Chávez dispuso el apresto militar el 2 de marzo
--y lo hizo en su programa dominical de televisión--, un día después
que fuerzas colombianas atacaron en el norte ecuatoriano un
campamento de la guerrilla y dieron muerte a por lo menos 20
rebeldes, entre ellos "Raúl Reyes", uno de los jefes de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.
Esa manera de subir la apuesta o de "agregar incandescencia" a la
situación, según dijo el presidente peruano Alan García, fue también
un modo de Chávez de plantear con fuerza que, puesto que está
involucrado en la deriva regional del largo conflicto colombiano,
debe contarse obligatoriamente con él para cualquier solución.
El mandatario pasaría la factura por el protagonismo cobrado con su
exitosa intervención ante las FARC para que liberasen a políticos
colombianos por años cautivos como rehenes.
Pero, sobre todo, los refuerzos militares en la frontera --pese al
desdén de Bogotá, que al menos públicamente se abstuvo de replicar
con una medida similar-- proveen una percepción de conflicto en
ciernes, que impulsa los llamados de Chávez a conformar un grupo de
países "tipo Contadora", que busque soluciones al conflicto
colombiano.
Contadora fue creado por democracias de la región para buscar la paz
en América Central dos décadas atrás, y la idea ha interesado a
gobiernos como los de Brasil y Francia. Pero, debido a la dura
confrontación política y diplomática que mantiene con Chávez, el
presidente colombiano Álvaro Uribe rechaza de plano que Venezuela
pueda participar.
El analista y escritor colombiano Plinio Apuleyo Mendoza dijo que
"el síndrome Galtieri" explicaría "el último desvarío de Hugo
Chávez, al amenazar a Colombia por un problema que no le concierne",
pues "busca ocultar los agudos problemas que tiene dentro de casa,
creados por su incompetencia y sus extravagancias histriónicas".
En abril de 1982 Argentina, entonces bajo una dictadura presidida
por el general Leopoldo Galtieri, ocupó las islas Malvinas, colonia
británica en el Atlántico sur que Buenos Aires reivindicaba
secularmente.
Desde políticos hasta historiadores coinciden en que se trató de una
jugada, fallida pues Gran Bretaña recuperó el archipiélago a sangre
y fuego, para tratar de superar la crisis interna del régimen
militar, con un extenso prontuario en materia de derechos humanos.
La derrota en la Guerra de las Malvinas pulverizó el poder de los
militares argentinos, aceleró el regreso de la democracia y la
irradió a otros países del Cono Sur americano.
Chávez sufrió en diciembre su primer revés en 12 consultas
electorales desde 1998: un referendo le negó la posibilidad de
postularse a reelección más allá de 2012, y la oposición que intentó
sacarlo del poder en 2002 y 2003 registra señales de que se recupera
y puede ganar importantes plazas en los comicios regionales
previstos para noviembre.
El país, pese a ingresos petroleros récord, acusa escasez de
alimentos esenciales, la inflación supera el 20 por ciento anual,
menudean protestas callejeras por temas como auge de la criminalidad
o falta de viviendas, y Chávez pierde popularidad porque cada vez
más la población le atribuye responsabilidad en la falta de
soluciones, dijeron a IPS encuestadores como Alfredo Keller y Oscar
Schémel.
Políticos de oposición, como Julio Borges, líder del partido de
centroderecha Primero Justicia, e Ismael García, del
centroizquierdista Podemos, que hasta 2007 apoyó a Chávez,
coincidieron al decir a IPS que la movilización militar frente a
Colombia busca tapar "el fracaso y la ineficiencia del gobierno"
para atender las demandas sociales.
Otro factor que pesa en la movida de Chávez es la acentuada
personalización de sus ejecutorias políticas. "Señor ministro de la
Defensa, muévame 10 batallones a la frontera", fue la frase con la
que impartió la orden al general Gustavo Rangel.
Al desestimar el anuncio del colombiano Uribe, de que lo acusará
ante la Corte Penal Internacional por dar apoyo financiero y
logístico a grupos terroristas (por sus presuntos vínculos con las
FARC), Chávez lo desafió, personalmente, "a que vayamos los dos ante
la Corte a ver quién sale condenado por apoyar al terrorismo y al
genocidio".
