De allí la pregunta inevitable de ¿por qué en cuestión de minutos se pasó del
impasse al entendimiento?.
"Lo que cambió fue el tono del presidente Chávez", según la interpretación que
compartió con BBC Mundo la especialista en relaciones internacionales Maruja
Tarre.
Tras el pugilato verbal entre Correa y Uribe, con intervenciones del
nicaragüense Daniel Ortega, fue notable el tono mesurado usado por el presidente
Chávez.
"Todo el mundo, probablemente, esperaba acusaciones violentas, insultos y
resulta que Chávez llegó como un hombre de Estado (...) con grandes chistes, sus
anécdotas. Fue el Chávez encantador de serpientes", dijo Tarre.
Chávez marcó una pauta muy distinta a la que había venido trazando a lo largo de
la semana, desde que ordenó una movilización militar en la frontera con Colombia
y que finalmente siguieron Ecuador y Nicaragua, "estados clientes de Venezuela",
en consideración de la especialista.
Otros otorgan la mayor responsabilidad a la firmeza -y paciencia- demostrada por
Uribe, quien, en un escenario abiertamente hostil, expuso su caso sin herir el
orgullo de sus colegas, lo que facilitó al final el reencuentro.
Venezuela vs. Colombia
Para muchos, el choque fundamental de este episodio lo protagonizaban Caracas y
Bogotá, pese a que el incidente que lo originó fue la incursión militar
colombiana en territorio ecuatoriano.
No es casual que la foto que resume el éxito pacificador de la cumbre sea la del
apretón de manos de Uribe y Chávez en presencia del anfitrión, el presidente
dominicano, Leonel Fernández.
Tensión... y luego abrazos.
Correa quedó fuera de ese cuadro, en parte, porque aceptó con renuencia la mano
que le extendía el presidente Uribe, quien lo fue a buscar a su asiento.
Y en parte porque Chávez fue más receptivo con el colombiano, a quien encontró
en el medio de la mesa del encuentro.
A muchos tampoco les pareció casual que la reacción venezolana a aquella
violación de soberanía fuera inicialmente más intensa que la del propio país
agraviado.
Ahora, con este arreglo, el presidente Uribe logra desmontar la presión militar
que Venezuela había estado amasando en la frontera y logra reabrir la vía para
que siga fluyendo el comercio binacional.
Aunque no parece que haya logrado compromiso alguno por parte de los gobiernos
que hasta horas atrás acusaba de "amigos del terrorismo" para que moderen ese
supuesto apoyo a la guerrilla colombiana.
Como revés, Uribe ve ratificada la condena continental que ya obtuvo en la
Organización de Estados Americanos (OEA), donde se le cuestionó la violación del
territorio ecuatoriano y la pretensión de adoptar la política de "ataques
defensivos" al estilo israelí como doctrina militar para la región.
Y allí es donde gana Ecuador, que continúa recibiendo gestos de solidaridad del
resto del hemisferio por la agresión sufrida.
Retiro honorable
Del lado venezolano, con el descenso de su presión militar, el presidente Chávez
corta una creciente fuente de descontento popular entre quienes temían que la
profundización de la crisis terminará en un choque armado.
En Venezuela, el ambiente parecía como el de la final victoriosa de un partido
de fútbol.
Las encuestas venezolanas señalaban que la aplastante mayoría de la población
rechazaba la estrategia y el discurso "guerrerista", aunque oficialmente desde
Caracas siempre se habló de maniobra defensiva.
Aunque muchos aseguraban que la movilización militar era un "show mediático" la
creciente efervescencia retórica del mandatario venezolano hacia difícil
imaginarse cómo podría desmontarla.
Chávez también gana el compromiso de Uribe de retirar la amenaza de denunciarlo
ante la Corte Penal Internacional por supuesto "apoyo y financiamiento al
terrorismo".
La verdad es que no habría sido fácil para el mandatario colombiano presentar un
caso tan delicado, que habría sido el primero contra un jefe de Estado en
ejercicio por parte de un colega.
Diplomacia caribeña
Nicaragua obtuvo un beneficio en un asunto no relacionado, como el retiro de los
buques de guerra colombianos basados en la isla de San Andrés.
Ambos países tienen una disputa por las áreas marinas de la zona y esperan una
fallo al respecto de la Corte Internacional de Justicia de la Haya.
Las encuestas venezolanas señalaban que la población rechazaba el discurso
guerrerista.
A cambio, Ortega reanudó relaciones con Bogotá, apenas 24 horas después de
haberlas cortado en solidaridad con Ecuador.
Al anfitrión de la cumbre, Leonel Fernández, los medios de comunicación empiezan
a llamarlo "el conciliador", porque sus gestiones habrían logrado darle la
vuelta a la situación.
En círculos diplomáticos entienden que este éxito circunstancial de la
"diplomacia caribeña" no pone fin, por sí mismo, al problema.
Al fin y al cabo, todos los involucrados se hicieron acusaciones muy graves.
Incluso durísimos insultos personales, hasta minutos antes del abrazo dominicano
que vieron en vivo y directo miles de personas en toda la región andina y en
buena parte del continente.
Entre ellos, la encargada de una tienda en un centro comercial caraqueño que con
molestia y en voz alta, casi gritando sobre la algarabía de los aplausos de los
más entusiastas, decía: "Vamos a ver cuánto dura".
Cuando le pregunto el porqué de su escepticismo, contesta: "porque todo va a
depender de lo que se le ocurra decir algún día a Chávez y lo que le responda
Uribe. Es que son igualitos".