Ayer el teléfono de José Rosso comenzó a sonar cuando en Venezuela eran las 4
de la mañana. El empresario es el presidente de la Cámara de Comercio Industria
y Producción del Estado del Táchira y está todavía sorprendido por el despertar
del llamado de una cadena de TV europea. Unas horas después, el celular seguía
sonando con llamadas desde todas partes del mundo, Rosso estaba en una reunión
de colombianos y venezolanos que analizaban los pasos a seguir frente al
desabastecimiento por el cierre de fronteras.
"Caracas y Bogotá deciden la guerra, pero los tiros no llegan hasta ahí. Serán
acá, en esta tierra, que vive integrada. Ellos son los terroristas de la
integración. A nosotros se nos está aplicando un racionamiento de guerra.
Nuestro problema no es porque no podemos cargar gasolina. Esto es mucho más
grave", dijo tras anunciar que hoy habrá una jornada de protesta.
Los problemas más graves ayer se veían en San Antonio del Táchira, en el paso
fronterizo más grande de la región. En total se calculaba que había 1.200
camiones parados. Del lado colombiano tuvieron que tirar 500 toneladas de
azúcar que iba a ser procesada en Venezuela, donde falta en los supermercados. Y
para pasar desde la ciudad venezolana de San Antonio al estado colombiano de
Santander del Norte se necesitaban 4 horas y atravesar cuatro controles
militares. Las tropas venezolanas que habían llegado a la zona ayer aquí no se
veían. Pero una fuente militar confirmó que ya estaba en sus puestos el 85% de
los 9.000 soldados enviados el domingo por Hugo Chávez.
Además estaba el miedo a lo que podía suceder en cualquier momento. "Yo trabajo
del otro lado, pero pueden cerrar la frontera y qué hago. Llegaré corriendo a
pasarla antes de que la cierren", se preguntaba angustiada Ana Lía, una chica de
19 años que estaba a punto de pasar.
"Se nos está aplicando una estrategia de lucha de guerrilla. Nadie nos informa
nada. Nos cortan la luz. No tenemos leche ni harina de maíz para las arepas ni
papel higiénico. Nadie explica nada", decía un hombre que no quería dar a
conocer su nombre. El temor no es raro de encontrar entre los venezolanos en la
frontera. La imagen de San Antonio es de una ciudad paralizada. Cientos
de autos están por horas detenidos y abiertos sobre la avenida Venezuela, la
principal de la ciudad, esperando avanzar hacia Colombia. En el último control
se los hace desviar y entrar al cuartel militar. Ahí se les quita la gasolina.
¿Pero cuánta?, preguntó Clarín.
"Eso depende. La regla las ponen ellos. Esto es el Far West. La Guardia Nacional
te quita el combustible para que no se venda en Colombia. Te dejan apenas
para que vayas y vuelvas, pero no te dan ni un recibo ni te devuelven el dinero.
Ellos se lo quedan. ¿A dónde va después? Nosotros lo hemos comprado. Yo no he
escuchado decir al presidente Chávez 'atropellen al pueblo'. Sí que refuercen la
frontera para protegernos. Pero no es protegernos quitarnos la gasolina y el
derecho a trabajar", se quejaba Juan Suárez, un transportista.
La falta de combustible ayer dejó sin transporte público a 300.000 personas
en San Antonio y posiblemente la huelga hoy se extienda al resto del estado. "Es
un paro forzado", explicaba el jefe del gremio del transporte público, Celestino
Moreno. El racionamiento de combustible se aplica desde hace dos años en este
país que es uno de los principales productores de petróleo del mundo. Pero desde
febrero se aplican más controles en este estado. "El argumento es que no se
venda gasoil y gasolina a Colombia. Pero nosotros no somos quienes
contrabandeamos", explicaba Moreno. Hasta donde estaban reunidos los
transportistas había llegado el Capitán Abache de la Guardia Nacional, quedó que
trasmitiría el mensaje a Caracas.
Otra respuesta también esperaban los comerciantes. Un grupo de ellos habían ido
a hablar al paso fronterizo. "Esperaremos -explicaba uno de ellos parado junto a
Rosso- y si no hay respuesta llamaremos a la desobediencia civil". El
teléfono volvía a sonar. Era de la cadena BBC desde Londres: querían saber cómo
estaba la situación en esta frontera militarizada y desabastecida.