egún analistas y figuras políticas locales, las declaraciones hechas por el
jefe del Pentágono corroboraron “ligeras diferencias” en la percepción sobre
Iraq de la administración de George W. Bush y la que encabezará Barack Obama a
partir del próximo 20 de enero.
Gates advirtió el sábado en la base militar que ocupan sus tropas en Balad
que “quienes pensaron que los meses venideros podrían presentar oportunidades
para probar a la nueva administración norteamericana estarían extremadamente
equivocados”.
Al igual que manifestó días antes en Afganistán y Bahrein, el titular
confirmado en el cargo por el futuro presidente subrayó aquí que “los enemigos
de Estados Unidos no deben tratar de tomar ventaja de las etapas iniciales del
nuevo gobierno”.
Indicó por otro lado que las fuerzas de Washington “entraron en la última
etapa relativa a sus compromisos en Iraq”, pero aclaró que el plan de Obama de
retirar a los efectivos dentro de 16 meses “no significa que se llevará a cabo
una retirada irresponsable”.
La visita de Gates coincidió con la acusación por homicidio de cinco
empleados de la firma de seguridad Blackwater y las entrevistas de fiscales de
Estados Unidos con familias y testigos de la matanza de 17 civiles iraquíes
perpetrada en 2007 en Bagdad.
Los fiscales estadounidenses se reunieron con policías y civiles en esta
capital para discutir el caso contra los guardias de seguridad, mientras fuentes
de Washington se esforzaban por probar a los iraquíes su alegada seriedad e
imparcialidad en el proceso.
Al comentar las palabras de Gates, el periodista Nazzal Makki dijo al canal
Al Jazeera que deseaba ser optimista de que Obama “tendrá la sabiduría para
retirarse completamente” del país, pero la pretensión de Estados Unidos es
concretar “sólo una retirada parcial”, vaticinó. “Esperamos que el paso final
incluirá el mantenimiento de algunas fuerzas en grandes bases de Iraq porque
ellos las construyeron y prepararon para eso”, opinó el analista.
La valoración de Makki cobró mayor fuerza a partir de que el comandante de
las tropas estadounidenses aquí, general Ray Odierno, aseguró que los soldados
que operan fuera de las bases militares “podrían permanecer (en esas posiciones)
más allá del próximo verano”.
En virtud de un acuerdo suscrito entre Bagdad y Washington, y ratificado este
mes tras largas y complejas negociaciones, los uniformados deben replegarse de
las ciudades y aldeas iraquíes a más tardar el 30 de junio, y salir del país a
finales de 2011.
Los sectores chiitas y sunnitas que hicieron resistencia al pacto exigieron
en su momento garantías de que cuando entre en vigor en enero, se respetarán los
términos del entendimiento, incluido el compromiso de someterlo a referendo
popular en junio.
Opositores al pacto, como el bloque parlamentario leal al clérigo chiita
Muqtada al-Sadr, argumentaron que éste legitima “una ocupación extranjera
destructiva”, además de que dudan que la Casa Blanca respete la fecha de
abandono total de este país árabe.
“Este acuerdo fue diseñado para legitimar la presencia norteamericana en Iraq”,
apuntó el parlamentario chiita Ahmed al-Massoudi, quien pronosticó poco cambio y
la continuidad de las violaciones contra la población y los arrestos
indiscriminados.
Para muchos, se trataba de un secreto a voces que en boca de Odierno busca
ahora hacer creer el argumento de que esos militares ocupantes “serían un apoyo
esencial a las fuerzas iraquíes (que patrullan las ciudades), más que servir
como tropas de combate”.