Delegados de 33 países americanos, de agencias internacionales y de
organizaciones no gubernamentales participan desde este lunes en la reunión a
nivel técnico en el Palacio Itamaraty, sede de la cancillería brasileña.
El objetivo de la conferencia es considerar la coyuntura regional, en la
que sobresale la preocupación causada por el encarecimiento de los alimentos.
"Se trata de encontrar un equilibrio entre el combate al hambre, la
seguridad energética y la protección del ambiente", dijo José Antonio Marcondes,
portavoz de la delegación brasileña en la conferencia cuyas instancias de nivel
ministerial serán inauguradas este miércoles por el presidente Luiz Inácio Lula
da Silva.
"Brasil cree en el potencial de los biocombustibles como forma de combatir
la pobreza", dijo el representante brasileño, quien destacó la importancia de la
agricultura familiar en ese sentido.
Brasil es el mayor productor de alimentos de la región y su gobierno
desarrolla numerosos programas de combate a la pobreza.
Al mismo tiempo, el Estado alienta el uso de biodiésel y alcohol como
combustible, lo cual es rechazado por países como Bolivia, Cuba, Nicaragua y
Venezuela, que temen que se destine cada vez áreas mayores para producir
biocombustibles en detrimento de los alimentos.
"Es éticamente inaceptable que se conviertan áreas de producción de
alimentos en productoras de energía", señaló el jefe de la delegación de Cuba,
José Arsenio Quintero.
Sin embargo, Quintero apoyó una sugerencia de Argentina y Brasil: adoptar
un código de conducta regional y voluntario para evitar daños al ambiente o la
reducción de la producción de alimentos.
El debate en Brasilia giró en torno de un informe elaborado por el
brasileño Guilherme Shuetz, funcionario de la oficina regional de la FAO. Shuetz
señaló los riesgos de la producción de biocombustibles, pero sugirió que se los
puede minimizar a través de la tecnología y los compromisos ambientales.
Pero, la afirmación del relator especial de Naciones Unidas para el
derecho a la alimentación, Jean Ziegler, añadió combustible al debate en un
mensaje que envió este lunes desde Berlín a la conferencia.
Ziegler calificó la producción de biocombustibles de crimen contra la
humanidad, pues, advirtió, gran parte de la producción de granos es utilizada
hoy para la producción de biocombustibles.
Los críticos coinciden en que los precios de los alimentos básicos se
elevaron a raíz de la reducción de las cosechas y del uso de granos como el maíz
y la soja para la producción de combustibles.
El Banco Mundial advirtió también sobre la posibilidad de revueltas
violentas en 33 países debido al alza de precios de los alimentos.
Las críticas fueron rechazadas por Carlos Porto, asesor internacional del
Ministerio de Agricultura de Brasil. "Son Estados Unidos y la Unión Europea los
que usan alimentos como el maíz, el trigo y aceites comestibles para fabricar
biocombustibles", afirmó.
La FAO informó que la pobreza extrema y la desnutrición se redujeron en la
mayoría de los países del hemisferio, pero observó que aún existen 81 millones
de personas que viven en condiciones de pobreza extrema o indigencia.
"El hambre persiste en la región incluso cuando hay un excedente de 31 por
ciento en la oferta de calorías, lo que significa que hay alimentos suficientes
para todos los habitantes", señala un estudio de la FAO distribuido a la prensa.
Ayudar a los países a combatir el hambre es la principal misión de la FAO.
La conferencia de esta semana analiza los avances de la región hacia la
consecución de los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el
Milenio acordados por la comunidad internacional en 200, entre ellos reducir la
proporción de la población mundial que sufre hambre para 2015 respecto de 1990.
El director para América Latina y el Caribe de la FAO, José Graziano,
propuso recuperar el papel regulador del Estado en el sector agropecuario como
medio de hacer frente a las crisis que periódicamente impactan en los
productores, en especial los de menos recursos.
La Conferencia de la FAO considerará otros asuntos relacionados con la
seguridad alimentaria, como la cooperación para impedir la propagación
transfronteriza de enfermedades animales y vegetales que afectan a la producción
de alimentos.