Evo Morales proclamó un referéndum revocatorio de los mandatos del presidente
y del vicepresidente y de los prefectos (gobernadores) de los departamentos
bolivianos. Como dicho referéndum pasó en el Senado gracias a los celos de
Tuto Quiroga, jefe del partido derechista Podemos, ante el creciente
liderazgo en la derecha de la oligarquía de Santa Cruz, y puesto que el
resultado previsible del mismo amenaza a varios prefectos, dividió al frente
derechista, y seguramente serán confirmados en sus puestos Evo Morales y Alvaro
García Lineras. Hay quien cree que la medida es una maniobra hábil, pero la
realidad es diferente.
En primer lugar, de aquí a agosto puede pasar mucho agua bajo los puentes, y
la derecha presentará muchos hechos consumados; mientras el gobierno se aferra
al texto de la Constitución (que la derecha repudia y cuya modificación exige),
y también trata de conseguir la mayor cantidad de votos posibles para el futuro
referéndum, la derecha en cambio toma medidas económicas, políticas, jurídicas,
sociales y militares construyendo su poder ilegal.
Para colmo, si en el referéndum ganase nuevamente Evo Morales (como
seguramente lo hará), y fuese también confirmado en Santa Cruz el puñado de
oligárquicos racistas que está construyendo un Estado paralelo, el empate
catastrófico continuaría, pero a un nivel superior, aún más grave, ya que no
habrían opciones pacíficas para resolverlo. Mientras el gobierno pelea su
batalla de papel, Santa Cruz organiza sus paramilitares, crea su equipo de
recolección de impuestos y de chantajes a las grandes trasnacionales –así como
su sistema jurídico antinacional–, organiza el comercio exterior de la región
por la vía de facto, trata de incorporar a su legislatura ilegítima
representantes de las etnias indígenas locales (que tienen viejos agravios por
cobrar al poder de La Paz), concede servicios sociales para todos y un salario
mínimo que duplica el vigente en el resto del territorio nacional, para ver si
compra a algunos despistados.
Además, Quiroga cedió en la idea del referéndum revocatorio, pero lo hizo
para que el gobierno no llevase a cabo el referéndum sobre el tamaño máximo de
las propiedades rurales, que habría dado un golpe duro a la oligarquía de la
Media Luna y habría sido un importante instrumento para la movilización y
organización campesina para imponer un masivo reparto de tierra agrícola. Aunque
ponga en discusión su mandato, Evo Morales aparece discutiendo el poder en La
Paz y de La Paz (todos, en efecto, saben que no será revocado), mientras sus
enemigos construyen un Estado camba (blancos burgueses) frente al
Estado colla (indígenas) y construyen rápidamente un núcleo de poder
(que sin duda será apoyado por las trasnacionales y todas las fuerzas
reaccionarias, además de Estados Unidos). Mientras Evo Morales organiza una
elección, la derecha en cambio organiza su derrocamiento ilegal y violento, y
desconocerá los resultados del referéndum si así le conviniera, del mismo modo
que ha desconocido la Constitución.
La propuesta de Antonio Peredo de enjuiciar a los dirigentes cruceños por
sedición tiene por el contrario una firme base legal y permitiría, si la
justicia los condenase, dejar en claro que no se está discutiendo la autonomía
ni se está ante una mera disputa por la interpretación de la Carta Magna y de
las leyes, sino frente a un intento de golpe de Estado y de usurpación del poder
legal y frente al secesionismo promovido por motivos racistas y de clase por
delincuentes que están fuera de la ley. Pero eso significaría que el gobierno
debería utilizar la fuerza para hacer aplicar el fallo judicial. O sea, que
debería recurrir no sólo a la parte de la policía y de las fuerzas armadas que
no quiere la división del país, sino sobre todo a la fuerza organizada de los
campesinos, cruceños y de todo el país, y de las organizaciones sociales, que el
gobierno sólo estaría dispuesto a movilizar in extremis, cuando esté
por perderlo todo. Ahora bien, lo tímido e inadecuado de sus reacciones comunica
vacilación, confusión y desánimo a los millones de trabajadores y pobres que lo
apoyan, mientras en el campo opuesto, la arrogancia y las iniciativas de los
racistas cruceños dan confianza a las derechas nacionales e internacionales.
¿Nadie leyó en La Paz la historia de la Revolución española, que perdió, entre
otras cosas, porque no liberó las colonias, quitándole así los moros a Franco,
ni hizo una reforma agraria (dejándole los campesinos gallegos y navarros), y
porque frenó la revolución “para salvar la República”, perdiendo así a ambas?
¿Nadie recuerda a Danton, que decía que en una revolución se necesita audacia,
audacia y siempre audacia?
Lo cierto es que si Evo Morales no adapta de inmediato medidas agrarias
urgentes y no se dedica urgentemente a movilizar sus bases de apoyo, encarando
una situación que es de emergencia nacional, no es seguro que pueda arrastrar
fuera de la influencia de la derecha a vastos sectores de las clases medias
urbanas, que se mueven sobre todo por motivaciones nacionales (estatización
petrolera, destrucción del poder de la tradicional rosca oligárquica, mejoras
sociales en todos los terrenos claves).