Un cardenal votó por el "Sí".
El gobierno descartó que la Iglesia vaya a mediar en reuniones con los
autonomistas. Considera que se inclinó por una de las partes.
Por Hinde Pomeraniec -
Enviada de Clarín a Santa Cruz
El voto de un cardenal dejó a la Iglesia fuera del proceso de diálogo entre el
gobierno de Evo Morales y los prefectos que van por la autonomía.
Oriundo de Santa Cruz, el presidente de la Comisión Episcopal boliviana, Julio
Terrazas, dio misa en la mañana del domingo y luego partió a emitir su voto por
el "Sí". Para el gobierno, el hecho de que Terrazas haya tomado parte por uno de
los bandos en pugna en esta guerra retórica, política e ideológica, "inhabilita"
a la Iglesia para actuar como facilitadora del diálogo.
"La Iglesia, por voluntad propia, ha dado un paso al costado", sentenció el
ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana. Las puertas que conducen a la
salida de la crisis se van cerrando.
Cerca de Evo Morales, ahora esperan la respuesta de los prefectos a la
convocatoria hecha por el presidente boliviano el domingo, luego del referéndum
que le dio la victoria al "Sí" en este Departamento de Santa Cruz, el más grande
del país, el que concentra más riqueza en algunas familias, pero también el que
más pobres alberga.
Hasta ahora, el único que se mostró dispuesto (al menos para la televisión) es
Manfred Reyes Villa, el gobernante de Cochabamba, donde por ahora sólo están
juntando firmas para la consulta.
En enero, un encuentro para evitar la confrontación fracasó rotundamente, como
antes había quedado en la nada una cita a solas entre Evo y el prefecto de Santa
Cruz, Rubén Costas, frustrado por fundamentalistas de uno y otro sector, según
confirmó una fuente cercana del Movimiento al Socialismo (MAS).
Los padres de la victoria del domingo -también con evidentes fisuras en su
bloque- esperan antes de sentarse a dialogar tener a mano los resultados de las
consultas en Beni y Pando (1º de junio) y sobre todo en Tarija (22 de junio), un
departamento que bajo su tierra oculta el 90% del gas boliviano y que presenta
una composición más heterogénea que Santa Cruz, por lo que se espera que la
pelea allí sea voto a voto.
Mientras el gobierno califica al estatuto cruceño aprobado el domingo de
"racista" y acusa a sus impulsores de querer legitimar el latifundio, su par
tarijeño aparece para el oficialismo como "razonable" y más fácil de adecuar a
la idea que tomó forma en el discutido texto constitucional aprobado por la
Asamblea en Sucre.
En la custodiada sede de la Delegación de la Presidencia en Santa Cruz, el
viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales Sacha Llorenti
confirmó a esta enviada que el estatuto diseñado en Tarija "sería más fácil de
compatibilizar con la idea de autonomía que tiene el gobierno, aunque esto no
significa legitimar el referendum que se hará en ese departamento".
Llorenti asegura que para el gobierno, "el proceso de autonomías es irreversible
y necesario, y por eso figuraba en nuestra plataforma de 2005". Lo que no dice
el viceministro es que hubo un momento en que Evo Morales se corrió de esta
bandera, para dejarla sólo en manos de sus opositores más radicales. Ahora
parece escribirse un nuevo capítulo, con el gobierno contemplando las autonomías
en su Carta Magna, pero no como las pretenden los cruceños.
"Ellos estuvieron por décadas en el gobierno, nosotros llevamos apenas 25 meses
y ahora están apurados por terminar con el centralismo", ironiza Llorenti, quien
contesta con un rotundo "sin lugar a dudas" cuando se le pregunta si cree que
detrás del reclamo autonómico hay un intento de debilitar al gobierno y, acaso,
de terminar con él.
"Al haber perdido el control del gobierno nacional y los privilegios; al no
tener un liderazgo nacional que pueda oponerse al presidente, lo que quieren es
claramente acabar con su mandato", dice. "La pelea es por la tierra y por el
poder: de ninguna manera vamos a pasar del centralismo nacional a pequeños
centralismos departamentales".
En este largo proceso de diálogo trunco, los prefectos opositores se negaron a
tener como facilitadores a la OEA y al Grupo de Países Amigos compuesto por
Argentina, Brasil y Colombia, los dos primeros comprometidos además
energéticamente con este país y el último, mercado de la mayor parte de la soja
boliviana. Querían una "solución entre bolivianos".
Mientras los cruceños siguen esperando un reconocimiento oficial del triunfo que
no llegará, el gobierno arrancó ayer la carrera por el referéndum donde se
votará la nueva Constitución, esa "piedra en el zapato" como la llaman los
dirigentes cruceños. Llega el tiempo de negociar, pero ninguno quiere ser el
primero en sentarse a la mesa. "La solución será a la boliviana", se le escuchó
decir ayer en La Paz al vicepresidente Alvaro García Linera, horas después de la
partida a Nicaragua de Evo, para una cumbre del ALBA. Traducción: lo que viene
será una vez más un parto sufrido, doloroso y desgastante.