Una de dos: o bien las todavía poderosas trasnacionales petroleras de Estados
Unidos pretenden dar su última batalla al estilo colonial del siglo XIX –cuando
los países norafricanos fueron embargados literalmente– propinándole una severa
lección a Venezuela por haber osado nacionalizar sus hidrocarburos en junio
pasado (“ExxonMobil declara la guerra a Venezuela”; ver Bajo la Lupa, 10/2/08),
con el fin de disuadir y/o doblegar a las demás empresas estatales de la OPEP
(más fácil) y a Rusia (más difícil); o bien la poderosa petrolera texana, a
sabiendas de la lógica reacción inducida del nada dúctil presidente venezolano
Hugo Chávez –quien amenazó cortar el suministro a Estados Unidos como medida
defensiva frente al embargo precautorio a los bienes foráneos de PDVSA y llevar
el “oro negro” a 200 dólares el barril–, se sincroniza y acopla con las apuestas
especulativas de los hedge funds (fondos de cobertura de riesgo) de la
banca anglosajona, que intenta elevar artificialmente, en esta fase, el precio
del crudo de aquí al final de la aciaga gestión de Baby Bush, para
luego desplomarlo a su antojo, en una siguiente fase (quizá a principios de
2009), con el fin de arrodillar a los productores estatales globales, tan
dependientes de sus ingresos.
Tanto al alza como a la baja de las cotizaciones bursátiles, las corredurías
que manejan los ominosos hedge funds en el mercado petrolero
–conocedoras de las tendencias financieras que inducen artificialmente con sus
cuantiosos capitales “apalancados”– ganan cuantiosas fortunas con las que
pretenden llenar los faltantes de sus previas especulaciones fallidas en el
sector inmobiliario en plena debacle y que ha llevado a la insolvencia a la
banca israelí-anglosajona.
Se calcula que en el mercado petrolero, que rebasa los 4.2 billones de
dólares al año, los hedge funds juegan independientemente con más de 2
billones de dólares, es decir, casi 50 por ciento del total, susceptibles de
alterar dramáticamente el precio del crudo, como elaboramos en nuestro libro
Los cinco precios del petróleo (Editorial Cadmo & Europa, Buenos Aires,
2006).
Es evidente que con la mitad de los dados y dedos cargados en el “mercado
(sic)” petrolero, los hedge funds se han convertido en el arma
financiera (“visible” para los contados conocedores, e “invisible” para la
mayoría de la población mundial deliberadamente desinformada) más peligrosa y
diabólica jamás conocida por la humanidad (y por la OPEP y Rusia).
Así que no hay que desestimar el profundo daño que todavía puede ocasionar la
dupla anglosajona que domina, además, el “mercado” duopólico donde se cotiza el
crudo: la Bolsa de Intercambio Mercantil de Nueva York (NYMEX, por sus siglas en
inglés) y la londinense Bolsa de Intercambio Internacional de Petróleo (IPE, por
sus siglas también en inglés), ambas controladas, para colmo de la circularidad,
por las trasnacionales energéticas y bancarias de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Una de nuestras tesis nodales es que el binomio energético-bancario
anglosajón no solamente es bidireccional, sino que, también, (con)forma un
círculo de retroalimentación que predominó en la fase de auge de la
globalización financiera, hoy en caída libre (lo que explica muchos de sus actos
militares y piratas desesperados).
Entre los accionistas mayoritarios de ExxonMobil, la primera trasnacional de
Estados Unidos, se encuentran los bancos anglosajones y las más poderosas
mutualistas e inversoras multimillonarias del planeta: Barclays Global Investors,
JP Morgan-Chase (propiedad también de los Rockefeller), Goldman Sachs, Mellon
Financial, Lord Abbett, State Street Global Advisors (la mayor inversionista
institucional del mundo), The Vanguard Group, Fidelity Management and Research,
Northern Trust, la megamutualista Alliance Bernstein, Wellington Management Co.,
Capital Group, BlackRock, Columbia Management Advisers (del desfalleciente Bank
of America), etcétera. ¡Qué bárbaro! Se trata de la crema y nata del desalmado
capitalismo anglosajón, concentrada en ExxonMobil, que ha declarado las guerras
económica y desinformativa a Venezuela.
Para los mendaces multimedia anglosajones valió más los titulares la reacción
de Chávez que la acción que la indujo: el embargo precautorio de ExxonMobil a
PDVSA, que fue ocultado en Estados Unidos con la notable excepción de Stratfor,
centro de propaganda texano-israelí, que desecha despectivamente la “amenaza
hueca” del corte de suministro a Estados Unidos, que perjudicaría más a Caracas
que a Washington y que “llegaría incluso a socavar el poder” de Chávez
(11.2.08): “alrededor de 90 por ciento de los 2 millones de barriles al día de
las exportaciones de Venezuela a Estados Unidos”, una buena parte de la cual
está constituida por la variedad pesada, que necesita ser procesada
exclusivamente en las refinerías estadunidenses; “el costo sería muy alto” para
Chávez por carecer de refinerías en el corto plazo (que tomaría dos años
remediar), obligado a pagar los fletes de transporte a mercados alternos, y
prácticamente sin ahorros “amortiguadores”, lo que ha llevado a PDVSA a desviar
sus fondos a la banca suiza por temor al embargo de ExxonMobil que, pareciera,
tenía todo muy bien planeado con la Casa Blanca para librar la guerra
multidimensional contra Venezuela y operar un “cambio de régimen” favorable a
sus intereses petroleros (como el “México calderonista”).
Sucede que Venezuela es vista como un “modelo para la nacionalización en la
región”, según Sara Miller, de The Christian Science Monitor (11/2/08),
quien afirma que el “golpe” va dirigido “contra los esfuerzos (sic) de los
países productores de petróleo y gas (sic) para renegociar sus contratos cuando
los precios de las materias primas se han disparado”, así como para frenar el
creciente “nacionalismo económico” en Latinoamérica. ¿Cómo le va a hacer Estados
Unidos cuando los aires libertarios soplan como nunca en la historia del cono
sur?
De acuerdo con los entrevistados muy a modo por Miller, no es lo mismo la
época de auge económico de Estados Unidos que su futura recesión cuando, debido
a la disminución de la demanda del crudo, que naturalmente abatiría su precio,
los países productores de América Latina serán orillados a renegociar sus
contratos “en términos más moderados” (¡super-sic!).
Más allá de las cacofónicas bravatas de los multimedia de Estados Unidos, que
azuzan a las otras trasnacionales petroleras anglosajonas a seguir el “ejemplo”
de ExxonMobil, el canadiense Roger Tissot aduce que el embargo precautorio de
ExxonMobil constituye un “mecanismo de presión”, como parte de la “táctica de
negociación” ulterior.
Como que el “terrorismo judicial” desplegado por la depredadora texana
ExxonMobil no deja mucho margen para la fructífera negociación conciliadora y
parece más bien formar parte de la guerra multidimensional que libra
subrepticiamente el régimen torturador bushiano contra Venezuela –mucho más allá
de la figura pasajera de un presidente en el túnel del tiempo, sea quien fuere–,
para adueñarse “jurídicamente” de sus recursos petroleros.
No es gratuidad coincidental que el feroz contrataque de la pirata texana
ExxonMobil contra la vulnerable Venezuela se escenifique simultáneamente, en un
movimiento de pinzas, al embate desnacionalizador de Pemex por el entreguista
duopolio neoliberal del PRI y el PAN.