|
 |
|
Evo Morales y su vice, García Lineras al
firmar el texto legal que convoca al referéndum |
El presidente promulgó ayer una ley para convocar a un referéndum
revocatorio el próximo 10 de agosto. Los bolivianos deberán decidir si esos
funcionarios se quedan en sus cargos o si se van a sus casas.
Por Pablo Stefanoni -
enviado especial en La Paz, Clarín
Bolivia quedó ayer inmersa en una inesperada campaña electoral. A la mañana,
el presidente Evo Morales estampó su firma en la ley de referéndum revocatorio y
convocó a las urnas para el próximo 10 de agosto. "La democracia no es
solamente el derecho a elegir sino también a revocar el mandato de sus
autoridades. No le tengo miedo al pueblo", anunció frente al alto mando militar
y todo su Gabinete. Así, en tres meses los bolivianos deberán decidir si el
presidente, el vicepresidente y ocho de los nueve prefectos (gobernadores) se
quedan en sus cargos o se van a sus casas. A todos les quedan dos años y
medio por delante. El único que se salvará del examen es la autoridad de
Chuquisaca debido a que el cargo se encuentra vacante y se elegirá un nuevo
prefecto el 29 de junio.
Para ser revocados los mandatos del presidente y de los prefectos se requiere
que el "No" a sus gestiones supere en votos o porcentaje los resultados
obtenidos en diciembre de 2005. Es decir, Evo Morales y el vice Alvaro García
Linera serán expulsados del poder si el rechazo a su gestión supera el 53,74%
(los 1.544.374 votos que sacaron), lo que transforma al referéndum revocatorio
en una consulta ratificatoria. Los prefectos lo tienen más complicado:
como ninguno obtuvo mayoría absoluta, pueden ser revocados con menos del 50% en
su contra. Así, Rubén Costas de Santa Cruz debe lograr que el voto opositor no
llegue al 48% y el de La Paz, José Luis Paredes, que el rechazo no alcance el
38%. Esto provoca una situación paradójica: el líder paceño debe obtener el 62%
de apoyo para permanecer en su sillón.
El jueves pasado, la agrupación opositora Podemos desempolvó un proyecto
presentado por Morales en diciembre de 2007 y, ante la sorpresa general,
habilitó el referéndum revocatorio. Los propios prefectos quedaron en off
side. "Haciendo una metáfora, es como que nosotros tengamos un arco enorme
de fútbol y Evo tenga un arco de fulbito", razonó el prefecto de Cochabamba,
Manfred Reyes Villa.
El senador Tito Hoz de Vila (Podemos) justificó que se trataba de un mal menor
frente a la decisión del gobierno de forzar la aprobación del referéndum para
ratificar la nueva Constitución y limitar la propiedad rural. Y que ahora
intentarán renegociar los términos para que sea un 50% más uno de los votos.
Pero los prefectos preferían seguir con el cronograma de referendos, que después
del triunfo cruceño con el 85% por el "Sí" tiene una segunda escala en Beni y
Pando el 1 de junio y la recta final en Tarija, el 22 de junio.
Evo Morales volvió a convocar a los prefectos a sentarse a dialogar en la
tarde de ayer, junto con el enviado de la OEA y ex vicecanciller argentino Raúl
Alconada Sempé y funcionarios del grupo de países amigos integrado por
Argentina, Brasil y Colombia. La Iglesia quedó excluida luego del voto explícito
por el "Sí" del cardenal Julio Terrazas en el plebiscito de Santa Cruz y de las
declaraciones de Morales que, el fin de semana, se refirió a la curia como un
"sindicato opositor".
Luego de una larga reunión, los líderes de la "media luna" autonomista
decidieron no acudir a cita. "El gobierno sigue desconociendo el proceso de
autonomía. Bolivia no necesita otro encuentro público sino dar los pasos hacia
un gran acuerdo nacional", justificó su ausencia el cruceño Rubén Costas y Reyes
Villa quedó encargado de trasmitirle el mensaje a Morales.