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Cuba: fórmula pragmática con nostalgias vietnamitas

 
 

(IAR Noticias) 25-Mayo-08

Desde que Raúl Castro asumió la presidencia de Cuba, el país muestra una serie de cambios graduales que van lejos de ser cosméticos

Conviene no subestimar la apertura que está alentando Cuba, que incluye desde la seducción de inversiones hasta un amplio sistema de relaciones con el mundo.

Por
Marcelo Cantelmi
- Clarín

El historiador brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira intenta una explicación y sostiene que "EE.UU. siempre vio a Cuba como parte de su territorio y no le perdonó la rebeldía de hacer una revolución".

El planteo procura desentrañar la causa del doble rasero que Washington aplica a un trío significativo de naciones comunistas: la isla caribeña, China y Vietnam. Al revés que Cuba, los otros miembros de este triángulo son socios comerciales de Occidente, uno grande, el otro pequeño y no son sometidos a los varapalos de las autoridades norteamericanas para que transformen su régimen en democracia liberal como condición excluyente de cualquier consideración.

Esos tonos impregnados de fundamentalismo no son, sin embargo, lo esencial a observar sino, hoy más que antes, la incapacidad concluyente de la clase política norteamericana (i.e. todos los candidatos han prometido mantener el embargo contra la isla) para procesar fuera de cualquier disputa ideológica los cambios objetivos que experimenta la revolución castrista.

Desde que Raúl Castro asumió en febrero de 2008 la presidencia de Cuba y en el interregno que inició en julio de 2006 por la enfermedad de Fidel, el país muestra una serie de cambios graduales que van lejos de ser cosméticos. Hay una matriz que está mutando tendiente a atraer inversiones para apagar el peligro de salarios exiguos que "generalizan manifestaciones de indisciplina social" según la propia síntesis provocadora de Raúl Castro. Y al mismo tiempo generar mayor eficiencia en la estructura del Estado por medio del reconocimiento de las tendencias productivas individuales.

El desafío para esta dirección es cómo llevar adelante la transformación sin perder el control ni resignar los símbolos revolucionarios, una cuestión que está en el centro de la sorda disputa en la isla entre "inmovilistas" y "renovadores", una contradicción que no es claro si se manifiesta en la cumbre del poder. Raúl Castro ha propuesto sin vueltas que "habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que sean necesarios". Y aunque Fidel bramó ominoso desde sus columnas "¡Cambio! sí, en EE.UU." ya en 2006, y aún antes de enfermar, anticipó en un libro-reportaje a Ignacio Ramonet que "estamos marchando hacia un cambio total de nuestra sociedad".

¿En qué consiste ese cambio? En Cuba los salarios hoy rondan los US$ 15 dólares o unos 300 pesos cubanos que son gravemente insuficientes aun para los parámetros de la isla donde, además, conviven dos monedas: el peso nacional, medio de pago de la mayoría de los cubanos y el convertible o CUC con una paridad de 25 pesos por dólar. El impacto social se advierte si se tiene en cuenta que un médico o un maestro ganan 10 ó 12 dólares, mientras que un chofer de taxi, que suelen ser universitarios, embolsa 10 veces más por el contacto con los turistas, las propinas o el propio pago de los viajes.

Pero Cuba también confronta problemas estructurales que se complican tanto por el embargo como por la escalada incesante de cereales y petróleo. La isla importa cerca de 80% de los alimentos que consume, aunque la mitad de sus tierras cultivables están ociosas o subutilizadas.

Este plan de cambios parece mirarse en el espejo no tanto del modelo de "reforma y apertura" aplicado por China en 1978 sino en el "Doi Moi" o Renovación Multifacética que el Partido Comunista de Vietnam, muy cercano a La Habana, lanzó a partir de su VI Congreso de 1989. Ese esquema desbarató el sistema de colectivización forzosa y estímulos morales que impuso el fallecido presidente Le Duan tras la reunificación en 1975, luego del triunfo militar de Ho Chi Minh sobre EE.UU.

Los vietnamitas, cuyo país se debatía en una pobreza superior al 70% e importaba todos sus alimentos, descartaron como salida el caótico ejemplo de la perestroika soviética. Imitaron en cambio el modelo chino de Deng Xiao Pin. Algunos de los cambios son asombrosos. Advirtieron que la socialización forzosa no eliminaba los esquemas de desarrollo individual o familiar sino que continuaban funcionando en los márgenes y aun en la ilegalidad. Decidieron abandonar lo que llamaban la "mercadofobia" y el paternalismo. Y garantizar todas las formas de propiedad: de ahí lo "multifacético" de la propuesta "introduciendo un mecanismo económico basados en la utilización de las leyes del mercado reguladas por el Estado".

En un auténtico ejercicio de trapecio postularon que "la economia mercantil no es un atributo exclusivo del capitalismo, es una conquista de la humanidad" y elemento necesario "en la transición al socialismo". La otra pata del Doi Moi fue la extensión de la relación con todos los países, organismos y empresas trasnacionales. Con esa fórmula pragmática, que vale señalar difiere radicalmente de modelos como el bolivariano, aliado central de Cuba —son conocidas las distancias entre Raúl Castro y Hugo Chávez—, Vietnam multiplicó por diez los ingresos de la población, cuadruplicó el PBI y redujo hasta 20% la pobreza. Esta China en pequeño bajo control rígido del PC crece un 9% y pasó de importar arroz a ser el segundo productor del mundo.

Raúl Castro debe saber de qué se trata. Ha sido ministro de Defensa desde el inicio de la revolución, cargo que aún conserva. Las fuerzas armadas en Cuba gestionan 844 empresas, 30% del total del país. Esas firmas, que van desde el azúcar, la agricultura o hasta el turismo vinculan el estímulo salarial con los resultados. De ahí que, según datos oficiales, sólo 7% de las gestionadas por el Ejército registraron pérdidas en 2006 frente al 38% del total nacional que terminaron en rojo. Algo similar sucede con el campo. Las cooperativas privadas que son más de 1.500 poseen sólo una fracción de tierras pero producen cerca del 60% de los productos agropecuarios.

Es por eso que entre los cambios aperturistas se destaca el acceso a maquinaria agrícola. La liberación de disidentes, la conmutación de penas de muerte, la agilización del caso de Hilda Molina son gestos en aquella línea vietnamita del amplio relacionamiento con el mundo. Son las llaves para que Europa en principio se abra a este modelo que, en absoluto, conviene ser subestimado.

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