"Todos
nosotros somos hijos de Fidel, los revolucionarios de este continente",
aseguró Chávez, para quien "la revolución cubana no depende de una persona, de
una coyuntura ni de una circunstancia".
En cambio, el presidente George W. Bush vio la decisión de Castro como el inicio
de un periodo que "podría ser el comienzo de la transición democrática para
el pueblo en Cuba" y "conducir a elecciones libres y justas".
Varios mandatarios subrayaron al liderazgo histórico de Castro para la
izquierda latinoamericana, y su peso en la historia.
"Fidel es el único mito vivo en la historia de la humanidad. Tomó esta
iniciativa y creo que eso debe ser bueno para Cuba", dijo el brasileño Luiz
Inácio Lula da Silva.
El presidente boliviano Evo Morales lo calificó de "líder histórico que hará
mucha falta a los movimientos sociales que luchan por las transformaciones
profundas".
En Nicaragua, el canciller Samuel Santos dijo que Castro "ha sido un gigante".
En Moscú, el líder del Partido Comunista ruso, Guennadi Ziuganov, dijo que
Castro renunció como un "político genial", "valiente" y en nombre de "los
intereses de su país y su pueblo".
La comunidad internacional se mostró dividida entre quienes avizoran una
transición democrática en la isla y quienes pronostican la continuidad del
régimen comunista.
China saludó al "dirigente revolucionario" y "viejo amigo del pueblo chino",
al tiempo que Vietnam, otro fiel aliado comunista de Cuba en Asia, expresó su
convicción de que "sea cual sea su posición (...) seguirá consagrando su
inteligencia y su fuerza a la causa revolucionaria cubana".
En la región, otros gobiernos como los de Guatemala, Panamá, El Salvador y
México se mostraron cautos y aspiraron a que los cambios se den en base a
la voluntad del pueblo cubano.
También Argentina abogó por "una transición pacífica", que "respete las
decisiones del pueblo, mientras para Chile con la renuncia de Castro "ha
culminado una etapa".
"Sería un error pretender acelerar o empujar cambios", estimó el
secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, que aspiró a "que ocurran de
manera tranquila y como producto de las decisiones internas del pueblo cubano"
para permitir el reintegro de la isla al organismo del que está suspendida desde
1962 por violar los principios democráticos.
La Unión Europea (UE) reiteró su oferta de un diálogo político con Cuba
para un proceso pacífico de transición a una democracia pluralista. España, Gran
Bretaña, Francia y Suecia saludaron la oportunidad para avanzar hacia reformas,
mientras Italia distinguió el "gesto noble, importante y esperado" de Castro.
No obstante, varias personalidades aseguraron que su renuncia no desatará
cambios significativos. En declaraciones a la AFP, el ex presidente polaco y
premio Nobel de la Paz Lech Walesa ironizó: "Si Castro continúa transmitiendo
el poder a este ritmo, lo pasará dentro de 200 años".
El también Nobel de la Paz y presidente de Costa Rica, Oscar Arias, descartó "un
cambio sustancial (...) hasta la muerte de Fidel Castro".
Por su parte, el Vaticano mantuvo un diplomático silencio a falta de horas para
la visita a la isla de su número dos, el cardenal Tarcisio Bertone.
La organización defensora de los derechos humanos Amnistía Internacional pidió a
la "nueva dirigencia cubana" introducir reformas "que deben empezar con la
liberación incondicional de todos los prisioneros de conciencia".
En Miami, banderas cubanas, pancartas pidiendo "Cuba Libre", café,
habanos y brindis con ron encendieron los festejos de los exiliados, que desde
muy temprano celebraron el anuncio entre bocinazos y debates callejeros sobre el
futuro de la isla.
Los precandidatos a la Casa Blanca, conscientes de lo sensible del tema en plena
campaña, se abstuvieron de delinear posibles cambios en la política
estadounidense hacia la isla, aunque exigieron el inicio de una transición
democrática.
"Estados Unidos puede y debe ayudar a acelerar el despertar de la libertad en
Cuba", afirmó el favorito republicano, John McCain, que recibió el apoyo de
los principales dirigentes del exilio cubano en el estado clave de Florida.
También la demócrata Hillary Clinton coincidió en que su país debe jugar "un
papel constructivo" en la transición cubana. Su rival en la liza partidaria,
Barak Obama, fue el único en referirse al embargo económico y comercial que
Washington aplica a la isla desde 1962, al decir que "un cambio significativo"
permitiría "normalizar las relaciones".
En España, los disidentes cubanos tuvieron reacciones encontradas: mientras para
la Federación Española de Asociaciones Cubanas (que agrupa a la mayoría de las
asociaciones cubanas de disidentes en España) se trata de una "buena
noticia", el portal Cubaencuentro estimó que la renuncia "no quiere decir
absolutamente que abandone todo el poder".