La declaración de "terrorista" está a la orden del
día desde el 11 de septiembre de 2001 en todo el mundo. Gobiernos,
organizaciones internacionales y medios de comunicación la anteponen
a nombres de personas y grupos de índole diversa, aunque no se haya
probado en juicio que lo son.
La policía colombiana afirmó que documentos incautados a las FARC
mostrarían de manera "patética, fehaciente, indiscutible" relaciones
políticas directas de los gobiernos de Venezuela y Ecuador con las
FARC, a las que Bogotá califica de "terroristas".
Según el director de la Policía Nacional, Óscar Naranjo, Ecuador se
suma a Venezuela en sostener contactos de nivel presidencial y de
gabinete con la insurgencia. Los presidentes de ambos países han
dicho este año que no limitan "con Colombia, sino con las FARC",
debido al supuesto control territorial que ésta ejerce en zonas
fronterizas.
Esa guerrilla campesina, surgida en 1964 sobre las brasas del
armisticio incompleto de la guerra conocida como La Violencia,
figura en los listados de organizaciones terroristas de Estados
Unidos y la Unión Europea.
Los países latinoamericanos han evadido en la Organización de los
Estados Americanos (OEA) tachar de terroristas a las FARC, a pesar
de los intentos de los dos últimos gobiernos colombianos.
Ante la aguda crisis suscitada por la muerte el sábado del portavoz
internacional de las FARC, "Raúl Reyes", tras un ataque militar
colombiano en territorio ecuatoriano que, según Quito, penetró 10
kilómetros frontera adentro, el único mandatario sudamericano que se
refirió al "terrorismo" de las FARC fue Alan García, de Perú.
Igual que sus pares latinoamericanos que se pronunciaron, García
consideró inaceptable el ingreso de fuerzas militares colombianas a
Ecuador. Pero el peruano anunció que buscaría acciones específicas
interamericanas contra el "terrorismo", y se preguntó si no "hay una
internacional terrorista en América".
Ecuador rompió relaciones con Colombia y envió tropas a reforzar su
frontera. Venezuela expulsó al embajador colombiano y ordenó cerrar
su sede diplomática en Bogotá, despachando también fuerzas militares
a las líneas fronterizas.
La OEA será el escenario donde inicialmente se diriman las
posiciones este martes, cuando, a instancias del presidente
ecuatoriano Rafael Correa, se reúna en Washington el Consejo
Permanente de esa organización hemisférica.
El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, dijo que la
reunión buscará "orientaciones que permitan alcanzar una solución
pacífica a esta crisis, para así abordar los problemas de fondo que
la han provocado".
En enero, alguien vio lo que nadie veía en estos tiempos de "guerra
contra el terrorismo". En Colombia lo publicó solamente el
quincenario especializado Ámbito Jurídico en su edición del 18 de
febrero.
El 23 de enero, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa
cuestionó la confección de "listas negras" de organizaciones o
individuos terroristas, porque no respetan el debido proceso.
Ese órgano, en el que están representados los 47 parlamentos
nacionales de los países que integran el Consejo de Europa, instó al
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y a la Unión Europea a
revaluar el procedimiento que utilizan para confeccionar los
listados de terroristas.
La resolución consigna que la herramienta, aunque es útil para la
lucha contra el terrorismo, prejuzga. No existe un procedimiento
para demostrar previamente en juicio el carácter de terrorista de
quienes entran a esas listas. Los involucrados no tienen un
mecanismo para defenderse ni para ser retirados, afirma la
resolución.
El Consejo de Europa, fundado en 1949, es un organismo paneuropeo
dedicado a promover los derechos humanos y la democracia.
Los "problemas de fondo" a los que se refirió Insulza el lunes
comienzan por un espinoso asunto, el meollo de todo: la guerra
colombiana de decenios, cuya existencia el gobierno actual no
reconoce. Para éste, las FARC son simplemente "una amenaza
terrorista".
Últimamente, también pretende no reconocer que exista el
secretariado de las FARC, cúpula ejecutiva de siete miembros de la
que hacía parte Reyes, como sostuvo el sábado el principal asesor
del presidente Álvaro Uribe, José Obdulio Gaviria.
