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una cumbre que reunió a más de 45 jefes de Estado de Latinoamérica,
Centroamérica y Europa, sin embargo, quedaron pendientes metas concretas y se
limitaron a un puñado de intenciones recogidas en las 17 páginas de una
declaración.
Entre los temas destacados estuvieron la necesidad de tomar medidas contra
el cambio climático, la evaluación del uso de biocombustibles y la condonación
de deuda a países pobres.
"Coincidimos en la urgente necesidad de responder ante los desafíos más
graves que enfrenta el mundo, en especial la crisis alimentaria, con acuerdos
concretos, porque (...) puede constituirse en una enorme barrera al
cumplimiento de los objetivos del milenio, desatar graves conflictos sociales
y políticos", destacó la presidenta de Chile, Michelle Bachelet.
Los mandatarios decidieron apoyar los esfuerzos de las Naciones Unidas para
afrontar la desmesurada alza de los precios de los alimentos, que levantó
voces de alarma en todo el planeta por el temor a una hambruna mundial.
Bachelet hizo un llamamiento urgente a que concluyan las negociaciones de
liberación comercial mundial de la Ronda de Doha, ya que cualquier medida de
emergencia ante el alza de los precios de los alimentos va "a tener un efecto
muy limitado si no somos capaces de destrabar las negociaciones".
"Si logramos un comercio agrícola más libre pero a la vez más justo habrá
más alimentos, tendremos precios más accesibles y podremos contribuir a una
reactivación de la economía mundial", agregó.
América Latina, uno de los mayores productores de materias primas
alimenticias del planeta pero con cerca del 40 por ciento de su población en
la pobreza, lucha desde hace años por conseguir que Europa desmantele el
sistema de protección a sus productores agropecuarios, lo que mantiene alejado
a los dos continentes de cualquier acuerdo comercial.
Pero, a pesar de coincidir en la lucha contra los subsidios agrícolas,
Latinoamérica está dividida por el destino final de sus cultivos, ya que
Brasil alienta la producción de biodiesel y Venezuela lidera a un grupo de
países que rechazan usar alimentos para producir combustibles.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, afirmó que la
Unión Europea (UE) está "realmente comprometida" con la idea de la integración
regional y de buscar las formas de solventar el tema agrícola.
La negativa de la Unión Europea (UE) a revisar sus política agrícola está
trabado un acuerdo comercial con los países andinos, el Mercosur -formado por
Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay- y el Caricom, integrado por las
naciones del Caribe.
La necesidad de destrabar los obstáculos e ir más rápido hacia un acuerdo
entre la CAN -conformada por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú- y la UE fue un
insistente llamado de varios líderes, entre ellos el anfitrión, el peruano
Alan García.
El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, dijo que
la culminación de esos acuerdos constituye "un objetivo estratégico de primer
orden" y se comprometió a trabajar en los próximos meses para ayudar en su
avance.
"Es un matrimonio joven el que forma la Unión Europea, Latinoamérica y el
Caribe", dibujó al resaltar que uno contribuirá al crecimiento del otro.
Uno de los temas ausentes en los discursos, a pesar de las grandes
expectativas previas, fueron los roces diplomáticos entre Colombia, Ecuador y
Venezuela. Los mandatarios de esos países posaron para la foto oficial, pero
sin cruzar miradas ni comentarios, según testigos, y sus declaraciones en
contra de otros se limitaron a escenarios fuera de los oficiales.