Si Sidor no indemniza a los obreros por los perjuicios que les ha ocasionado
en la última década, serán ellos los que acabarán indemnizando a los Rocca
con el desconocimiento de sus derechos.
Por Jorge Altamira - Prensa
Obrera
En las vísperas del 1º de Mayo el aire se
cortaba con un cuchillo en Puerto Ordaz (Ciudad Guayana), en el Estado
Bolívar, ante la inminencia del anuncio de la ruptura de las negociaciones
entre el gobierno de Venezuela y el pulpo Ternium (Techint). Las
divergencias parecen infranqueables entre los tres mil y pico de millones de
dólares que reclamaría la familia Rocca por la cesión del 40 por ciento del
capital accionario de Sidor al Estado venezolano y los ochocientos millones
que estaría dispuesto a reconocer el gobierno de Chávez para obtener la
mayoría del capital de la empresa.
El pulpo reclama un retiro de oro luego de haber procedido a un
vaciamiento patrimonial. Otra evaluación, esta vez de consultores privados,
que cifra el capital de Sidor en dos mil millones de dólares (Tal Cual,
28/4), demuestra que el tema se maneja como una cuestión de fuerza. Las
voces que corren aseguran que el ejército ocuparía las instalaciones de las
plantas antes del jueves para asegurar la continuidad de las operaciones
productivas. Según otras versiones, el gobierno habría puesto fin a
cualquier prolongación del impasse y procedería a expropiar a la
empresa por la vía de los hechos. Se dice incluso que Chávez podría
presentarse en Sidor el mismo 1º de Mayo para ocupar la primera plana de la
jornada y dejar inscripta la nacionalización como un fasto bolivariano.
El impasse de las negociaciones, sin embargo, le ha servido al
gobierno para justificar una vez más la postergación de la firma del
convenio colectivo de trabajo (se levantó una reunión decisiva el martes
29), que tiene un arrastre de varios años, sin que la dirección sindical
ofreciera la menor resistencia. En el campo sindical se han adoptado
disposiciones en las distintas secciones para que comités de trabajadores
aseguren la transición de la gestión.
La disputa en torno a las valuaciones indemnizatorias oculta más de lo
que aclara, debido a que nadie conoce los pasivos ocultos de la empresa,
entre deudas por cargas laborales e incluso impositivas. La cifra que ofrece
el gobierno podría tornarse voluminosa si acepta integrar ese pasivo a la
nueva empresa - e incluso podría incurrir en un patrimonio negativo. Para
los trabajadores, la confusión sobre este punto podría tener consecuencias
muy negativas si el gobierno pretendiera que renunciaran al cobro de sus
derechos laborales con el pretexto de no perjudicar el futuro de la empresa,
parcial o totalmente estatizada.
El litigio debería alcanzar un porte mayor si se investigara una serie de
procedimientos utilizados por el grupo Techint, sea para burlar al fisco o
para reducir el lucro que le corresponde a los trabajadores por su posesión
del 20 por ciento de las acciones de Sidor. El pulpo del acero transfirió
beneficios operativos de Sidor a sus filiales en México y Argentina mediante
el recurso de comprar los abastecimientos por encima del precio
internacional y vender sus productos por debajo de él (precios de
transferencia).
Si se ponen en evidencia estas irregularidades, la empresa podría ser
estatizada sin el pago de ninguna indemnización. A pesar de que esta
práctica de ‘vaciamiento' era conocida oficialmente, el organismo recaudador
de Venezuela (Seniat) había premiado al pulpo por su alta "transparencia".
Sin embargo, el mismo Estado que posee otro 20 por ciento de Sidor, se negó
a rubricar el último balance de la empresa, como expresión de las
irregularidades señaladas, y no se hizo presente en la asamblea ordinaria de
marzo pasado.
Esta descripción pone de manifiesto algo que los turistas revolucionarios
amigos del chavismo prefieren desconocer: la nacionalización no es un
almuerzo gratuito - o la pagarán los capitalistas o la pagarán los obreros;
si Techint no indemniza a los obreros por los perjuicios que les ha
ocasionado en la última década, serán ellos los que acabarán indemnizando a
los Rocca con el desconocimiento de sus derechos. Los obreros de Sidor se
han transformado en los peor pagos de la industria venezolana como
consecuencia de la privatización, y una parte importante de los que están
afectados a la producción revisten en el plantel de las contratistas, con
salarios y condiciones laborales incluso inferiores.
