El Grupo de Río, un mecanismo de consulta y concertación política creado por las
ocho democracias que tenía la región hace dos décadas, vivió su mejor día en 20
años al posibilitar primero un desgarrador debate entre los mandatarios
enfrentados y, luego, su decisión de desmontar el conflicto y retomar las
relaciones y la búsqueda de acuerdos.
Fue un triunfo personal para el presidente dominicano Leonel Fernández,
anfitrión de la vigésima cumbre del Grupo y quien captó, en medio del debate,
las señales enviadas por los participantes en las que dijeron preferir el
acuerdo a la confrontación.
Paradójicamente, fue uno de los mayores críticos de este sistema de cumbres, el
presidente venezolano Hugo Chávez, quien abrió la puerta al acuerdo mientras
cruzaban acusaciones sus homólogos de Colombia, Álvaro Uribe, de una parte, y de
Ecuador, Rafael Correa, y Nicaragua, Daniel Ortega, en el extremo opuesto.
"Es tiempo de reflexiones y acciones, estamos a tiempo de detener una vorágine
de la cual pudiéramos arrepentirnos y no sólo nosotros sino nuestros pueblos,
hijos y comunidades, no sabemos durante cuánto tiempo", dijo el mandatario
venezolano.
"Paremos esto. Pongamos cabeza fría, como gente racional, porque si seguimos,
sigue calentándose esto", dijo Chávez, y el hábil Fernández partió de allí para
pedir los abrazos.
Uribe se levantó, fue al encuentro de un reticente Correa que aceptó el apretón
de manos, y luego adonde le aguardaba Chávez y, finalmente, hasta Ortega. Luego
los mandatarios concernidos abrazaron al anfitrión y a las dos presidentas en el
grupo, Cristina Fernández, de Argentina, y Michelle Bachelet, de Chile.
El conflicto estalló después de que el 1 de marzo aviones y tropas colombianas
atacaron, en el extremo norte de Ecuador, un campamento de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) y dieron muerte a más de 20 guerrilleros,
entre ellos "Raúl Reyes", miembro de la cúpula de esa guerrilla que lleva 44
años alzada en armas.
Ecuador rompió relaciones con Colombia, envió refuerzos militares a la frontera
y exigió disculpas y un compromiso de que no se repetiría la violación de su
territorio. Venezuela, por su parte, cerró la embajada en Bogotá y movilizó
tropas y tanques hacia la zona limítrofe colombiana.
El torneo de acusaciones escaló cuando Colombia dijo haber encontrado, en el
disco duro de una computadora de Reyes, documentos y evidencias de presuntos
vínculos y apoyos entre las FARC y los gobiernos de Ecuador y Venezuela.
Uribe llegó a anunciar que demandaría a Chávez ante la Corte Penal Internacional
por dar apoyo financiero y logístico a la guerrilla colombiana.
A mediados de semana se reunió el Consejo Permanente de la Organización de los
Estados Americanos (OEA), que estableció la violación de la soberanía
ecuatoriana y de leyes de ese país por parte de Colombia, pero no la condenó,
formó una comisión encargada de levantar un informe y convocó a los cancilleres
del hemisferio para el 17 de marzo.
En ese marco, Nicaragua no sólo apoyó a Ecuador, sino que extendió sus críticas
a Colombia por alegados incumplimientos de normas sobre uso de espacios
marítimos pendientes de delimitación ante la Corte Internacional de Justicia, en
La Haya, y el presidente Daniel Ortega ordenó el jueves romper relaciones
diplomáticas con Bogotá.
Así las cosas, la Cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo, cuyo eje temático
era la crisis energética y ambiental en el Gran Caribe, no podía ser más que el
escenario obligado donde los contendientes discutieran cara a cara sus verdades.
Correa exigió unas disculpas claras y sin condicionamientos por parte de
Colombia y se declaró partidario de la paz y en absoluto amigo o aliado de las
FARC, pues "ese conflicto nos cuesta mantener 11.000 hombres cuidando la
frontera, más de 100 millones de dólares y riesgo para las vidas y bienes de los
ecuatorianos".
Uribe se explayó en relatar las luchas de su gobierno contra los irregulares de
izquierda y de extrema derecha, subrayó que las FARC son terroristas porque no
combaten una dictadura sino un gobierno democrático y, como hizo a través de los
micrófonos días antes, pidió "perdón" a Ecuador por la incursión del 1 de marzo
sin previo aviso a Quito.
El discurso de Chávez fue menos militante que el practicado en los días previos
y se abstuvo de cargar de epítetos a Uribe, a quien ha llamado en otras
ocasiones desde "mafioso", "paramilitar" y "criminal", hasta "peón del imperio"
(Estados Unidos).
"Sáquense de la cabeza de que éste es un plan del imperio. Mi elección y mi
actuación es la rebelión de un pueblo contra la violencia", insistió Uribe.
Correa desestimó el planteamiento de Uribe de que podría ir a un tribunal
internacional, pues "estas manos no están manchadas de sangre", y pidió crear
"una fuerza internacional para que controle la frontera que Colombia no sabe o
no puede controlar con sus políticas militaristas".
En medio de las acusaciones cruzadas, la presidenta argentina Cristina Fernández
llamó a "no combatir la ilegalidad con más ilegalidad", a sostener los
principios del derecho internacional y a evitar que en la región se cuele la
dinámica de la unilateralidad, y deploró el estilo vehemente de varios de sus
homólogos, quienes celebraron su frase "hoy las mujeres hemos sido más
racionales que algunos hombres".
Todos, finalmente, cedieron al pedido de Leonel Fernández de dar un paso
adelante hacia la superación del conflicto y mostrarlo a sus pueblos con un
abrazo.
"Acepto, soy un hombre sin egos y asumo mis responsabilidades", dijo Uribe.
"Con el compromiso de no agredir nunca más a un país hermano y el pedido de
perdón, podemos dar por superado este gravísimo incidente", dijo Correa.
Uribe se puso de pie para iniciar la ronda de abrazos, y la reunión entonces se
deshizo en aplausos. Los micrófonos registraron el intercambio de palabras entre
Uribe y Ortega, llamándose a mantener sus unidades navales y buques de pesca al
este u oeste, respectivamente, del meridiano 82 observado como límite mientras
se espera la decisión judicial de La Haya.
Al regresar a sus asientos, Ortega anunció que dejaba sin efecto la ruptura de
relaciones con Colombia y Uribe anunció que desistirá de acusar a Chávez ante la
Corte Penal Internacional.
Bajo el auspicio de este logro, Fernández traspasó la secretaría temporaria del
Grupo de Río al presidente mexicano, Felipe Calderón, quien hizo un llamado a la
unidad latinoamericana y apeló a criterios de modernidad al trabajar por
objetivos comunes.
El gran ausente de la cita en Santo Domingo fue el presidente brasileño Luiz
Inácio Lula da Silva, representado por su canciller Celso Amorim.