reada por la Comisión Internacional de Policía Criminal (Viena, 1923), Interpol fue reconstruida al final de la Segunda Guerra Mundial (Bruselas,
1946), y desde 2004 cuenta con un representante oficial en la ONU. Su cuartel
general radica en la ciudad francesa de Lyon.
Por estatutos, Interpol es una organización autónoma y políticamente
neutra. Prohíbe, en consecuencia “cualquier tipo de relación con crímenes que
no afecten a varios países miembros, y ningún tipo de crímenes políticos,
militares, religiosos o raciales”.
Sin embargo, durante la guerra que destruyó a Yugoslavia en el decenio
pasado, Washington no sólo hizo de la Unión Europea (UE) y la OTAN brazos
político-militares del Departamento de Estado y el Pentágono, sino que
Interpol se convirtió en una suerte de “Comisión Internacional para la
Observancia de la Ley” (CIPOL o UNCLE, por sus siglas en inglés).
¿Alguien recuerda a El agente de CIPOL, famosa serie de televisión
de los años 60?
UNCLE era el acrónimo metafórico de “tío” (Sam), y el agente de CIPOL
luchaba contra la terrorista TRUSH (o “Jerarquía técnica para remover a los
indeseables y la sumisión de la humanidad”, por sus siglas en inglés).
El agente de CIPOL masificó el género de espías-policías
pasteurizados del tipo Ronald Kenneth Noble, el actual director mundial de
Interpol. En febrero de 1998, como miembro del equipo de seguridad del
presidente William Clinton, Noble compareció ante el gran jurado que investigó
la conducta íntima del gobernante, declarando que los funcionarios policiales
no estaban obligados a revelar… you know, el affaire Monica
Lewinsky.
La serie fue popular pero arrojó pérdidas. Y luego, El retorno del
agente de CIPOL resultó un fiasco a causa de que el público estadunidense,
si bien algo bobo, también se cansó con aquello del “villano de la semana”.
Así las cosas, un día antes de que en Lima tuviese lugar la cumbre
UE-América Latina (16-17 de mayo pasados), el agente de CIPOL reapareció en
Bogotá. Interpol avaló la autenticidad de la información encontrada en las
computadoras atómicas de TRUSH…perdón, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC), milagrosamante intactas luego del operativo militar
conjunto de Estados Unidos y el ejército colombiano en territorio de Ecuador,
a inicios de marzo último.
La cumbre de Lima debía tratar los temas de la pobreza, el cambio
climático, la desigualdad norte-sur, el desarrollo sostenible y otros
problemas que bloquean las relaciones entre ambos continentes. Ni lerdo ni
perezoso, el español Javier Solana, criminal de guerra y jefe de la Política
Exterior y de Seguridad Común de la UE, develó en qué consistía realmente la
tal cumbre.
“El problema de América Latina son las FARC”, dijo el sobrino del insigne
escritor Salvador de Madariaga (1886-1978), diplomático gallego que odiaba a
Simón Bolívar. Varios de los gobernantes que asistieron al aquelarre sintieron
que la opinión de Solana era una advertencia y puesta al día del “¿por qué no
te callas?”, dirigido por el rey Juan Carlos al presidente Hugo Chávez en la
cumbre de Santiago (noviembre de 2007).
En realidad, la teleserie venía cocinándose desde el 21 y 22 de febrero
pasado, cuando la OEA y la Armada de Colombia, agentes del servicio de
Guardacostas de Estados Unidos y representantes de Transporte de Canadá
organizaron en Buenaventura (puerto del Pacífico), un “simulacro de prevención
contra el terrorismo y las armas de destrucción masiva”. Una semana después,
tuvo lugar el ataque contra Ecuador.
A mediados de abril, Interpol designó a Colombia como titular y primer país
miembro de Ameripol (Comunidad de Policías de América). ¿Y a qué organización
cree usted que los directores de policías de 18 países de la “neutra” y
“apolítica” Interpol calificó de enemigo “número uno” de América Latina?
Exacto: a TRUSH. O sea, a las FARC.
Las cosas no quedaron ahí. Para zafarse de las denuncias de los
paramilitares, Uribe decidió extraditar a varios de ellos a Estados Unidos. No
obstante, en el curso de la extradición, desapareció el computador del más
feroz de ellos, Salvatore Mancuso, quien a diario alimentaba a los medios con
más y más denuncias.
El vicepresidente Francisco Santos echó la culpa al director del penal,
quien a su vez expresó que Mancuso pidió autorización de sacar su computadora
porque “tenía virus”. Carlos Holguín, ministro del Interior, declaró que la
computadora había sido enviada “a reparación”. Y el ministro de Defensa, Juan
Manuel Santos, aseguró estar “sorprendido” por la desaparición del aparato.
Como diría Tres Patines (*): ¡tremenda corte!.