El presidente indígena Evo Morales, su
vicepresidente Alvaro García Linera y los prefectos (gobernadores)
derechistas aceptaron ir en 90 días a un referéndum revocatorio de sus
mandatos que apunta, en lo esencial, a mantener la dualidad de poderes
que se da en Bolivia desde mediados del 2007.
El miércoles, a mediodía, el
Senado, controlado por representantes de la derecha oligárquica,
desempolvó un proyecto de ley propiciado inicialmente por el propio
gobierno de Morales y aprobó la convocatoria para poner a votación del
pueblo si el Presidente, Vicepresidente y los nueve Prefectos mantienen
o no sus cargos.
La decisión del Senado fue rechazada inicialmente por los
parlamentarios oficialistas, pero después el propio Morales anunció su
decisión de someterse al voto ciudadano.
Con fuerte apoyo electoral en el Altiplano y el área rural para el
presidente Morales y un sólido respaldo en las regiones del oriente y
los valles para los prefectos derechistas, es altamente probable que Evo
y sus principales opositores en Santa Cruz, Tarija y Pando sean
ratificados en sus cargos, con lo que se mantendría inalterable la
existencia de dos gobiernos en Bolivia, el de la izquierda
indígena-campesino y el de la derecha oligárquica y fascista.
El primero, el legal, del presidente indígena Evo Morales, con masivo
apoyo campesino y el control del altiplano (La Paz, Oruro y Potosí), con
mando sobre el Ejército y la Policía y el respaldo de los sindicatos y
las clases medias. El segundo, en los valles y llanuras del oriente y
sur del país, donde pesa más el poder de la oligarquía latifundista y la
burguesía financiera-comercial, que gobierna de facto y cuenta con la
adhesión militante de las clases medias y la sumisión de los sindicatos
y organizaciones cívicas y populares.
Expectativas
Con el referéndum revocatorio, la expectativa mayor del gobierno de
Morales es recibir a nivel nacional la ratificación del apoyo ciudadano
y lograr, en el mejor de los casos, derribar a uno o dos prefectos
opositores (La Paz y Cochabamba). Queda fuera de la agenda gubernamental
la posibilidad de derrotar en las urnas a los prefectos de Santa Cruz y
Tarija, donde se concentra el poder de la oligarquía autonomista y
separatista.
La expectativa de los opositores derechistas es mayor y aspira a
reducir el apoyo ciudadano a favor de Morales y, en el mejor de los
casos, a lograr su revocatoria. Ellos también aspiran a unificar a todas
las clases medias del país en torno a la oligarquía, para poder
organizar un fuerte movimiento opositor nacional, con lo que su fuerza
radicada hasta ahora casi exclusivamente en el oriente y los valles
podría subir hasta el altiplano.
En todo caso, por lo menos hasta que se realice el referéndum
revocatorio, queda claro que el poder dual que se da en Bolivia se
consolidará aún más, tanto por la previsible lucha electoral como por
las realización de referéndums autonómicos revistos hasta fines de junio
en Beni, Pando y Tarija, donde la oligarquía tiene todas las de ganar.
Otros que hacen previsiones son los dirigentes de los sindicatos y
organizaciones sociales que han comenzado a separarse del gobierno y
creen que "el revocatorio no resuelve nada". Este es el caso, por
ejemplo, de la Central Obrera de Oruro que considera que sólo con la
expropiación de las tierras de los latifundistas y de las empresas de la
burguesía agrofinanciera del oriente se podrá liquidar con la rebelión
oligárquica separatista.
"Que escuche el Presidente, queremos marchar a Santa Cruz para
derrotar definitivamente a la oligarquía (…) Para aplastar a la
oligarquía como en octubre (2003), tenemos que trazar una senda para que
se cumpla la agenda de octubre y la recuperación total de todas las
empresas para los bolivianos", dijo hace cuatro días el dirigente Jaime
Solares de la Central de Oruro.
Confusión y temores
Anoche el presidente Morales aceptó someter su mandato a referéndum
en el que tiene más que perder que ganar y pidió al Congreso le envíe
"cuanto antes la ley para promulgarla de inmediato". "Quiero reiterar mi
posición de someternos al pueblo, que nos diga quién sirve y quién no
para gobernar", dijo el mandatario, que no pudo ocultar las serias
discrepancias al interior de su organización, el Movimiento al
Socialismo (MAS).
Morales presentó el 10 diciembre de 2007 el proyecto de ley sobre el
referendo ante el Congreso Nacional, cuando el país vivía una tensa
situación relacionada con el proceso constituyente; luego de su
aprobación en la Cámara de Diputados (15 de diciembre) y remitida al
Senado (17 de diciembre), permaneció durante cinco meses bloqueada,
hasta que el miércoles, para sorpresa del oficialismo, fue tratada y aprobada
sin ninguna modificación en detalle y sancionada.
"Están sitiando al presidente Evo Morales con una y otra maniobra.
Sólo quieren boicotear este proceso de cambio y de solución de los
problemas", manifestó el vocero del gobierno, Iván Canelas,
bastante contrariado por la acción de la oposición.
El senador del MAS Antonio Peredo cuestionó a sus colegas por haber
"reflotado este asunto justo en este momento (...) Lo que quieren es
darle una "papa caliente" al Presidente para que promulgue una ley que
no tiene ahora razón de ser", agregó.
El rechazo al revocatorio también llegó a los dirigentes laborales
vinculados al gobierno de Morales. "Es un poco delicado; nos estamos
reuniendo en este momento (...) digo que es muy delicado si pierde el
Presidente y dónde nos vamos, por eso digo que es delicado", dijo Pedro
Montes, de la Central Obrera Boliviana (COB), cooptada parcialmente por
el Gobierno.
Montes dijo "no estar de acuerdo" con la determinación del Senado y
explicó que esta propuesta no puede ser "impuesta dictatorialmente y nos
imponga al pueblo".
Otros dirigentes sindicales más independientes advirtieron que el
referéndum era "distraccionista y que no resolvía nada".
Voto popular
Pese a ello, el presidente Morales aseguró que "el referéndum le
devolverá al pueblo boliviano la facultad de pronunciarse por el proceso
de cambio y justicia que lleva adelante su administración, o por el
retorno al pasado", según difundió la agencia gubernamental ABI.
"Hemos recibido con enorme satisfacción la aprobación del Senado
Nacional para el Referéndum Revocatorio del mandato del Presidente,
Vicepresidente y prefectos de los nueve departamentos", dijo. Según la
norma aprobada por el Senado, en el caso de Morales y su vicepresidente,
quedarían revocados si el "no" a su continuidad es superior al 53,7 por
ciento de apoyo que consiguieron en 2005 y a los 1.544.374 votos que
cosecharon.
Sin embargo, los prefectos tendrían que dejar su cargo de inmediato
si su mandato no obtiene el apoyo suficiente y ser sustituidos por un
gobernador interino designado por el Presidente de la República.
Si el Presidente y el Vicepresidente son revocados, el Presidente
convocará a nuevas elecciones en un plazo de 90 a 180 días y para un
nuevo periodo constitucional.