(IAR
Noticias)
09-Diciembre-08
La casi total impunidad de que gozan
los mercenarios contratados por Estados Unidos en Iraq puede estar
llegando a su fin.
Por William Fisher - IPS
Bajo el nuevo Acuerdo sobre el Estatus de las
Fuerzas Militares (SOFA, por sus siglas en inglés), aprobado a fines
de noviembre por el gobierno iraquí, los contratistas
estadounidenses estarán sujetos a la ley de Iraq por primera vez.
Además, algunos observadores creen que Iraq puede estar en
condiciones de responsabilizarlos legalmente por delitos
presuntamente cometidos incluso antes de aprobado el SOFA.
En el otro extremo de la ecuación Estados Unidos-Iraq, hubo meses de
aparente inactividad, marcada por continuas dudas sobre la supuesta
jurisdicción legal de Washington sobre los contratistas.
El Departamento de Justicia estadounidense puede presentar cargos
contra tres mercenarios por su participación, en septiembre de 2007,
en el fusilamiento de 17 civiles iraquíes en Bagdad.
Los guardias de seguridad acusados son empleados de Blackwater
Worldwide, la firma más grande y más destacada entre las que emplea
Estados Unidos en Iraq.
La prensa estadounidense informa que los cargos contra los empleados
de Blackwater podrían basarse sobre una ley antidrogas de los años
80.
La Ley Contra el Abuso de Drogas, aprobada en 1988 para frenar la
epidemia de crack que vivía Estados Unidos, prevé condenas de 30
años de cárcel por usar ametralladoras para cometer delitos
violentos de cualquier tipo, aun cuando no haya drogas involucradas.
Los guardias de Blackwater --condecorados veteranos militares
contratados para proteger a diplomáticos estadounidenses en el
exterior-- respondían a un atentado con coche bomba cuando estalló
un tiroteo en un transitado cruce de Bagdad.
Se sospecha que los guardias abrieron fuego con ametralladoras que
les dio el gobierno e instaladas en las torretas de sus camiones
blindados.
Blackwater alega que su convoy fue objeto de una emboscada realizada
por insurgentes. Pero, según testigos, no medió provocación alguna
hacia los mercenarios.
Sin embargo, llevar a juicio a los guardias será una batalla ardua,
porque sigue sin estar claro si pueden ser acusados en Estados
Unidos o en otro país por delitos cometidos en el exterior.
Deberían ser acusados bajo una ley que cubre a soldados y
contratistas militares, pero Blackwater trabaja para el Departamento
de Estado (cancillería), no para las fuerzas armadas. Por eso no
resulta claro qué ley se aplica a los mercenarios.
Una promesa de inmunidad que el Departamento de Estados habría
extendido a varios guardias de Blackwater a cambio de sus
declaraciones juradas, poco después del tiroteo, complica aun más el
caso. Los fiscales no pueden usar estas declaraciones para apoyar su
caso.
Blackwater y otros contratistas de seguridad bien podrían también
afrontar juicios entablados por Bagdad por actos cometidos antes,
cuando supuestamente estaban amparados por la inmunidad bajo las
leyes de Iraq.
En junio de 2004, la Autoridad Provisional de la Coalición que
administró Iraq luego de la invasión estadounidense de 2003 concedió
inmunidad a los mercenarios. Pero el nuevo SOFA no impide
explícitamente que Iraq presente cargos penales con retroactividad.
El tiroteo contra civiles iraquíes por parte de Blackwater concitó
el interés de los legisladores del Partido Demócrata, hoy en la
oposición y desde enero en el gobierno, en aprobar leyes más duras
para los contratistas de seguridad en el exterior.
Un proyecto de ley en ese sentido fue presentada el año pasado por
Barack Obama, entonces senador demócrata por el central estado de
Illinois y ahora presidente electo.
La iniciativa habría extendido la jurisdicción de la ley
estadounidense para que cubriera a los mercenarios en Iraq,
encargado al FBI (Buró Federal de Investigaciones) de la
investigación de sus delitos y requerido que el Departamento
(ministerio) de Defensa revelara sus contratistas y definiera
límites a sus actividades.
