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Chávez celebra su triunfo
en el balcón del Palacio Miraflores , el 4 de diciembre de 2006 (Foto
EFE) |
Las elecciones venezolanas
del 23 de noviembre para gobernadores y alcaldes dirimirán una
pulseada por el poder entre el presidente Hugo Chávez, cuya
popularidad se encuentra en declive según encuestas, y la oposición
que sufre la inhabilitación de varios de sus dirigentes más
importantes.
Por
Humberto Márquez - IPS
"Si la oposición nos gana gobernaciones y
alcaldías estratégicas como Carabobo, Miranda, Distrito Capital,
Anzoátegui, Táchira, Mérida, Lara y Zulia", ocho de las 10 regiones
más pobladas, "entonces el año próximo habrá guerra en Venezuela,
porque ellos vendrán por mí", proclamó Chávez en varios actos de
campaña.
"Para la oposición es una gran oportunidad de avanzar en la
obtención de espacios políticos, así como para el surgimiento y
consolidación de sus liderazgos y partidos. Pero una mala jugada en
el proceso puede ser desastrosa. Se camina sobre el filo de la
navaja", dijo a IPS Luis León, director de la encuestadora
Datanálisis.
Los datos de la consultora sostienen que la popularidad de Chávez
descendió a 52 por ciento, frente a 70 y 75 por ciento que había
disfrutado en los últimos tres años, en los que triunfó en comicios
con alrededor de 60 por ciento de los votos, señaló León.
Pero el 2 de diciembre de 2007 Chávez perdió la primera de las
consultas populares que ha convocado desde 1998, pues su propuesta
de establecer una Constitución "socialista", que al mismo tiempo le
hubiera permitido ser reelecto indefinidamente, fue rechazada por
una mayoría de entre 49 y 51 por ciento de sufragios para sus dos
bloques de artículos.
Cada vez más personas le asignan responsabilidad directa al
presidente por sus problemas, entre los que se destacan la
inseguridad, con 77 por ciento de menciones por los entrevistados,
el desabastecimiento de alimentos, con 46 por ciento, y el
desempleo, con 44 por ciento, dijo León.
El sondeo de opinión permitía señalar varios temas con un índice de
prioridad, por lo cual los totales de estas respuestas múltiples
superan 100 por ciento.
En este país de 27,5 millones de habitantes, 19.000 personas
murieron el año pasado en asesinatos y enfrentamientos armados.
Durante meses han escaseado alimentos básicos como leche, carne,
pollo, huevos, azúcar, aceite y frijoles.
"El tema del desabastecimiento, que antes no existía, apareció con
15 por ciento de preocupaciones en los últimos meses de 2007 y se ha
posicionado como importante, a pesar de que poco a poco aparecen los
productos que escasean. El impacto de la falta de leche permanece en
la percepción de los entrevistados", dijo León.
Otras encuestadoras privadas, como Consultores 21, Keller y
Asociados e Hinterlaces, han registrado retrocesos importantes en la
aceptación popular de Chávez.
Oscar Schemel, director de Hinterlaces, dijo a IPS que el mandatario
"registraba antes del 2 de diciembre un respaldo cercano a 49 por
ciento, pero ese apoyo retrocedió en los meses siguientes a 40 por
ciento e incluso menos".
"El 2 de diciembre marcó un cambio en la comunicación entre el
presidente y sus seguidores, pero Chávez siempre es un actor
inesperado que puede cambiar tendencias, tiene comunicación con su
gente, que no hay que desestimar, y está desplegando sus estrategias
electorales", declaró a IPS la psicóloga social Maryclen Stelling.
Chávez ha dicho que con sus seguidores se encuentra "desplegado en
batalla" y realiza una campaña centrada en la estatización de
empresas, tomas de tierras, cambios en los programas escolares,
inauguraciones de centros de salud y entrega de recursos y equipos a
comunidades que quiere desarrollar como "comunas socialistas".
