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Mariela Castro. |
Mariela Castro Espín cree que la población debería poder viajar al exterior
y tener acceso a los hoteles.
Por Alessandra Coppola - Corriere della Sera
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Es la hija de Raúl Castro y dice tranquilamente:
"La exigencia de un permiso para salir de Cuba tendría que ser abolida", "los
hoteles no estarían reservados solamente a los turistas" o "habría que
garantizar libre acceso a todos los aparatos electrónicos". Admite que esas
fueron "prohibiciones necesarias", pero que en cuanto se dieran las condiciones
podrían dejarse sin efecto.
"¿Diferencias con mi padre? Las he tenido desde niña -se ríe-, sobre todo. Desde
la manera en que se debe poner la mesa hasta sobre los acontecimientos
políticos". Pero no sobre temas de fondo: "Hoy es mi principal aliado", afirma.
Mariela Castro Espín es el rostro vivaz del socialismo cubano. Sobrina de Fidel,
segunda hija del actual presidente. De 45 años, sexóloga y con tres hijos,
defiende los derechos de los homosexuales y los transexuales; dirige el Centro
Nacional de Educación Sexual y escribe trabajos sobre la pubertad.
El motivo de su viaje a Italia es la Feria Internacional del Libro para Niños
que en Bolonia, donde presentará su última obra. Ella misma explica de dónde
procede su interés por ese tema. "En la facultad de pedagogía me dediqué a la
edad preescolar. Mi madre, Vilma [pionera en Cuba en el campo de los derechos de
la mujer, fallecida en 2007], se había dedicado durante mucho tiempo a un
trabajo sobre la educación sexual, y gradualmente empecé a sentir mucho interés
por la cuestión".
"Yo diría que en Cuba hay una homofobia leve, no agresiva", señala Mariela. "No
hay casos de personas muertas o agredidas por ser gay, como ocurre en Europa o
en Estados Unidos. Hubo un período más difícil en las décadas del 60 y 70, época
en la que se daba un rechazo generalizado de la homosexualidad en todo el mundo.
Pero después, a partir del trabajo realizado sobre los derechos de las mujeres,
se llegó a reconocer también la diversidad en la orientación sexual", añade.
Consultada sobre qué piensa su padre de su actividad, y si le da consejos,
responde: "Hace muchos años, en un congreso de mujeres cubanas, mi padre dijo
públicamente que mi madre lo había ayudado mucho a cambiar de mentalidad. Y que
también yo lo había ayudado Siempre me ha dicho que actúe como lo hacía mamá:
con atención, con respeto, con delicadeza. Sin violencia. Y así lo he hecho".
Europa, como el resto del mundo, ha visto que Raúl Castro parece dar señales de
apertura. En su discurso inaugural, el pasado 24 de febrero, el hermano del
líder histórico cubano aludió a la reforma monetaria y a la eliminación de
muchas prohibiciones. Sin embargo, Mariela observa esta realidad con una óptica
diferente: "Los cambios en Cuba empezaron el 1° de enero de 1959, y Europa no lo
advierte. Cuba es un país en revolución, en constante cambio. Las
transformaciones de este período no dependen del cambio de presidente. Fidel
sigue siendo el comandante y todas las decisiones se toman con él", apunta.
Sobre Fidel y Raúl, afirma: "Tienen personalidades diferentes. Fidel pronuncia
discursos extensos, filosóficos. Mi padre es más rápido; los discursos largos lo
irritan. Fidel siempre tiene presente el objetivo final, no pierde nunca la
visión estratégica. Papá la transforma en realidad palpable, en medidas
cotidianas. Son complementarios."
Castro Espín también tiene una visión diferente cuando se le comenta que desde
la enfermedad de Fidel pareció abrirse en la isla un resquicio para la
diversidad de opiniones y las críticas. "Pero ¡nosotros, los cubanos, somos muy
críticos con Cuba! ¡No es verdad que no hay libertad de expresión! Quizás, ahora
más que antes, la gente piensa que la propia opinión merece ser escuchada, y
habla", sostiene.
"También yo considero que son derechos constitucionales poder ir a un hotel,
tener acceso a computadoras y aparatos electrónicos, abolir el «permiso de
salida», resolver el problema de la doble moneda Lo importante es que en Cuba
existe la voluntad política de reconocer los errores y de avanzar sin perder de
vista al ser humano y sus necesidades. El espacio para discutir y proponer
existe; es la base del socialismo. La mayoría de los cubanos quiere que se
mantenga el socialismo, con mejor orientación. Como todos los países, nosotros
debemos encontrar nuestro camino", concluye.
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(*)
Traducción: Mirta Rosenberg -La Nación, Argentina