No se trata, sin embargo, de que aguardaran una serie de medidas
liberalizadoras en lo económico y en lo político. Nadie con sentido común
puede haber creído en esta posibilidad, sino de la ausencia de indicios claros
sobre un nuevo rumbo para los asuntos cubanos, la insistencia de la Asamblea
de seguir privilegiando a la envejecida generación de los inicios de la
Revolución y sobre todo de un discurso de Raúl sugiriendo que la hora de pasar
la antorcha a los más jóvenes aún no ha llegado.
La elección de José Ramón Machado Ventura (76 años) como primer vicepresidente
y la reelección al frente de la Asamblea de Ricardo Alarcón (70) fueron dos
de los signos de continuidad, así como el hecho de que hombres como Carlos
Lage (56) y Felipe Pérez Roque, que han formado parte del equipo interino de
Raúl durante el último año y medio, no ganaran promociones en el esquema de
poder es otro de los indicios del quietismo inicial del nuevo gobierno. No
hubo sorpresa alguna entre los 31 cargos principales.
Por lo demás, Raúl habló de seguir consultando las decisiones principales con
Fidel, quien, además, conservará la titularidad del Partido Comunista, que en
la lógica institucional de la Revolución conserva el carácter de auténtico
órgano supremo del Estado. Quien haya esperado otra cosa pecó de ingenuidad,
por decirlo de modo piadoso. Pero es de esperar que no se sienta tan
decepcionado como para seguir lo que seguirá ahora: un proceso que, aunque se
insinúa lento, tendrá en alguna medida el signo del cambio. Los
desafíos inmediatos que enfrenta Raúl son formidables y ayudan a explicar el
ritmo de las cosas. Debe probar que puede ser un hombre capaz de llevar sus
ideas -no ya sólo la de Fidel a la práctica- sin perder el manto de cobertura
del carisma de líder.
Precisará asegurarse que la actual paz social que existe en la isla puede
continuar y, a un mismo tiempo, satisfacer expectativas de la población para
generar una legitimidad propia. Lo económico es central en esto y conviene
estar atento a la evolución de la moneda cubana -hoy sin valor real-, que es
una herramienta clave para mejorar el ingreso de los cubanos. La experiencia
del colapso del bloque socialista en los 80 y 90 enseña que la incapacidad de
estar a la medida de las demandas de la población fue la razón para el
fracaso de muchos de los regímenes de transición.
En cuanto al acercamiento hacia EE.UU., parece difícil en tiempos cercanos, al
menos antes de que se defina la sucesión de George W. Bush. Con más de un
millón y medio de estentóreos cubanos, las elecciones en EE.UU. no son el
mejor tiempo para debatir cambios en la política hacia la isla.
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