anto la Secretaría de Energía calderonista, en la fase aciaga de Georgina
Kessel, como el fracasado trío priísta Labastida-Gamboa-Beltrones han expuesto
un caleidoscopio de “asociaciones” que van desde la “estratégica” con las
trasnacionales (paradójicamente en vías de extinción en los próximos 10 años,
dado el auge de las empresas petroleras y gaseras estatales), pasando por la
demencial privatización de los oleoductos (que de hecho hipoteca la circulación
sanguínea de Petróleos Mexicanos, Pemex), hasta la desnacionalización de la
refinación.
El plan del desmantelamiento y/o desnacionalización de Pemex –en realidad una
privatización disfrazada para saquear el “tesoro”– fue generosamente obsequiado
por Georgina Kessel, la “secretaria” de Energía, quien lastimosamente parece una
empleadita de la plutocracia reinante, al parasitario Consejo Coordinador
Empresarial (CCE) y al Consejo Mexicano (sic) de Hombres de Negocios (CMHN) que
preside el bushiano-salinista Claudio X. González.
¿Cuál ha sido el legado virtuoso a la nación mexicana de parte de las
entidades parasitarias neoliberales, el CCE y CMHN, para gozar de tales
canonjías celestiales de “información privilegiada” por encima de otros
sectores, por lo menos más patrióticos?
En diversos actos en los que tuvimos el honor de participar recientemente –en
el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, los dos foros
internacionales de Convergencia Democrática y el PRD en el Congreso, los dos
Comités de Defensa del Petróleo de Zacatecas y Villa Coapa, y el décimosegundo
seminario internacional del PT– pusimos en tela de juicio la ligereza con que
Calderón y la Secretaría de Energía manosean las cifras sobre la valuación del
“tesoro” de las supuestas reservas de petróleo en las aguas profundas del Golfo
de México que oscilan, a su buen entender, entre 30 mil millones y 100 mil
millones de barriles. ¡El extravagante diferencial es de 70 mil millones de
barriles!
No existe la más mínima coordinación entre Calderón y “su” Secretaría de
Energía ni con Pemex, así como de estas dos últimas entre sí, lo que quita
seriedad a sus peregrinas cifras, lo cual exige una doble auditoría, financiera
y física, sobre la cantidad de los verdaderos recursos y reservas que posee el
país antes de “asociarse estratégicamente” a ciegas con las trasnacionales
texanas y/o gallegas. ¿Cómo se puede (con)ceder 50 por ciento del “tesoro” en
las aguas profundas del Golfo de México sin conocer su cuantía y dimensión,
cuando tampoco los ciudadanos conocen el verdadero estado contable de Pemex que
padece una hemorragia financiera interna? Esto lo sabe cualquier empresario
novato. ¿Cómo se puede ceder parte sustancial de los activos futuros de Pemex
sin haber realizado previamente una auditoría que imperativamente tiene que ser
ciudadana, dados los antecedentes cleptomaniacos de sus proponentes
desnacionalizantes?
Proponemos para la auditoría ciudadana a la UNAM y al IPN, a quienes
seguramente no se les escapará que a valor presente de 100 dólares el barril, el
diferencial contable del “tesoro”, entre las cuentas alegres de Calderón y “su”
Secretaría de Energía, representa 7 billones de dólares (trillones en
anglosajón), es decir, ¡más de 10 veces el PIB de México! Así se las gasta la
cleptocracia calderonista.
Peor aún: si en realidad fuesen verdaderos los 100 mil millones de barriles
de reservas en las profundidades del Golfo de México que fanfarronea la
cleptocracia calderonista –siempre a 100 dólares el barril–, pues estaríamos
ante una fortuna colosal de 10 millones de millones de dólares (trillones en
anglosajón), de los cuales las trasnacionales agraciadas se llevarían la mitad
por simple “asociación estratégica”, es decir, 5 billones de dólares.
¿Quién garantiza que las trasnacionales beneficiadas otorgarán limpiamente en
las profundidades de los océanos su participación a la contraparte mexicana? ¿A
cargo de quién estarán el comando y control de las operaciones? Por desgracia,
muchas de las trasnacionales publicitadas, sean texanas o gallegas, no gozan de
antecedentes impolutos. Los tales 5 billones de dólares que se llevarían las
trasnacionales constituyen casi el doble del costo de la guerra bushiana en Irak
y superan el monto total del negocio petrolero mundial, que anda en más de 4
billones de dólares. ¿No es mejor esperar un lapso de dos años para que los
ingenieros mexicanos aprendan la tecnología de exploración y extracción en aguas
profundas con el fin de ahorrarnos el descomunal desembolso, cuando un
yacimiento toma 10 años para entrar en actividad? ¿Cuál es la prisa?
Ya que andamos con cuentos y cuentas de terror de los Garfios y piratas del
duopolio neoliberal del PRI y el PAN, que buscan adueñarse del “tesoro” de los
hidrocarburos en las aguas profundas del Golfo de México, vale la pena recurrir
a una parábola (en su versión corregida), que hemos expresado en nuestras
apariciones públicas y que han sido del agrado ciudadano, para entender los
alcances de la “asociación estratégica” de la cleptocracia calderonista que en
realidad epitomiza al delamadridismo arcaico y fracasado de hace un cuarto de
siglo con sus excrecencias salinista, zedillista y foxiana.
Sucede que el dueño de un edificio pierde la única llave que posee para el
acceso a su propiedad y recurre a un cerrajero para que le fabrique una llave de
repuesto. En forma insólita, éste pide como pago la mitad del inmueble. En esta
parábola, el edificio es Pemex, el dueño representa a la nación mexicana, la
llave simboliza la tecnología, y el cerrajero encarna a la trasnacional texana
y/o gallega. Ahora, en su versión corregida, esta parábola de acento
cleptomaniaco sobre la “asociación estratégica” para la exploración y extracción
del crudo en aguas profundas es peor en su desenlace: ni siquiera es el dueño
quien extravía la llave, sino los administradores del edificio (es decir, el
trío entreguista priísta Beltrones-Labastida-Gamboa, el cuarteto panista
Elizondo-Camarillo-Creel-Bueno Torio y la pareja gubernamental Calderón-Mouriño)
quienes se ponen de acuerdo con el cerrajero para repartirse el inmueble a
espaldas de su propietario.
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