atacantes quemaron banderas azules del MAS, la multicolor de los
pueblos aymaras y ponchos coloridos tejidos a mano, como señal de
victoria sobre la población indígena, con la cual se identificó 60
por ciento de los habitantes en el censo de 2001.
La alcaldesa de Sucre, Aideé Nava, y el Comité Interinstitucional se
apresuraron a pedir perdón.
Hace 55 años, el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario
(MNR) reconoció los derechos indígenas de acceso a la educación
pública, a elegir a sus gobernantes en las urnas y a dejar atrás los
sistemas de semiesclavitud y de "pongueaje", servidumbre a la que
estaban obligados los nativos pobres y sin propiedades.
Navarro cree que el camino debe ser la difusión de los logros
obtenidos en dos años y medio.
Mientras, el diputado oficialista y ex sindicalista minero, José
Pimentel, consideró urgente la aplicación del nuevo texto
constitucional --aprobado el 9 de diciembre por los constituyentes
oficialistas reunidos en la occidental ciudad de Oruro--, en alianza
con los habitantes pobres de las ciudades, según dijo a IPS.
El sociólogo y analista Franco Gamboa, coincidió en que al gobierno
no le queda más salida que persistir en el proyecto de nueva carta
magna, que sienta las bases de un estado plurinacional, con el
reconocimiento de los 36 pueblos originarios.
Pero, de forma simultánea, el gobierno debe aceptar las autonomías
departamentales y los resultados regionales de los referendos, como
el celebrado este mes en el oriental departamento de Santa Cruz, a
favor de estatutos que establecen mayor descentralización, dijo
Gamboa.
Este domingo, los departamentos de Beni, noreste y Pando, norte,
llevarán a cabo sendas consultas sobre estatutos autonómicos,
consideradas ilegales por el gobierno central. El 22 de junio le
tocará el turno al sureño Tarija.
Sectores de la derecha boliviana interpretan los incidentes del
sábado como una división regional alentada desde el gobierno a
través de organizaciones sociales y grupos indígenas, y procuran
generar una corriente de opinión ciudadana, expresada a través de
emisoras radiales, orientada a buscar la renuncia de Morales.
"No vamos a permitir la división de Bolivia y tampoco nos quedaremos
de brazos cruzados", dijo a IPS la dirigente de la Federación de
Mujeres del Trópico de Cochabamba, zona central de cultivos de coca,
Juanita Ancieta.
"El hecho de que Morales sea el primer presidente indígena marginado
no es suficiente para que deje de existir un estado racista,
colonial, y es importante plantear la reforma de la Constitución",
dijo Pimentel.
Gamboa recordó que el proyecto constitucional recoge las propuestas
del Pacto de Unidad conformado por organizaciones campesinas y
originarias, y reivindica libertades, deberes, garantías y derechos
políticos y culturales para los pueblos indígenas.
Pero Gamboa observó que la reacción de grupos conservadores de Sucre
y de los departamentos autonomistas de Santa Cruz, Beni, Pando y
Tarija expone el rechazo a la creación de autonomías indígenas con
posibilidades de enfrentar al poder departamental que buscan los
prefectos (gobernadores) y organizaciones civiles y empresariales de
esas regiones.
En el proyecto constitucional se incluyen las autonomías
departamentales, municipales, regionales e indígenas, mientras las
regiones opositoras a Morales sólo reconocen las autonomías
departamentales y municipales.
No está claro cuándo la ciudadanía podrá pronunciarse a favor o en
contra del texto constitucional aprobado, ni si éste sobrevivirá a
los acontecimientos políticos de los próximos meses.
La ley de convocatoria a la Asamblea Constituyente establecía la
consulta popular sobre la nueva constitución 120 días después de su
aprobación, pero la celebración de los referendos autonómicos echó
por tierra esa previsión.
Mientras, el presidente y los prefectos están en campaña para el
referendo revocatorio de sus respectivos mandatos, que se celebrará
el 10 de agosto.
Los sucesos de Sucre reafirman el propósito de destruir el Estado
racista, dijo Pimentel, pero eso requiere una larga lucha para
cambiar la actitud y el comportamiento de los sectores conservadores
ante los indígenas, añadió. Por lo pronto, una meta posible es
consolidar un pacto social para reformar la Constitución, sostuvo.
Construir un estado multinacional es una tarea de largo plazo,
concluyó.