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Imagen de Ingrid Betancourten una prueba de
vida de agosto de 2003 |
Ingrid Betancourt está tan grave, víctima de leishmaniasis y
hepatitis B, que sus captores han tenido que llevarla de urgencia a varios
centros hospitalarios en medio de la selva para arrebatársela a la muerte. El
rumor, que desde hacía dos semanas se regó como pólvora en Colombia y que
nadie confirmaba o desmentía, dejó de serlo por cuenta del Defensor colombiano
del Pueblo, Vólmar Pérez. Aunque el gobierno de Alvaro Uribe desestimó su
denuncia.
Por Augusto Rojas -
enviado especial en Bogotá, Clarín
"La información de que dispone la Defensoría del Pueblo indica que
efectivamente Ingrid acusa un nivel progresivo de deterioro en sus condiciones
físicas, que su salud es realmente lamentable, y que a lo largo del mes de
febrero fue atendida en algunos puestos de salud del departamento del Guaviare",
aseguró Pérez en diálogo con Clarín.
"Hemos podido verificar que en algunos puestos de salud, en jurisdicción de
(los selváticos municipios de) San José y El Retorno, ha sido atendida la
señora Betancourt", agregó el funcionario citando fuentes locales recogidas
por su dependencia: "Esa información provino de autoridades y expresiones
sociales", cuya identidad se reservó para proteger a sus fuentes.
"A través de nuestros equipos hablamos con autoridades, con las comunidades,
con distintas expresiones de la sociedad y sí hemos podido establecer que ella
ha sido atendida en algunos puestos de salud, obviamente no somos un cuerpo de
inteligencia, pero nosotros nos compenetramos en las regiones con las
comunidades y eso hemos podido establecer", añadió.
Conmovido por la información que obtuvo sobre las condiciones de Betancourt
-secuestrada el 23 de febrero de 2002 mientras hacía proselitismo para la
presidencia de su país- el defensor del pueblo urgió a la guerrilla
izquierdista a liberar inmediatamente a la política.
"Alguien que la vio me dijo que sus características físicas no distaban mucho
de esas imágenes que conocemos de los niños (desnutridos) de Somalia. Espero
que su estado no sea tan grave y que esté mejorando pero la situación es
verdaderamente dramática y por eso es urgente que sea liberada, como lo
establece el Derecho Internacional Humanitario", enfatizó.
Sin embargo, el gobierno de Alvaro Uribe desestimó esta situación. "Pusimos en
marcha todos los organismos de inteligencia del Estado, tratamos de entrar en
contacto con las personas que traían estos rumores, pero nada de eso es
cierto. Por tal motivo, no le hemos dado mayor credibilidad a estos rumores",
opinó el alto Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo.
Una imagen de Betancourt, ícono del secuestro en Colombia, triste y enferma,
se vio en la última prueba de supervivencia conocida el pasado 24 de octubre
último. Según seis de sus compañeros de cautiverio, que fueron liberados en
febrero pasado como un gesto de los rebeldes hacia el presidente venezolano
Hugo Chávez, Betancourt es víctima de maltrato y acoso sexual por parte de sus
captores. Y centro de polémica con sus mismos compañeros de cautiverio.
Las FARC buscan presionar el intercambio de unos cuarenta rehenes -entre ellos
Betancourt, militares, policías y tres estadounidenses- por alrededor de 500
rebeldes presos, entre ellos dos jefes rebeldes que fueron extraditados a
Estados Unidos. Uribe se ha dicho dispuesto a pactar el intercambio, pero
rechaza la principal exigencia de las FARC de desmilitarizar dos municipios
del suroeste de Colombia.