Por José Steinsleger - La Jornada, México
Apolinar Díaz-Callejas, eminente jurista internacional, calificó de
“tremenda” y “nunca antes vista” la situación del país sudamericano. No es para
menos: 33 legisladores oficialistas tras las rejas, 70 más investigados por la
justicia, y un presidente con “84 por ciento de popularidad” según Mitosfky,
encuestadora gringa que amerita su nombre.
Recordemos a Luis Guillermo Giraldo, ex embajador de Colombia en México,
cuando muy ofendido observó que no era cierto lo afirmado por este articulista
al decir que tres cuartas partes del Congreso de su país estaban integradas por
diputados y senadores vinculados con los cárteles del narcotráfico y
los paramilitares (El Correo Ilustrado, 8/7/06).
Respetuoso de la investidura diplomática como soy, pensé que mis fuentes
habían sido manipuladas por Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la mala
vecindad. Pero luego supe que el 2 de enero de 2005, viajando en su automóvil
por Insurgentes, de sur a norte, don Luis dio una vuelta prohibida a la
izquierda y chocó contra el Metrobús.
El caballero acabó en el hospital y, a causa del accidente, una joven de la
embajada asegura que su jefe quedó mal de la cabeza. “Por todos lados creía ver
colaboradores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)”, me
dijo. En noviembre de 2006, Giraldo fue remplazado por el señor Luis Camilo
Osorio.
Ideólogo de la “seguridad democrática”, Osorio es un firme partidario del
drama uribista: plomo más motosierras, con telón de fondo de miles de campesinos
que lloran a sus familiares masacrados, y cerca de 4 millones de desplazados. El
fiscal general de 2001 a 2005 ha sido acusado de encubrir masacres, ejecuciones
extrajudiciales, e inhumaciones clandestinas de cientos de personas. Pero ya el
colega Carlos Fazio se ocupó del señor embajador en un artículo donde se
detallan sus patrióticos servicios a Colombia (La Jornada, 17/6/07).
En noviembre pasado, la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del
Senado, Rosario Ibarra de Piedra, solicitó al gobierno federal el retiro del
plácet al susodicho embajador por “coordinar las actividades en México de
agentes colombianos encubiertos”.
Y vea usted. El 10 de abril apareció en un periódico capitalino un reportaje
a plana entera, intitulado con grandes letras que decían: “Ubican a dirigente
sindical como el nexo con las FARC”. Naturalmente, las fuentes del estoico
chayotero que firma el brulote provenían de la famosa computadora atómica
de Raúl Reyes, el abatido comandante de las FARC. ¿Quién era el vínculo con el
tal “dirigente sindical”? ¡Acertó! Rosario Ibarra de Piedra…
Indiferente frente a lo que le espera en los tribunales de justicia de su
país, Osorio acaba de enviar al doctor José Narro, rector de la UNAM, una carta
en la que con la insolencia propia de quien ignora las generales de la ley, le
sugiere dirigir su condena a la presencia de estudiantes mexicanos en el
campamento de las FARC, y no al presidente Uribe.
En días pasados, la justicia colombiana ordenó la captura de Mario Uribe
Escobar (primo hermano y socio del narcopresidente), ex titular del
Senado y fundador del partido Colombia Democrática, base de sustentación
parlamentaria del régimen terrorista.
El primo se refugió en la embajada de Costa Rica y pidió asilo diplomático.
Pero el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice) se trasladó al
lugar y, acompañado de mariachis, le cantó: Estás que te vas, y te vas, y te
vas, y no te has ido…
La cancillería del presidente Oscar Arias hizo saber que consideraba
improcedente la solicitud del prófugo. “La histórica institución del asilo no
debe ser desvirtuada”, precisa el comunicado. Simultáneamente, el curul del
mafioso era ocupado por el senador Ricardo Elcure Chacón, cosa que llevó a que
la justicia ordenase la inmediata captura del suplente, y así sucesivamente con
otros criminales del “paramilitarismo democrático”.
Apolinar asegura que la alianza familiar y política del sátrapa “… marcha a
toda velocidad hacia el abismo y el caos de la administración pública por el
poder que con ella tienen los paramilitares, parapolíticos y narcotraficantes” (Argenpress,
23/4/08).
Sus predicciones distan de ser simples deseos. Tal como en Saturno
devorando a sus hijos, el estremecedor óleo de Goya, el bloque legislativo
paramilitar que sostiene al régimen más asesino de la historia colombiana se
resquebraja sin solución de continuidad. Acorralados por la Corte Suprema, sus
integrantes empiezan a destrozarse recíprocamente.
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