Está detrás del crudo.
Representa 16% de la producción total de energía del país.
Por Eleonora Gosman - corresponsal en San
Pablo, Clarín
Demonizado por organizaciones ecologistas, sobre todo internacionales, el
etanol acaba de conquistar un lugar dominante en la matriz energética de Brasil.
Es la segunda fuente en importancia: está detrás del petróleo, pero delante de
todos los demás recursos, incluida la hidroelectricidad.
El dato fue aportado por la Empresa de Investigación Energética (EPE). De
acuerdo con esta institución, la caña de azúcar (de donde sale el etanol
brasileño) representa 16% de la provisión total de energía. La generación
hídrica, en cambio, cayó a 14,7% del abastecimiento de la demanda nacional.
Antes era la favorita detrás del crudo. Según un estudio divulgado por la prensa
local, la caña de azúcar y sus productos mantendrán ese predominio los próximos
años, entre otras cosas por las proyecciones de crecimiento del etanol en el
transporte automotor y la utilización del bagazo (residuo leñoso de la caña) en
la generación eléctrica. Lo que más contribuyó a elevar la categoría del
combustible elaborado a partir de la caña fue el alcohol utilizado en autos que
ya son lanzados desde las fábricas con motores adecuados para emplear
biocombustibles. Este destino aporta, ya, 25% del consumo del etanol brasileño.
El resto está destinado a generación eléctrica y al uso en procesos
industriales. La expectativa para 2015 es que los productos de la caña de
azúcar alimenten usinas térmicas con una potencia total instalada de 24.000
megavatios.
Estos notables resultados fueron empujados por el gobierno de Lula da Silva que
promovió fuertes inversiones en el sector. Ante la escalada de los precios
petroleros, el presidente brasileño decidió reeditar un programa que ya había
resultado exitoso en los 80 y parte de los 90, cuando Brasil aún estaba lejos
del autoabastecimiento petrolero. El Banco Nacional de Desarrollo Económico y
Social está obligado a responder con financiación para proyectos energéticos que
utilicen biomasa.
Analistas internacionales e incluso la ONU cuestionan la ampliación de los
horizontes del biocombustible, al responsabilizarlo por la crisis de la
alimentación mundial. La disparada de los precios de los bienes agrícolas tiene
fuerte impacto en los países menos desarrollados, especialmente de Africa y
Asia, aunque también algunos latinoamericanos. Las críticas recaen
especialmente en el programa de etanol impulsado por Washington a partir del
maíz, una política que sería responsable por el alza de las cotizaciones de
ese cereal y aportaría un 10% a esa suba.
Según Lula y su equipo, la expansión de las plantaciones de caña no impactan
sobre el resto de los productos del agro, ya que Brasil posee una gran cantidad
de hectáreas todavía vírgenes que pueden destinarse a la agricultura. El Banco
Mundial considera que es preciso frenar esa tendencia a producir cada vez más
etanol, al menos hasta que no haya una evaluación más clara de cuánto influye en
el aumento de los commodities. Los europeos, sin embargo, creen que no hay
que victimizar al etanol ni a los biocombustibles, ya que no son la fuente del
mal. La Comisión de Agricultura de la UE consideró que la acelerada suba de
las cotizaciones de granos y alimentos en general obedece a un factor
especulativo antes que al empleo de biomasa en la producción energética. Para
Lula, la condena al etanol que surge del procesamiento de la caña de azúcar "es
una canallada" de países que no tienen capacidad para competir con el alcohol
brasileño.