Arbitraje
Cuando se tienen en cuenta todos estos elementos se llega a la conclusión
de que la decisión del gobierno de nacionalizar en forma parcial a Techint
es una tentativa de arbitraje frente a una situación que había llegado a un
punto de explosión. Cuando se incorporó hace ocho años a la empresa, el
Estado bolivariano le condonó al pulpo un conjunto de deudas y le refinanció
otras, así como mantuvo el subsidio en la compra del mineral de hierro a las
empresas del Estado.
Aun en estas condiciones, el pulpo intentó deshacerse de los compromisos
que limitaban su acción, como la resistencia obrera, la obligación del pago
de utilidades a los trabajadores, el pago de impuestos, o la obligación de
atender al mercado interno en momentos de suba exponencial del precio
internacional del acero. El gobierno bolivariano se mantuvo del lado del
pulpo cuando hubo que enfrentar la discusión del convenio colectivo de
trabajo, de modo que no puede reclamar hoy ningún título o derecho por la
derrota de la empresa.
Solamente cuando ésta quedó sin capacidad de respuesta tuvo que
intervenir el Estado con un planteo de renacionalización parcial, cuyo
destino concreto todavía no está decidido y que ha abierto una pugna de
largo alcance, en particular por la intervención de la clase obrera.
Parece evidente que los trabajadores no deberían aceptar ningún
resarcimiento a la empresa por la nacionalización hasta que no se
investiguen las cuentas de la empresa en la última década. Sin embargo, el
Estado los ha dejado afuera de la decisión estatizadora y de las discusiones
sobre sus términos. Tampoco deben asumir ninguna carga para el futuro sino,
por el contrario, recuperar las conquistas perdidas. Una nacionalización
financiada por los obreros, o por medio de una mayor explotación, es
reaccionaria. La investigación de la empresa para atrás y el control obrero
emergen como dos reivindicaciones que le dan un contenido social
revolucionario a la nacionalización, que se convertiría por esta vía en una
forma práctica de expropiación a los expropiadores.
Política
Pero el problema fundamental es eminentemente político. Porque no existe
el ‘socialismo en una empresa', o sea una gestión obrera inmune al medio
social y político en el cual opera. No se trata de ofrecer recetas de
gestión o autogestión, ésta es la única trampa ‘corporativista' en la que no
debe entrar la clase obrera. La nacionalización de Sidor plantea dar pie a
una iniciativa política: o sea convertir a la lucha por el destino de Sidor
en el tema que vincule al conjunto del proletariado de la gran industria, el
petróleo y las minas, y los bancos, con el planteo de una nacionalización
general de la gran industria y los bancos; por el control obrero de la
industria nacionalizada y el fin de la dictadura de la gerencia estatal; por
la convocatoria de un congreso obrero que establezca los objetivos y métodos
de la política de industrialización del país, movilizando a la población
desocupada y, por fin, por un gran congreso obrero que establezca la
independencia política de los sindicatos y la puesta en pie de una verdadera
Unión Nacional de Trabajadores.
La cuestión estratégica por excelencia en Venezuela es la estructuración
política del proletariado, precisamente aquello que el nacionalismo burgués
procura impedir, porque su base de poder es la atomización de la clase
obrera. Que la lucha obrera por el convenio en Sidor haya puesto en cuestión
al poder en la industria, demuestra que la estructuración política de la
clase obrera es una necesidad a la orden del día. La consigna es por un
Congreso Obrero. El desarrollo de este programa planteará la cuestión del
gobierno obrero y campesino y de las masas populares.
La quiebra de las negociaciones entre Chávez y Techint, ya no por la
nacionalización parcial sino incluso por el resarcimiento que reclama el
pulpo, plantea una crisis política en el Mercosur, cuyos gobiernos tutelan a
Techint y a la gran patronal de la siderurgia en general. Plantea, por sobre
todo, un horizonte nuevo al proletariado de la gran industria que se ha
visto afectado por las privatizaciones en la última década y media. La
crisis política internacional y la nueva situación para los trabajadores se
conjugan para propiciar movilizaciones sociales y políticas de gran alcance.
Planteamos tomar a la nacionalización de Sidor y al conflicto que abre con
las grandes patronales y con los trabajadores para movilizarnos por la
renacionalización de la gran industria privatizada, la recuperación de las
conquistas, el pase a convenio de los obreros tercerizados y por el control
obrero.