a guerra no terminó pero con la conclusión del
acuerdo (de seguridad entre Irak y Estados Unidos), el valor del pueblo y de los
soldados iraquíes, de los militares y del personal civil estadounidenses nos
encaminamos por la vía de la victoria", dijo Bush tras la firma simbólica del
citado acuerdo con el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki.
El presidente estadounidense justificó nuevamente la intervención militar
llevada a cabo por su país en marzo de 2003, que dio lugar a la caída del ex
dictador iraquí Saddam Hussein, aunque también sumió el país en el caos y la
violencia confesional.
"La tarea no fue fácil pero era necesaria para la seguridad estadounidense,
la esperanza de los iraquíes y la paz en el mundo", dijo Bush al término de su
encuentro con su homólogo iraquí, Jalal Talabani.
"Estoy encantado de haber tenido la oportunidad de volver a Irak antes del
final de mi Presidencia", añadió.
Sin embargo poco después un periodista iraquí le lanzó sus zapatos y lo llamó
"perro" en el momento en que estrechaba la mano de al-Maliki.
En la cultura árabe llamar a alguien "perro" es un grave insulto; en 2003 los
iraquíes lanzaron sus zapatos contra la estatua de Saddam Hussein.
Mientras Bush y al-Maliki estaban en el despacho privado de este último, el
informador iraquí le lanzó sus zapatos gritando "es el beso del adiós, perro".
El presidente estadounidense, por su parte, no perdió la compostura y,
mientras los servicios de seguridad iraquíes y norteamericanos expulsaban de la
sala al agitador, hizo una broma.
"Si quieren hechos: es un zapato del número 10 (el 44 en la medida europea)",
dijo.
En cuanto a su visita, ésta empezó con un recibimiento en el aeropuerto de
Bagdad por el comandante de la fuerza multinacional en Irak, el general Raymond
Odierno. A continuación, Bush se trasladó en helicóptero al centro de la capital
iraquí para reunirse con Talabani en la residencia presidencial.
El presidente iraquí, por su parte, declaró su reconocimiento a Bush, a quien
calificó de "gran amigo del pueblo iraquí", por haber acabado con los 24 años de
la dictadura de Saddam Hussein.
A continuación se trasladó a la "zona verde", el sector ultraprotegido de
Bagdad donde está la residencia del primer ministro.
Ahí firmó simbólicamente el acuerdo, ratificado en noviembre por el
Parlamento iraquí, que fija el marco de la retirada total de los 146.000
soldados estadounidenses de Irak para finales de 2011. Pondrá así fin a ocho
años de presencia militar norteamericana en Irak.
Según ese pacto, las unidades de combate del ejército de Washington deberán
haber abandonado las ciudades, pueblos y localidades iraquíes antes del 30 de
junio de 2009.
Bush también se entrevistó con los principales dirigentes iraquíes llegados
al poder tras la caída del ex presidente Saddam Hussein en abril de 2003. Entre
ellos estuvo Abdel Haziz al-Hakim, líder del Consejo Supremo Islámico de Irak,
principal apoyo chiita del gobierno.
El presidente estadounidense -que abandonará su cargo el 20 de enero para
pasar el testigo al presidente electo, Barack Obama- ya viajó a Irak en
noviembre de 2003, en junio de 2006 y en septiembre de 2007.
Desde la invasión de marzo de 2003, más de 4.200 militares estadounidenses
han muerto en Irak, así como decenas de miles de iraquíes.
Obama reiteró durante su campaña electoral que quiere que las tropas
estadounidenses se retiren de Irak en los 16 meses siguientes a su investidura.
Este deseo lo comparte la mayoría de los estadounidenses, según los sondeos.
El líder radical chiita Moqtada Sadr, hostil a la presencia estadounidense en
Irak, anunció una manifestación para el lunes en la ciudad santa de Nayaf contra
"la visita del presidente de la ocupación".