Ahora, gracias a esta combinación de crisis interburguesa, crisis en los
aparatos de dominación (Estado, fuerzas armadas, Iglesia), crisis social y
crisis política, Lugo se agrega a la lista cada vez más larga de quienes, por
lo menos al llegar al gobierno, no lo hacen como agentes directos del
imperialismo y de las clases dominantes locales. Por eso “el obispo que no
puede obispar” plantea hoy un grave problema al Vaticano (que tratará de
domarlo), al aparato estatal (formado en la violencia, la corrupción, el robo,
el fraude, los asesinatos de campesinos durante más de 60 años dictatoriales,
que saboteará toda política progresista y defenderá a muerte sus intereses),
pero también al mismo Partido Liberal, que ganó las elecciones en teoría pero
está unido como el ahorcado a su cuerda a los movimientos sociales que luchan
por una reforma agraria y por la organización de los obreros y campesinos
poniendo en riesgo así su propia existencia como partido de burgueses,
terratenientes y profesionistas con ideología neoliberal.
Lugo no tiene mayoría en las cámaras y su minoría está dividida en dos
grandes bloques (el liberal y el movimientista), los cuales a su vez tienen en
su seno todo un abanico de posiciones. Su palanca para desarmar el aparato
estatal heredado es por lo tanto débil y la formación política y organizativa
de su amplia base de masas es apenas incipiente, ya que no tiene ni
suficientes cuadros políticos afirmados en la sociedad ni un partido propio.
Además, tiene que enfrentar la oposición férrea del gobierno brasileño que, al
mismo tiempo que busca defender de la reforma agraria a los grandes intereses
soyeros que se extienden de ambos lados de la frontera, se niega a pagar de
modo equitativo a Paraguay la energía hidroeléctrica de la represa de Itaipú,
que alimenta todo el sur industrial brasileño, y que, si duplicase o
triplicase su precio, como pide justamente Lugo, le crearía a Lula un grave
problema político con los consumidores (sobre todo industriales, pero también
domiciliarios, populares). Por otra parte, una reforma agraria en Paraguay
reforzaría la reforma agraria que Evo Morales quiere y no le dejan hacer en
Santa Cruz, ahí, al lado mismo de Paraguay y, también, los reclamos de reforma
agraria del Movimiento de los Sin Tierra brasileños, aliados de Lula pero
enfrentados con él.
Lugo conoce la magnitud de los problemas económicos y políticos que deberá
enfrentar y que se le presentarán todos juntos antes de asumir el gobierno:
cómo formar y dosificar el gabinete para que represente a todos los que lo
apoyan pero sea eficaz; cómo ir reduciendo el poder del ejército y de la
burocracia estatal (ambos del Partido Colorado); cómo organizar su base
difusa, muy golpeada por la emigración hacia Argentina, donde trabajan la
mayoría de los obreros paraguayos; cómo reforzar su cuña en la Iglesia
católica apoyándose en los pobres contra la jerarquía acostumbrada a negociar
con la dictadura de Stroessner y con sus seguidores. Porque conoce esos
problemas, hace declaraciones contemporizadoras, para ganar tiempo, diciendo,
por ejemplo, que no tocará a los soyeros o que su modelo es Tabaré Vázquez, el
más que moderado presidente uruguayo partidario de cualquier tipo de inversión
extranjera y de un TLC con Estados Unidos, aunque el mismo sabotee el Mercosur.
El obispo está aparentemente dispuesto a ceder terreno en lo internacional
(ocupación estadunidense de parte del territorio, presión brasileña y del
Vaticano, perfil bajo en el Mercosur y frente a la ALBA, por ejemplo), con tal
de ganar tiempo para organizar su apoyo nacional. Porque, como demuestra el
caso boliviano, no tiene otra garantía de estabilidad (por no hablar de
triunfo) que la movilización y organización popular independiente frente a la
Iglesia, el Estado y los partidos burgueses, sean éstos aliados o no. La
suerte del gobierno de Lugo, aún no decidida, y su orientación, dependen
exclusivamente de los campesinos indígenas y de los sectores explotados y
oprimidos en Paraguay, y también en las obras en construcción y en las
fábricas de Argentina donde los paraguayos comienzan a tejer una esperanza.