Por Alfredo Jalife Rahme - La Jornada (*)
Cuando el texano Simmons habla de hidrocarburos equivale a George Soros en el
mundo financiero: “los ejecutivos de las trasnacionales petroleras hoy pasan por
alto que se encuentran en vías de liquidación (…) No importa cuánto dinero se
dispongan a gastar, pues no pueden enfrentar sus curvas de declinación cuando
sus reservas probadas se han reducido velozmente” (WorldNetDaily,
39/3/08).
Ni más ni menos que nuestra tesis sobre la desprivatización petrolera global
y su dinámica renacionalizadora, que favorece a las empresas estatales que
concentran más de 90 por ciento de las reservas mundiales frente a menos del
exiguo 10 por ciento todavía en manos de las trasnacionales petroleras privadas
(Ver: suplemento especial sobre el petróleo, La Jornada, 18/3/08). No
es cuestión ideológica, sino contundentes cifras estructurales que marcan
nuestro zeitgeist, el “espíritu de los tiempos”.
Pues pese a todas las advertencias, cuando los hidrocarburos se han
manifestado como la principal carta geoestratégica planetaria, al riesgo de
poner en peligro la seguridad nacional, el calderonismo se empecina en regalar
Petróleos Mexicanos (Pemex) a sus aliadas trasnacionales privadas: texanas y
gallegas. Como se da a entender, Calderón resulta el “hombre de Repsol YPF” (por
cierto, pirata trasnacional española, expulsada de Sudamérica y en quiebra
técnica en Argentina), Reyes Heroles Jr. el hombre de las trasnacionales texanas
en el interludio de su aciago paso entre la Secretaría de Energía y su ascenso a
Pemex, el secretario de Comunicaciones Téllez Kuenzler el representante
simultáneo del quebrado Grupo Carlyle y Georgina Kessel, la supuesta secretaria
de Energía (que sabe de petróleo lo que yo de sánscrito), resulta una lastimosa
empleada de los parasitarios consejos Coordinador Empresarial y de Hombres de
“Negocios” de “México”, que preside el bushiano-salinista Claudio X. González.
Entonces, ¿quién representa los intereses del verdadero México?
El calderonismo sufre el “síndrome Banamex/Citigroup”, que forma parte de una
enfermedad incurable de los neoliberales “mexicanos” que padecieron en su
momento De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox, que consiste en entregar la
riqueza nacional a la plutocracia local y foránea.
Tal parece, si nadie lo detiene, que el calderonismo está dispuesto a repetir
la misma fórmula con Pemex, para que sea rematada a las trasnacionales
petroleras privadas en vías de liquidación.
En una entrevista en el programa Squawk Box, de CNBC, Simmons, fiel a su
estilo texano, no se anduvo con rodeos y abundó sobre la “lúgubre realidad” de
la industria petrolera privada. El banquero inversionista texano es un connotado
proponente de la “teoría del pico” del petróleo: después de haber alcanzado su
acmé ha empezado a declinar.
Naturalmente que los afectados, es decir, las otrora gigantes petroleras
anglosajonas (hoy enanas frente a Gazprom, de Rusia, y Aramco, de Arabia
Saudita), persisten en engañar, cual su costumbre recidivista, y no solamente
inflan sus cifras de reservas –que a su vez abultan su cotización bursátil
artificial (los casos de las mendaces Shell y Repsol son flagrantes)–, sino,
peor aún, rechazan la validez de la “teoría del pico” con tal de prolongar su
agonía en los cuidados intensivos.
No faltan cándidos que tildan la “teoría del pico” –a la que Bajo la Lupa se
adhirió sin tapujos en marzo de 1998, después de haber sido convencido por los
sólidos argumentos de Larrehère y Campbell en The Scientific American–
de neomalthusianismo trasnochado, como si los hidrocarburos fuesen infinitos.
Así, John Hofmeister, presidente de operaciones de Shell Oil en Estados
Umidos, con sede en Houston, también apareció en CNBC para alegar que la tesis
de Simmons “había inundado al mundo” y que “sus hipótesis eran muy estrechas”,
ya que no consideraba el petróleo “no convencional”, como el bituminoso (tar
sand) de Alberta, Canadá.
Hacen trampa quienes recurren al petróleo “no convencional” –el bituminoso de
Canadá y el “tesoro” calderonista en las profundidades del golfo de México, para
situarnos en la esfera de influencia del ASPAN que controla Estados Unidos –ya
que el enfoque de la “teoría del pico” es al petróleo netamente convencional,
que se está agotando de la confesión de los propios productores (v. gr.,
el yacimiento Cantarell, campechano con hipoteca gallega. Además, la culpa del
agotamiento (depleción) se debe en gran medida al consumismo depredador
estadunidense, que despilfarra más de la cuarta parte global sin el menor
miramiento a la naturaleza.
Luego de enfatizar que el precio del petróleo era “muy barato”, 100 dólares
el barril, Simmons desmonta la “solución” de los recursos “no convencionales” y
coloca en su justa dimensión la aventura exploratoria de Shell en Alberta, que
después de “varios (sic) años” no ha sido muy exitosa. Al contrario, ha salido
exageradamente costosa, lo que puede orillar a la trasnacional británica a tirar
la toalla. Desmitifica el petróleo a bituminoso canadiense, cuya extracción
equivale a “transformar el oro en plomo”: el bituminoso es de muy baja calidad y
necesita ser optimizado con petróleo de alta calidad para crear el crudo”,
además de requerir “una increíble cantidad de agua potable (¡súper sic!)” y
consumir bastante gas natural como fuente de energía para el proceso. ¿Dónde
quedó la preservación de la armonía biosférica?
Como reza el adagio popular libanés: ¡para prender un cigarro, las
trasnacionales anglosajonas y gallegas incendian el planeta!.