Los legisladores del hoy gobernante Partido Republicano y la Casa
Blanca impidieron la aprobación del proyecto.
La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que en lo que va de
2008 se gastaron más de 10.000 millones de dólares en mercenarios y
que entre 25.000 y 30.000 empleados de firmas de seguridad
estuvieron en Iraq desde comienzos de este año.
Y también que, si el gasto en contratistas se mantiene como ahora,
se habrá pagado 100.000 millones de dólares a contratistas militares
para operaciones en Iraq.
Esta Oficina reveló que alrededor de 20 por ciento del
financiamiento para operaciones en Iraq se destinó al pago de
mercenarios. Actualmente, dijo, hay por lo menos 190.000
contratistas en Iraq y los países vecinos.
"Ya no hay argumentos para defender la privatización a tal escala de
la guerra sin establecer responsabilidades. Cosecharon lo que
sembraron", dijo a IPS Craig Jennings, analista de la organización
de vigilancia OMB Watch.
Uno empresa kuwaití que actuó como subcontratista de la firma
estadounidense KBR fue acusada de retener a unos 1.000 hombres de
Bangladesh, India, Nepal y Sri Lanka entre uno y tres meses, sin
pagarles, hacinados en galpones cerca del aeropuerto de Bagdad,
esperando para iniciar las obras para los que habían sido llevados a
Iraq y que nunca se realizaron.
Najlaa International Catering Services, la compañía kuwaití que los
contrató, accedió a pagarles y a repatriarlos porque los obreros
realizaron protestas públicas..
KBR es una ex subsidiaria de la Corporación Halliburton, la más
grande de los contratistas estadounidenses privados en Iraq. Se la
acusa de derroche, fraude y abusos.
Dieciséis soldados de la Guardia Nacional del estado de Indiana
demandan a KBR por exponerlos en 2003 a químicos tóxicos en Iraq.
Los efectivos dijeron que el sitio estaba contaminado con cromo
hexavalente, "uno de los cancerígenos más potentes", y que KBR lo
sabía.
Los contratistas estadounidenses que trabajan en Iraq han sido
sujetos de numerosas demandas presentadas ante tribunales de Estados
Unidos.
En una de ellas, presentada en mayo ante un tribunal federal de Los
Ángeles, Emad Al-Janabi, herrero iraquí de 43 años, aseguró haber
sido encarcelado por error, golpeado y sacado de su casa a la fuerza
por personas de civil o que vestían uniformes militares
estadounidenses en septiembre de 2003.
Lo liberaron de la prisión de Abu Ghraib, sin cargos, en julio de
2004.
Los acusados son las firmas contratistas CACI International, CACI
Premier Technology y L-3 Communications Titan Corporation, y el ex
mercenario de CACI Steven Stefanowicz, conocido en Abu Gharib como
"el gran Steve".
La demanda sostiene que los mercenarios sometieron a Al-Janabi a
torturas físicas y mentales en sesiones donde los acusados actuaron
como interrogadores y traductores. Alega que los contratistas lo
transportaron a un sitio de detenidos en una caja de madera y lo
cubrieron con una capucha.
Su rostro quedó con una cicatriz cuando un interrogador le arañó los
ojos, lo expuso a la falsa ejecución de su hermano y sobrino y lo
colgó boca abajo con sus pies encadenados a las tablillas de acero
de una litera hasta que perdió la conciencia.
Además, lo privaron reiteradamente de alimentos y sueño y lo
amenazaron con perros.
En octubre de 2003, durante una inspección sorpresa de Abu Ghraib,
el Comité Internacional de la Cruz Roja descubrió a Al-Janabi
desnudo, encadenado y magullado en una celda del pabellón "duro" de
la prisión.
Según la demanda, era un "detenido fantasma", al que se ocultó
intencionalmente de la Cruz Roja en inspecciones posteriores y al
que se hizo no aparecer en las listas de prisioneros.
La demanda destacó que CACI proporcionó interrogadores a Abu Ghraib
y que L-3 empleó a todos los traductores.
Stefanowicz estuvo vinculado a abusos cometidos allí en
procedimientos de tribunales militares marciales y se dijo que
dirigió a soldados en interrogatorios.
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