Son conocidos los insultos que profiere a sus adversarios, como
llamar "diablo" o "alcohólico" al presidente estadounidense George
W. Bush, y a Uribe "mentiroso, mafioso, criminal, narcotraficante y
peón del imperio (Estados Unidos)".
Las relaciones entre Chávez y Uribe tuvieron altos y bajos desde
2002, hasta que en noviembre el mandatario colombiano retiró
abruptamente al venezolano su condición de mediador para un canje
humanitario de guerrilleros por rehenes en la guerra colombiana.
Pese a eso, desde el 10 de enero Chávez consiguió que la guerrilla
liberara a seis rehenes.
Chávez "se disgustó mucho con la muerte de Raúl Reyes al percibirla
como una estocada a las estrategias de esa guerrilla, pero también
porque se produjo justo cuando coronaba una victoria política y
comunicacional sobre Uribe al recibir a rehenes liberados por las
FARC", dijo a IPS Carlos Romero, director del posgrado en Estudios
Internacionales de la Universidad Central de Venezuela.
Otro aspecto, trabajado más que ningún otro por el recientemente
fallecido politólogo Alberto Garrido, es que Colombia es clave para
el proyecto latinoamericano de Chávez, de extender por la región la
"revolución bolivariana" que lidera y construir un "polo de poder"
sudamericano contrapuesto al de América del Norte.
Las FARC serían "una pieza importante en la confrontación o guerra
asimétrica que Chávez percibe como inevitable entre las fuerzas del
imperio y las de la revolución continental bolivariana", dijo
Garrido en uno de sus diálogos con IPS.
Chávez ha insistido en que no respalda a las FARC y suscribe la
tesis de que debe negociarse una solución política al conflicto
armado en Colombia, "ya que no es posible derrotar militarmente a la
guerrilla y ésta tampoco puede vencer al gobierno".
El grupo de medios RCN de Colombia divulgó la versión, que atribuyó
a fuentes militares no identificadas, de que Chávez despachó
refuerzos a la frontera para proteger al líder máximo de las FARC,
Pedro Antonio Marín alias "Manuel Marulanda" o "Tirofijo", quien,
muy enfermo, se ocultaría en el occidente de Venezuela.
El gobierno colombiano apenas dejó saber que otro jefe de las FARC,
"Iván Márquez", tendría un campamento en el noroeste de Venezuela.
La posibilidad de responder rápidamente a un ataque de Bogotá sobre
ese emplazamiento también habría decidido a Chávez a enviar los
refuerzos.
Cualesquiera sean las razones para el refuerzo bélico de la
frontera, el carácter público de la orden no sería, como dicen
algunos, un error elemental de un líder militar (Chávez fue teniente
coronel) sino parte de la jugada misma, para reforzar la sensación
de escalada en la confrontación.
El general Raúl Baduel, ex colaborador de Chávez y ex ministro de
Defensa, criticó el "show mediático", con el anuncio público de la
movilización, y otros militares retirados afirmaron que las unidades
no están preparadas para entrar en combate de inmediato.
Como fuere, Chávez agregó una carta a su baraja, pues ahora puede
incluir el retiro o desmovilización de esas unidades como parte de
algún acuerdo de distensión en la zona andina. Posiblemente por eso
también, en contrapartida, Bogotá decidió mantener la decisión de
acusar a Chávez ante la Corte Penal, pese a los consejos del Comité
Asesor de Relaciones Exteriores que integran ex presidentes y ex
cancilleres colombianos.
La Organización de los Estados Americanos, que trató el tema esta
semana, no aludió a Venezuela en su búsqueda de fórmulas para
superar lo que trató como un conflicto entre Ecuador y Colombia.
Pero el presidente ecuatoriano Rafael Correa cree, como Chávez, que
éste no es un problema bilateral sino regional.
En una entrevista con IPS en México, el ideólogo alemán Heinz
Dieterich, en el pasado inspirador de Chávez con su teoría del
"socialismo del siglo XXI", reconoció que el mandatario venezolano
saca provecho de la crisis, pero vaticinó que, de esa manera, se
puede contribuir a encontrar vías para acabar con el prolongado
conflicto colombiano.