Apenas habían pasado seis horas del acuerdo de paz entre Ecuador y Colombia,
cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, volvió a poner tensión: sucedió
mientras hablaba junto a su par ecuatoriano, Rafael Correa, de visita en el
Palacio de Miraflores. Frente a los periodistas amenazó con nacionalizar las
empresas colombianas en su país y la preocupación volvió a aparecer.. No es
para menos: Chávez prometió que "caerá con seguridad" el intercambio comercial
con Bogotá
"Vamos a hacer el mapa, señores ministros, de las empresas colombianas que están
aquí en Venezuela, pudiéramos nacionalizar alguna, recuperarla, no estamos
interesados en inversiones colombianas aquí", fueron las palabras de Chávez.
Además recomendó no comprar alimentos en Colombia, ya que "podrían mandarnos
algún virus o cualquier cosa de guerra biológica".
Bogotá es el principal socio comercial no petrolero de Venezuela. Caracas le
compra casi 3.000 millones de dólares anuales, en gran parte alimentos, y le
vende por US$ 1.800 millones .
La noticia cayó como una piedra en un día de lluvia tropical imparable en la
frontera de Venezuela con Colombia. La región -a la que ayer llegó en un
Hercules un contingente con 500 soldados- todavía no se recupera del anuncio de
movilización de batallones hecho el domingo por Hugo Chávez y como consecuencia
de la violación del territorio ecuatoriano por parte del gobierno de
Colombia para matar a Raúl Reyes, el segundo hombre de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) y del cierre de la frontera, que no
permite que ingresen alimentos.
A pesar de que los noticieros de la tevé pública venezolana aseguran que los
camiones entran con normalidad, Clarín comprobó que el tráfico está
interrumpido y sólo dejan entrar alimentos que se puedan echar a perder.
Con todo esto, el anuncio de una posible nacionalización no trajo más que
protestas en ésta, una de las fronteras más dinámicas de América latina y con un
grado fuerte de integración entre colombianos y venezolanos. Tanto es así que
ayer, cuando eran las once de la mañana, un grupo de personas de los dos
países se reunieron, a pesar de la lluvia, para pedir la paz. "La frontera
exige paz y trabajo", decía el cartel en la cabecera de la marcha. Atrás se
agitaban las banderas colombianas y venezolanas. Según estimaciones de las
cámaras empresariales son cinco millones de dólares por día que se están
perdiendo por el cruce cerrado en San Antonio del Táchira que limita con la
ciudad colombiana Villa del Rosario, del estado Norte de Santander.
El comercio binacional ronda los $ 5.000 millones al año con un saldo favorable
para Colombia, que compra a su vecino químicos, hierro y plásticos,
principalmente. Por su parte, Caracas importa vehículos para el transporte de
personas, bovinos, carne bovina, bombones, caramelos, confites y medicamentos.
Johny Jiménez tiene 38 años, es colombiano y su mujer y sus cuatro hijos son
venezolanos, como su empresa. "Es un error llamar a nacionalizar y enfrentar
a países que somos hermanos. Porque Colombia y Venezuela son hijos del mismo
padre. No nos pueden enfrentar entre hermanos; quien lo haga está loco",
decía en la marcha.
A esa misma hora desde Bogotá mostraba también su preocupación el ministro de
Hacienda de Colombia, Oscar Iván Zuluaga: dijo que si eventualmente ocurre la
nacionalización, espera que a los empresarios colombianos se les indemnice
debidamente y, por las dudas, si no lo hicieran, les aconsejó que cuanto antes
aseguren sus inversiones en Venezuela.
El funcionario explicó que en el peor de los casos -cero exportaciones a
Venezuela y el fracaso en el programa de conseguir otros mercados para los
productos que se dejen de vender a ese país- se perderían cerca de cien mil
empleos y la economía colombiana dejaría de crecer en 1.3 punto porcentual..