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(IAR Noticias)
04-Mayo-08
El referendo del domingo es sólo un capítulo de una larga batalla entre
"la media luna" y La Paz.
Por Pablo Stefanoni - enviado especial,
Clarín
¿"Vio? Esta es otra Bolivia, acá no vivimos del Estado, trabajamos y
producimos", dice la encargada de un café "tipo argentino" en la avenida
Monseñor Rivero de Santa Cruz de la Sierra. Y el propio gobernador Rubén
Costas levantó polvareda cuando, días atrás, habló del nacimiento de una
"segunda república" a partir del domingo, cuando se apruebe por referéndum
el estatuto autonómico. Aunque sus colaboradores aclararon que esa segunda
república hace referencia a toda Bolivia, la confusión muestra las
susceptibilidades acerca del supuesto secesionismo de esta región del oriente
boliviano, que hoy sólo Santa Cruz produce el 35% del PBI boliviano (todos
los estados de la "media luna" explican 65% del producto nacional) pero hasta
los años 50 era percibida desde La Paz como el oriente salvaje.
Y la historia viene de lejos. Uno de los pioneros de las revueltas contra el
abandono del gobierno central manejado por la "rosca minera" fue Andrés
Ibáñez, quien en 1877 encabezó un levantamiento federalista. Con una
particularidad: era un proyecto inspirado en las nuevas ideas socialistas que
venían de Europa. El gobierno central alarmado por el federalismo envió una
expedición para captu rarlo, y las élites locales, espantadas por el
proyecto de los "igualitarios" -al que comparaban con la Comuna de París- no
lo apoyaron. Ibáñez acabó frente a un pelotón de fusilamiento.
Más tarde, en los años 30 del siglo XX, los debates entre independentistas e
integracionistas volvieron a colocar a Santa Cruz en el banquillo de los
acusados de querer separarse de Bolivia. Hoy, el independentismo es sostenido
solamente por el pequeño grupo Nación Camba, que considera a los cruceños una
nación sin Estado.
"Históricamente se combinaron los reclamos de integración física a Bolivia
(ferrocarriles, carreteras, etc.) y de autogobierno local. Estos últimos se
reavivaron en momentos en que desde el gobierno central se intentó algún tipo
de política redistributiva", explica el historiador Hernán Pruden. Así,
durante la revolución de 1952, fueron activas las huestes de Falange
Socialista, que hoy siguen pintando las paredes como recuerdo de esos "tiempos
gloriosos" con consignas contra Evo Morales.
Actualmente, pese a ser la región más dinámica de Bolivia, el discursos sobre
el abandono del Estado sigue siendo un arma efectiva en la construcción de la
identidad cruceña. "Se construyó el espejismo del occidente boliviano caótico
-desde donde los collas vendrían a avasallar a Santa Cruz- y del oriente
emprendedor, trabajador y productivo", dice la investigadora cruceña Claudia
Peña. El ex presidente Carlos Mesa, que llamó a la dirigencia cruceña, "élite
provinciana", sufrió las primeras medidas de fuerza que continuaron
contra el gobierno de Evo Morales, percibido como líder de una "revancha
étnica".
En el referéndum del 2 de julio de 2006 el SI a la autonomía obtuvo un
respaldo de 72% en Santa Cruz, y resultados similares en los departamentos de
la "media luna" integrada por Tarija, Beni y Pando. El mismo guarismo que,
según las encuestas, obtendría la aprobación de los estatutos de
autonomía en un plebiscito considerado "una encuesta cara" por el gobierno
central. Sólo la falta de fiscales por el NO, porque los movimientos
sociales afines a Evo Morales llaman a la abstención, puede opacar
parcialmente el esperado aluvión autonomista.
"La oligarquía perdió el poder nacional y se refugia en las regiones",
es la explicación del presidente boliviano. Y confirma esa afirmación con el
artículo del estatuto que otorga al futuro gobernador competencia para manejar
la política de titulación de tierras sin posibilidad de revisión por el
gobierno central. Ayer, el presidente del Comité Cívico, Branko Marinkovic,
denunció en la CNN los intentos de "cubanizar Bolivia" luego de los
decretos de nacionalización de empresas petroleras y la principal telefónica
del país firmados el jueves por el presidente boliviano. Y, por si quedaban
dudas, todos repetían la consigna: "Nada ni nadie nos parará", en referencia a
las denuncias de ilegalidad de la consulta lanzadas por el gobierno nacional.
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