Qué será de la vida de la Unión Suramericana de Naciones, la
Unasur, pensada como un gran proyecto de integración regional que va hacia
su tercera cumbre? De la Oppegasur, esa especie de OPEP que se crearía
en este lugar del mundo. O del Banco del Sur, la institución ideada
para financiar proyectos de infraestructura comunes que siempre está por
arrancar y nunca arranca.
Por Alcadio Oña -
Clarín
Las siglas y las mismas preguntas siguen con el Fondo del Sur, remedo local
del FMI; la Comunidad Sudamericana de Naciones propiciada por Lula da Silva;
la Alternativa Bolivariana para las Américas de Hugo Chávez y ahora la apuesta
a tener una OEA propia, sin EE.UU., que alienta el ecuatoriano Rafael Correa.
Siempre costó trabajo retener en la cabeza tantos nombres juntos, más los que
ya existían en la zona: desde la antigua ALADI y la Comunidad Andina de
Naciones a la Corporación Andina de Fomento. Algunas de estas organizaciones
funcionan de verdad. Pero hubo varias que fueron fruto de ideas de cada
momento: a veces con las mejores intenciones; otras, simplemente para
bloquear iniciativas y aspiraciones de liderazgos ajenos.
Así andan, pues, la Unasur, la Oppegasur y el propio Banco del Sur. Todos con
la palabra sur al final, igual que el Mercosur, como si eso fuese garantía
de un proyecto regional común, con impronta geopolítica.
Suele decirse que nunca, en la historia reciente, hubo por aquí tantos
gobiernos democráticos de sello político tan parecido: progresistas, se diría.
Es cierto, sólo que semejante valor no logra tomar forma en los hechos; al
final, lo que cuenta.
Es lo que se ve con el ingreso de Venezuela al Mercosur, anunciado con toda
pompa a mediados de 2006. Desde entonces han pasado casi dos años, sin que ni
siquiera se haya terminado de formalizar el protocolo que la asocia al
bloque: continúa parado en el Parlamento brasileño y hasta se duda sobre
las verdaderas ganas de Chávez de allanarse a las reglas estrictas fijadas en
el Mercado Común del Sur.
Aspiración de Chávez o iniciativa también de circunstancia, fue la
incorporación de Bolivia. Evo Morales pretendía estar en el Mercosur sin dejar
la Comunidad Andina, lo cual en los hechos vulneraba normas del MS. Otro
ensayo que no pasó del discurso regionalista.
Más acá todavía, siguen sin resolverse las asimetrías largamente
planteadas por Uruguay y Paraguay a Brasil y la Argentina. O sea, la exigencia
de compensaciones y la toma de decisiones concretas que equilibren, así no
fuera en parte, la desigual relación que los chicos enfrentan con los grandes
del grupo. En fin, algo más que buena voluntad y promesas.
Ahora se estudia crear un fondo para financiar a las pymes, un Observatorio
Productivo y varios programas para transferencia de tecnologías. Mucha
ambición, bastante grandilocuencia, igual que cuando, el año pasado, se armó
un Grupo de Alto Nivel para elaborar nada menos que un "Plan Estratégico para
la Superación de las Asimetrías".
Con esta desorganización general, incluidas disonancias y disputas de
cartel y de poder, irán los gobernantes latinoamericanos a la Cumbre de Lima,
a mediados de mes. Allí se discutirán, con la Unión Europea, desde cuestiones
comerciales, migratorias e inversiones hasta el impacto del cambio climático.
Todo relevante, salvo que una de las partes, la propia, está claramente
dispersa. Y la otra, la UE, abroquelada detrás de sus intereses y objetivos.
Nada en si mismo para alarmarse.
Aun cuando la posibilidad de articular una alianza transatlántica resulte
atractiva si es equilibrada, lo más probable es que Lima no sea más que un
lugar de encuentro entre líderes europeos y latinoamericanos, una
oportunidad para hablar sobre intereses bilaterales. Ni siquiera está claro si
se podrá dar algún paso en el acuerdo comercial Mercosur-Unión Europea, que
lleva más de diez años atascado.
Mientras tanto, en esta parte del mundo cada cual atiende su juego. Aun con
ciertos cortocircuitos, Petrobras pone plata en Bolivia para asegurarse la
provisión de gas y hace tiempo bombea grandes inversiones rumbo al objetivo de
transformar a Brasil en una potencia petrolera.
Con años sin inversiones fuertes en exploración, la Argentina padece por el
retroceso de la producción de petróleo y gas cuando los precios
internacionales están más altos que nunca. Bolivia tarda en ser el socio
estratégico que se imaginó, pues, como se sabía, tiene mucho gas bajo la
superficie pero poco para mandar hacia acá. Y la asociación con Venezuela se
concentra en contratos de venta de combustibles, extraídos en otros países,
para abastecer las usinas térmicas locales: a precio de mercado, igual que los
bonos de la deuda que capta Chávez.
Caído el monumental gasoducto venezolano, sigue sin avanzar el anillo
energético regional. Como en el comentario del chileno Ricardo Lagos:
"Parecemos esos competidores que se ponen una barra de un metro veinte,
cuando no pueden superar una de 80 centímetros".