La convocatoria a un referéndum para ratificar en las urnas la nueva
Constitución, aprobada por el oficialismo en diciembre de 2006 y rechazada por
la oposición atrincherada en Santa Cruz, sumergió otra vez a Bolivia en un
escenario de crispación e incertidumbre.
"Que el pueblo defina el futuro del país", convocó ayer un Evo Morales
cubierto de guirnaldas de flores y papel picado ante centenares de cocaleros,
mineros, estudiantes de El Alto e indígenas que desde hace días cercaban el
Congreso para apurar la aprobación de la nueva Constitución que, según el
Gobierno, refundará el país. "En Bolivia todos somos originarios, pero hay
originarios milenarios, que son muchos y siempre pobres, y originarios
contemporáneos, que son pocos pero ricos. No queremos expulsar a nadie,
solo queremos igualdad, pero algunas familias de terratenientes no quieren
perder sus privilegios", inició el presidente boliviano su campaña por el
Sí a la reforma.
Sin perder tiempo, Santa Cruz le declaró la guerra a la consulta, llamó
a la resistencia civil y ratificó su propio plebiscito para validar los
estatutos de autonomía. Y referendos similares fueron anunciados por el resto
de la denominada "media luna" conformada además por Tarija, Beni y Pando. "Si
es necesario vamos a tener que ir a Santa Cruz a reprimirlos", amenazó el
dirigente minero Andrés Villka en presencia de Morales.
En un clima violento el Congreso aprobó el referéndum constitucional y una
consulta paralela para acabar con los latifundios en la que los bolivianos
deberán decidir si el máximo de los predios agrarios será de 5.000 o 10.000
hectáreas. Además estableció que es ilegal que los gobernadores
convoquen a referendos autonomistas sin aprobación congresal. Y, en un
abierto desafío a Santa Cruz, los parlamentarios fijaron la fecha de los
plebiscitos para el mismo día en que votarán los cruceños: el 4 de mayo. La
ofensiva así, fue en toda la línea.
Para sortear los escollos de la oposición, el Movimiento al Socialismo en el
poder apeló a una estrategia usada con éxito en otras ocasiones: cercar el
Congreso con sindicatos urbanos y rurales, que se impusieron a fuerza de
detonaciones de dinamita. Para conseguir quórum, el oficialismo convocó a
los suplentes de dos senadores de oposición que suelen votar junto a la
izquierda, sin la autorización de los titulares. Pero la derecha salió en masa
a denunciar que nunca existió quórum y que fueron convocados a una falsa
reunión "de concertación" con el vicepresidente Álvaro García Linera, a una
cuadra del Congreso, para despistarlos y garantizar el éxito de la maniobra
oficialista. La imagen de la diputada opositora Ninoska Lazarte, tratando
de ingresar al Parlamento en medio de empujones, tirones de pelo y mojaduras
con agua recorrió ayer todos los medios de comunicación.
"Traidora, vendida", le gritaba un grupo de mujeres indígenas ante una policía
que casi no intervino. Su colega del Movimiento Nacionalista Revolucionario,
Marisol Abán, intentó sin éxito abandonar las sesiones, ante escupitajos,
empujones y gritos que la emplazaban "a trabajar".
El miércoles, el líder campesino Isaac Avalos había dado un ultimátum de 24
horas al Parlamento para aprobar los referendos. Y el último intento de
diálogo entre oficialistas y opositores, encabezado por García Linera, entró
en la vía muerta de intentos anteriores ante la intransigencia de ambas
partes para conciliar la nueva Constitución -de ideología nacionalista e
indigenista- y las apetencias de los gobiernos autonomistas del oriente
boliviano de controlar la titulación de tierras, cobrar impuestos y
cogestionar con el Estado nacional el gas y el petróleo. "El diálogo ya es
imposible, porque cada bando cree que puede ganarle al otro", resumió a
Clarín un dirigente del Movimiento Sin Miedo del alcalde de La Paz Juan
del Granado, un aliado del gobierno cada vez más distante.
La derecha trató de compensar en los medios su impotencia ante la aplanadora
oficialista en el Congreso. "Es un golpe de Estado", declaró el ex
presidente Jorge "Tuto" Quiroga, al tiempo que se preguntó: "Qué diferencia
existe entre bloquear un Parlamento con tanques o hacerlo con dinamita y
machetes". Por su parte, el presidente del Senado y empresario cruceño Oscar
Ortiz, recorrió las embajadas para pe dirle a la comunidad internacional
"revisar las relaciones con Bolivia" y el senador Tito Hoz de Vila alertó: "Es
una puñalada a la democracia, cuidado que se esté desatando la guerra".