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Chávez y Uribe: retórica encendida. |
El riesgo de movilizar tropas.
Por
Oscar R. Cardoso Clarín
En febrero de 1995 -cuando América latina debía estar sumergida en la
ola "pos histórica" signada por la paz, la democracia y la modernización
económica- Perú y Ecuador se sumieron en una guerra no declarada que
duró 33 días hasta que la acción diplomática del resto de la región consiguió
detener a las partes. ¿El motivo? Uno de los más clásicamente "históricos":
reclamos contrapuestos de soberanía sobre un pequeño territorio fronterizo de
77 kilómetros aludido como Cordillera del Cóndor.
Aquel imprevisto bélico puso en crisis el discurso sobre las bondades de la
redemocratización de América latina y probó que los conflictos convencionales
siguen teniendo un enorme potencial. Aquel salto al vacío de peruanos y
ecuatorianos se inició con declaraciones antagónicas altisonantes y
movilización de tropas que constituyen una jugada que tiene inercia propia.
Se sabe cómo se ponen en marcha pero no adónde pueden llevar.
Ambos componentes están ahora presentes en el litigio tripartito que enfrenta
al gobierno colombiano de Álvaro Uribe con los de sus vecinos Ecuador y
Venezuela, gobernados por Rafael Correa y Hugo Chávez respectivamente.
Los pronósticos menos optimistas descreen que una acción armada sea una
posibilidad real basados en la interdependencia económica. Venezuela es el
segundo mercado de exportación para Colombia y sus ventas crecieron 87% en
2007 aun en los tiempos en que Uribe y Chávez optaron por comenzar a
confrontar en voz alta. Más aun el principal socio comercial colombiano, EE.UU.,
está en retroceso en materia de compras.
Para Venezuela, las importaciones de alimentos desde Colombia son importantes
en momentos de problemas de abastecimiento interno y hasta la explotación de
recursos gasíferos venezolanos depende del paso del combustible por territorio
colombiano. Pero sería imprudente creer que esta realidad anula toda
posibilidad de escalada.
En el centro del problema hay una clara violación de la soberanía
ecuatoriana por Colombia para consumar el operativo en el que se aniquiló
a 17 miembros de las FARC incluyendo a su segunda jerarquía, Raúl Reyes. Este
era, además, un personaje clave en la negociación que permitió la liberación
de dos grupos de rehenes. Aunque una guerra no esté a la vuelta de la esquina
este dato debiera ser preocupante para las diplomacias latinoamericanas. Del
mismo modo que tendrán que examinar la idea de que el Este ecuatoriano y el
Oeste venezolano puedan estar sirviendo de santuario a los insurgentes
colombianos.
La retórica encendida de Chávez y de Uribe es otro de los elementos sensitivos
y la región podría hacer su mejor esfuerzo para limitarla. Un tercer dato es
preservar esta escalada de la influencia extrarregional; si EE.UU. la ve como
una oportunidad para hostigar a Chávez y a Correa le haría un flaco favor al
mantenimiento de la cordura en una hora por demás compleja.
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