En Cité Soleil, el barrio marginal más famoso de Haití, se
disparó el consumo de unas galletas que hasta hace poco sólo comían los
desahuciados. Se hacen de barro, un chorrito de aceite y un poquito de
azúcar. En Haití, donde tres cuartas partes de la población vive con menos de
dos dólares al día y uno de cada cuatro chicos sufre de desnutrición,
la crisis de los alimentos está pegando con mayor dureza que en otras partes
—la suba de los precios de productos básicos fue de un 45% desde enero—, pero
la situación se agrava día a día alrededor del mundo.
En Egipto, el gobierno tuvo que poner al Ejército a cocinar pan para
repartirlo gratuitamente. En Burkina Faso hubo violentas protestas
cuando se descubrió que ya no había reservas de trigo. Tailandia, que es el
mayor exportador de arroz del mundo, racionó ese producto en los
supermercados. Indonesia tuvo que armar un nuevo presupuesto con un
adicional de 500 millones de dólares por la inflación en los precios de la
comida. En El Salvador, las raciones que se entregan en los campos de
refugiados fueron reducidas a menos de la mitad. De acuerdo al Programa
Mundial de Alimentos hay en este momento 33 países con peligro de
desestabilización por el aumento de los precios de los alimentos. "Esto es
un tsunami silencioso", dijo Ban Ki Moon, el secretario general de la
ONU.
Las causas de la crisis son múltiples. Comienzan con el cambio climático, el
alto precio del petróleo, la recesión estadounidense, la guerra de Irak, el
aumento de la población mundial, la entrada en el mercado de millones de
chinos e indios y la utilización de oleaginosas para producir biocombustible.
Evo Morales, el presidente boliviano, señaló también como culpable al
"capitalismo salvaje" que no tiene en cuenta la sustentabilidad.
Y como siempre, en las crisis también surgen las escenas más ridículas. Ante
la alarma, buena parte de la población de Estados Unidos, que no sufre ninguna
de las consecuencias de la crisis de los alimentos, se lanzó a comprar
arroz. Dos de las más grandes cadenas de supermercado tuvieron que reducir
la venta a dos kilos de arroz por cliente.