También ha impulsado la organización de su Partido Socialista Unido
de Venezuela (PSUV), que recientemente escogió a sus primeros 15
miembros de la mesa directiva. El presidente recurrió a un mecanismo
de cooptación para designar a otros 15 y nombró a un selecto grupo
de sus colaboradores como vicepresidentes para distintas regiones
del país.
El presidente exigió disciplina férrea al PSUV, que comenzó a
expulsar a los dirigentes que públicamente expresaron su deseo de
ser candidatos a gobernaciones o alcaldías.
Las primeras purgas empiezan a afectar a varios gobernadores y
alcaldes, así como a diputados oficialistas, entre ellos Wilmer
Azuaje, quien denunció a hermanos de Chávez por presunto
enriquecimiento súbito y compra de fincas a través de testaferros en
su natal estado de Barinas, en el sudoccidente del país.
Junto con la expulsión de Azuaje y de otros disidentes --atribuida a
la prematura promoción de sus candidaturas a la gobernación de
Barinas o a varias alcaldías--, el presidente removió a su hermano
mayor, Adán Chávez, del cargo de ministro de Educación y lo invistió
como vicepresidente del PSUV, con amplios poderes, en las llanuras
sudoccidentales.
Este clima puede verse favorable para los adversarios de Chávez en
los próximos comicios, pero el camino hacia una victoria opositora
está empedrado de dificultades.
El presidente "va a intentar convertir la nueva elección en otra
especie de plebiscito, según el cual la paz, su gobierno y la
revolución están en juego y no unos cargos regionales y locales",
dijo León.
Chávez sigue ejerciendo el liderazgo de mayor envergadura en
Venezuela, o quizás el único con dimensión nacional. Él mismo dijo,
en reciente dialogo con corresponsales extranjeros, que "uno de los
problemas para la reconciliación en este país es que no existe un
líder de la oposición serio, con quien yo pueda sentarme a
conversar".
La oposición no sólo no ha logrado reunirse en torno a un líder sino
que tampoco posee un programa o propuesta alternativa, según admiten
dirigentes como Leopoldo López, alcalde del municipio Chacao, un
área residencial en la zona oriental de Caracas. Funcionan de manera
reactiva, admitió, rechazando sistemáticamente las ofensivas e
iniciativas del gobierno.
Los opositores tampoco cuentan con partidos políticos fuertes o
cohesionados. Los tradicionales socialdemócratas, socialcristianos o
marxistas de la segunda mitad del siglo XX se han reducido a
expresiones casi testimoniales, y los grupos más recientes, como Un
Nuevo Tiempo y Primero Justicia, cuentan con más soporte local o
regional que nacional.
Entre sus bases persiste la desconfianza respecto de la justicia
electoral --cuatro de los cinco miembros del Consejo Nacional
Electoral son oficialistas--, lo que puede abonar el abstencionismo
propio de casi toda elección no presidencial.
Chávez ya probó un trago amargo de esa medicina, pues fue reelegido
presidente en 2006 con 7,3 millones de sufragios, pero su propuesta
de reforma constitucional en diciembre último apenas cosechó 4,3
millones de votos. El mandatario y los jefes del PSUV
responsabilizan de la derrota a los "chavistas" que se quedaron en
sus casas el día de la votación.
La oposición enfrenta otro desafío. Varios de sus más populares
aspirantes en regiones claves, como López en el área metropolitana
de Caracas y el ex gobernador Enrique Mendoza en el vecino estado de
Miranda, están en una lista de 400 inhabilitados elaborada por el
gobierno, por "irregularidades administrativas".
León cree que la oposición puede ganar un tercio de las
gobernaciones en juego, entre las más pobladas y de economía más
dinámica. "Será un golpe muy duro para el presidente", señaló.
El sociólogo y opositor Carlos Raúl Hernández sostiene que "puede
que la oposición gane mucho más de lo que teme el presidente, sobre
todo si la situación económica, con una inflación anual de 30 por
ciento, sigue deteriorándose. Nadie cree en esa baladronada de una
guerra si la oposición gana".
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