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Pintada en una pared de la ciudad de
Santa Cruz, Bolivia |
Bastó que algún líder autonómico hubiese mencionado el
nacimiento de la Segunda República para que se escucharan condenas, denuestos,
insultos pero también ciertas dudas acerca de las verdaderas motivaciones de un
proceso que lleva muchos años y que ha sido calumniado hasta el hartazgo por un
régimen que durante los últimos dos meses no ha hecho otra cosa que utilizar
todas las bondades del poder para defenestrarlo cual si buscar la autonomía
fuese el más grande pecado jamás concebido por ser humano. Lo más grave es que
con motivo de la convocatoria a la consulta se ha profundizado la diferencia
entre collas y cambas por la vertiente del odio y de la intolerancia. Daño éste
irreparable que jamás debió darse y que será el baldón ante la historia del
régimen masista que quedará para lo anecdótico e inverosímil.
Por Mauricio Aira
(*)-
Segunda república no es lo mismo que una república de
segunda, de ninguna manera y para los que no piensan más allá de nuestra Patria
recordemos que en Italia se acaba de proclamar la tercera república en relación
a la visión existente que habla de la segunda república de los años 90 que se
dió una crisis del sistema de partidos entonces imperante y que motivó la
creación de una nueva ley electoral que debía encaminar hacia el bipartidismo,
según nos ilustra la prensa internacional que peyorativamente nombra “la tercera
de Berlusconi” y/o la “eliminación de la izquierda radical” que no figura más
en la formación partidaria del Congreso y donde hoy los democristiano tienen
presencia menos que discreta.
España tuvo también sus repúblicas varias para cuyos líderes la Segunda es cosa
del pasado, carente de vigencia en el mundo de hoy o una que fracasó y
periclitó, si bien varios de sus historiadores cuando se refieren a la Guerra
Civil de 1931 “nadie estuvo luchando por una nueva República, ni la primera ni
la segunda sino por una república a secas”, porque la primera nació el 11 de
febrero de 1873. Lo evidente es que derechas e izquierdas se pusieron de acuerdo
y la República quedaría como tal aun cuando en los hechos al igual que Suecia,
Dinamarca o Noruega debería haber conservado el nombre de Reino que es lo que
son, regidos por un monarca que en la práctica, caso especial de Suecia ha sido
arrinconado a realizar las relaciones públicas conservando las tradiciones y un
viso de respeto y autoridad hacia otros estados
Todavía se efectúan los distingos de una primera
unitaria, una segunda federal y si no descartan una tercera que adoptará o más
bien readaptará la primera constitución poniendo eso sí de relieve, como
deberíamos hacerlo los bolivianos que el surgimiento de las autonomías no supone
el fin de la República nacida el 6 de agosto de 1825 más al contrario la Segunda
podría suponer la reafirmación de la Primera con una nueva constitución que
confirme los valores inconmovibles e inalienables que se han estado repitiendo
en las 17 versiones que ha sufrido en los 182 años de existencia.
Se despertó una sana rebeldía en quienes no
aceptamos que el cambio de Constitución implicaría el fin de una y el
resurgimiento de otra y dentro del concepto tampoco acepta la mala costumbre de
Francia de ir pasando de una república a otra por haberse encumbrado en el poder
un grupo de intereses diferenciados a los anteriores, de ahí la resistencia
moral, firme y constante de oponerse a una “refundación” que ha sido el slogan
publicitario del MAS hasta que se olvidaron del mismo.
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(*) Mauricio Aira: Periodista boliviano
mauricio.aira@comhem.se
www.mauricioaira.com