Por cierto, encuestas “privadas”, mandadas a hacer por uno de los partidos
involucrados en el desmantelamiento de Pemex, señalan que 71 por ciento de los
mexicanos está en contra de su privatización (llega a más de 80 por ciento
cuando se trata de “asociación con extranjeros”). Esto, naturalmente, ha sido
ocultado en forma perversa por los multimedia locales concesionados (que no se
olvide), ya no se diga por sus empleaditos –los hijos de Goebbels, quienes se
atragantan con tanta mendacidad, como si los ciudadanos fuesen retrasados
mentales–, lo cual empaña (de hecho sovietiza) cualquier debate democrático
sobre el destino de los hidrocarburos de México y obliga a iniciar la gran
democratización por la libertad de las concesiones de los multimedia, hoy un
oligopolio neototalitario controlado por la dupla neoliberal PRI-PAN, y por
donde pasa la verdadera batalla ciudadana para obtener su nueva libertad en el
siglo XXI. Es curioso que la batalla por la independencia de Pemex desemboque
ineludiblemente en la exigencia de la libertad plural de las concesiones
multimediáticas como un acto imperativo de la mayor jerarquía trascendental de
la nueva democracia del siglo XXI.
El doble descubrimiento de hidrocarburos en el océano Atlántico a más de 5
mil metros de profundidad por Petrobras, en los campos de Tupi y Júpiter, ha
sido de tal impacto que ha reavivado el orgullo y el nacionalismo de los
brasileños, cuyo gobierno desea construir un submarino nuclear que proteja sus
pletóricos yacimientos marítimos, lo cual ha irritado a Stratfor (30/1/08),
portavoz propagandístico (más que centro de pensamiento) israelí-texano.
Debido a los pletóricos hallazgos, los cariocas exultan al ritmo de samba que
“El petróleo demuestra que el mismo Dios puede ser brasileño” (O Globo,
16/11/07), lo cual ha desatado la campaña O Petroleo é Nosso (El Petróleo es
Nuestro).
En este contexto de orgullo nacionalista, cuando Brasil ha pasado en pocos
años de importador a exportador para figurar en los años venideros entre los
grandes del planeta, Leo de Almeida Neves, ex director del Banco de Brasil y ex
diputado federal, publicó “Renovar la campaña El Petróleo es Nuestro” (Jornal
do Brasil; 20/1/08), recirculado por Reseña Estratégica del Movimiento
de Solidaridad Iberoamericano (1/2/08).
Todavía Leo de Almeida Neves no se enteraba el mismo día del hallazgo del
prodigioso campo Júpiter cuando exultaba las pletóricas reservas de Tupi, “entre
8 mil y 18 mil barriles”, lo cual “impone (sic) modificar la legislación sobre
las concesiones que transfiere a las empresas la propiedad del petróleo
extraído”. Leo de Almeida Neves sugiere lo contrario que promueve en lo oscurito
el siniestro cuan ignaro Comité de Energía del Senado de México.
Días después del mirífico descubrimiento de Tupi, la Agencia Nacional de
Petróleo sacó de la subasta en forma inteligente la licitación de 41 lotes muy
similares al de Tupi, lo cual hizo que las trasnacionales pusieran el grito en
los cielos al alegar “rompimiento unilateral de contrato”, mediante una campaña
de desprestigio en los multimedia que controlan (el pecado neototalitario eterno
y externo).
Rememora el aciago proceso de privatización parcial de Petrobras de parte del
entreguista Fernando Henrique Cardoso en 1997 (44 años más tarde a su
nacionalización por Getulio Vargas), al “abrir a firmas privadas y estatales la
extracción del petróleo, asegurándoles la propiedad (¡super-sic!) y la libre
exportación del petróleo encontrado”. ¡Increíble!
La resistencia fue tal que los entreguistas brasileños no pudieron privatizar
el total de las refinerías que encabezaba el senador Jorge Bornhause. El
fundamentalista neoliberal con máscara de “socialdemócrata” Fernando Henrique
Cardoso privatizó 34.04 por ciento de “acciones comunes” con derecho a voto, que
“adquirieron los extranjeros en la Bolsa de Valores de Nueva York”. Debido a un
intercambio de activos con Argentina, la trasnacional pirata española Repsol se
adueñó de la tercera parte de la refinería Alberto Pasquiliani, con sede en Rio
Grande do Sul.
Aduce correctamente que la “identificación del gigantesco campo de Tupi
cambió el panorama” (ya no se diga con el hallazgo del campo Júpiter) y ahora la
“Unión tendrá que repartir con gran atención la renta del petróleo obtenido (de
75 a 90 por ciento del valor real), dividiendo esta receta con los estados (sic)
y municipios (¡super-sic!) bajo la forma de regalías”, lo contrario de lo
ejercido por los fiscalistas neoliberales “mexicanos”.
En forma absurda, Petrobras se hizo de avorazados socios indeseables, cuando
“es la operadora y la única (sic) que dispone de tecnología de perforación y
logística en aguas profundas”. El colmo: la trasnacional pirata española Repsol
es parasitariamente “socia” de la riqueza de los yacimientos de Tupi, propiedad
marítima de la nación brasileña, además de que carece de la tecnología de
extracción en aguas profundas que detenta Petrobras. Fernando Henrique Cardoso
–miembro del disfuncional Club de Madrid junto al mendaz fascistoide José María
Aznar López y el apátrida Ernesto Zedillo– fue el “genio” que firmó tal
alienación catastral que atenta contra la soberanía elemental de Brasil. ¿A poco
la depredadora España aznarista, ya no se diga sus lúcidos ciudadanos, aceptaría
similar contrato tan leonino?
A juicio de Leo de Almeida Neves, “otra consecuencia del descubrimiento de
Tupi” radica en que “Petrobras deberá reducir su ritmo de inversiones en el
exterior (¡super-sic!), en primer lugar en la parte del Golfo de México
perteneciente a Estados Unidos”. Entonces, ¿se tambalea, también, el pernicioso
proyecto de entrega de la parte “mexicana” del Golfo de México, como dispone el
apátrida calderonismo delamadridista-bushiano-aznarista?
Leo de Almeida Neves se pronuncia por “modelos diferenciados” para la
extracción y alienta “modificaciones en el marco regulador en el sector del
petróleo y el gas, permitiendo compartir la producción con la Unión, y las
compañías (incluyedo a Petrobras) que participaran en la exploración no serán
propietarias del petróleo”. Recuerda que tal es la regulación vigente en Rusia,
Qatar y Nigeria, mientras que la “prestación de servicios” es la pauta de Arabia
Saudita, Kuwait, Irán y Venezuela, por lo que fustiga con justa razón el
“inconveniente contrato de concesión, mediante el cual las concesionarias se
quedan como dueñas del petróleo que descubren”. ¡De locos!
Pero ese modelo enajenante y desnacionalizante del “viejo Petrobras”,
emasculado con Fernando Henrique Cardoso, es justamente el que pretende emular
el siniestro cuan ignaro Comité de Energía del Senado del “México neoliberal”,
en lugar de las tendencias “posmodernas” hacia donde se perfila el “nuevo
Petrobras”, más libre y soberano, que se encamina a imitar a la saudita ARAMCO:
la primera empresa mundial de petróleo, totalmente estatal, que fue liquidando
en forma gradual a sus socios estadounidenses para alcanzar las cimas.