Ante la crisis que involucra a Colombia, Ecuador y Venezuela, los
mandatarios de Brasil, Argentina, Chile y México han dicho que están
dispuestos a ayudar. Sigue rodando la propuesta de crear un grupo de
países que acompañe una negociación de paz seria, aunque Uribe se
niega a que Venezuela lo integre.
Insulza recordó que subsiste la crisis humanitaria generada por el
secuestro prolongado de un grupo de personas a manos de las FARC, y
que es preciso retomar pronto las gestiones que permitan su
libertad.
El problema, tanto para la paz como para la liberación de los
rehenes, es que no se negocia con "terroristas".
Precisamente por el pulso militar y político en torno al acuerdo
humanitario, mediante el cual las FARC esperan liberar a 500
guerrilleros presos, entró en escena Chávez a mediados de agosto,
designado por el propio Uribe como mediador.
Cuando el colombiano cortó sus gestiones el 21 de noviembre, Chávez
había avanzado más que nadie en los más de 10 años que lleva el
drama de los rehenes. El 10 de enero, las FARC liberaron
unilateralmente a dos políticas rehenes, por gestión del mandatario
venezolano.
Justo al día siguiente, en su discurso sobre el estado de la nación
ante la Asamblea Nacional legislativa, Chávez reconoció a las
guerrillas colombianas FARC y ELN (Ejército de Liberación Nacional,
segunda insurgencia colombiana) como ejércitos jerarquizados
estables con control territorial.
El 17 de ese mes, Venezuela dio el primer paso para dar vida
jurídica al reconocimiento de beligerancia de las FARC y el ELN,
cuando la Asamblea Nacional aprobó un acuerdo para respaldar la
propuesta de Chávez.
Es suficiente con que un solo gobierno extranjero reconozca ese
estatus a una fuerza insurgente para que ésta pueda hacer presencia
pública en ese país, tener vínculos diplomáticos con el mismo y
quedar amparada por las Naciones Unidas para, por ejemplo,
desplazarse para solicitar el mismo reconocimiento a otras naciones.
Sus integrantes pueden obtener un pasaporte diplomático oficial,
otorgado por el país extranjero que da el reconocimiento.
Según las normas de las Naciones Unidas, esa declaratoria no es
vinculante sino enunciante, y se adhieren a ella los países que
quieran. La aprobación del Poder Legislativo de un país del estatus
de fuerza beligerante de una insurgencia precede al paso definitivo,
cuando la cancillería informa, mediante nota diplomática a las demás
naciones, sobre esa decisión autónoma.
Ese tercer paso no ha sido dado por Venezuela, quizá ante la
reacción negativa de muchos gobiernos a la propuesta, incluyendo la
Unión Europea. O quizá porque Chávez espera lograr más avances
humanitarios de la guerrilla colombiana.
La beligerancia se asienta en un trípode: ejército jerarquizado,
control territorial y cumplimiento del derecho internacional
humanitario (DIH), parte del derecho de gentes, la antiquísima
reglamentación de la guerra.
El canje entre combatientes es tan viejo como la guerra. El problema
es que desde 2000 las FARC comenzaron a tomar rehenes, es decir
civiles, un acto prohibido expresamente por el DIH, y los incluyó en
el grupo cuya libertad depende del canje.
De ese grupo, las FARC liberaron el 27 de febrero a otros cuatro
políticos rehenes, también por gestión de Chávez.
Como una de sus fuentes de financiación, las FARC y el ELN recurren
también al secuestro extorsivo de personas a las que consideran
pudientes, bajo el expediente de que éstas le pagan al Estado
impuestos de guerra.
Chávez dice que el ofrecimiento de reconocer a las guerrillas como
beligerantes es un "incentivo" para que éstas se acerquen
paulatinamente al cumplimiento del DIH, comenzando por abandonar el
secuestro como arma de guerra.
El reconocimiento paulatino, al ritmo de avances parciales, pero
reales, es una de las posiciones políticas en torno al tema.
La otra es: "Cuando las FARC dejen de actuar como terroristas
entonces pueden solicitar que les quiten ese título", como dijo en
Bogotá un legislador estadounidense del opositor Partido Demócrata
el 17 de enero.
En todo caso, "Ecuador aún no ha estudiado la opción de declarar
beligerantes a las FARC", dijo Gustavo Larrea, ministro coordinador
de Seguridad Interna y Externa de ese país.