La desgarradora crónica titulada "Winter Soldier
Iraq and Afghanistan: Eyewitness Accounts of the Occupation"(
"Soldados de Invierno Iraq y Afganistán: Relatos de primera mano de
la ocupación"), publicado este mes por Haymarket Books, pone al
desnudo lo que el ejército de Estados Unidos perpetra en Iraq.
Escrito por Veteranos de Iraq Contra la Guerra (IVAW, por sus siglas
en inglés) y el periodista Aaron Glantz, el libro recoge una
selección de testimonios dados por el encuentro de ex combatientes
en Silver Spring, en el oriental estado estadounidense de Maryland,
entre el 13 y el 16 de marzo.
El propósito del encuentro "Winter Soldier" ("Soldado de Invierno"),
cuya denominación alude a una frase escrita en 1776 por Thomas Paine,
héroe de la independencia estadounidense, fue demostrar que las
violaciones a los derechos humanos perpetradas por el ejército
estadounidense no son hechos aislados cometidos por "unas pocas
manzanas podridas", como alegan políticos y jefes militares.
"Recuerdo a una mujer que caminaba cerca nuestro", relató Jason
Washburn, cabo de la Marina que cumplió tres periodos de servicio en
Iraq.
"Llevaba una gran bolsa y parecía que se nos acercaba, la prendimos
fuego con un Mark 19, un lanzagranadas automático, y cuando el polvo
se dispersó, nos dimos cuenta que la bolsa estaba llena de
provisiones. Trataba de traernos alimentos y la volamos en pedazos".
Washburn prestó testimonio en un panel que discutió la laxitud de
los reglamentos de combate en Iraq hasta ser virtualmente
inexistentes.
"Durante mis tres periodos de servicio, las reglas de combate
cambiaron mucho", relató Washburn. "Cuanto mayor la amenaza, más
brutal la respuesta que se nos permitía y que se esperaba de
nosotros".
La obra recoge las historias relatadas en los paneles sobre
deshumanización, sexismo en el ejército, atención médica a ex
combatientes y el desmoronamiento de la fuerza, también.
Su testimonio, que fue muy emotivo al igual que otros que se pueden
leer en el libro, planteó cuestiones repetidas varias veces por
veteranos de otras guerras.
"Nos exhortaban, casi con un guiño y un codazo, a llevar 'drop
weapons' (armas caídas), o como se les llamó en mi tercer periodo de
servicio 'drop shovels' (palas caídas). Las llevábamos por si acaso
le disparábamos a un civil por error, se la poníamos al lado del
cuerpo y lo hacíamos parecer como un insurgente", contó Washburn.
Cuatro días de dolorosos testimonios, presenciados por el periodista
de IPS, se convirtieron en un libro difícil de leer. En cada página
se recorren relatos devastadores acerca de lo que el ejército
estadounidense hace en Iraq, contado por sus propios protagonistas.
No falta nada, desde las fotografías tomadas a los muertos como
"trofeo" hasta torturas y asesinatos de civiles.
"Tratamos de organizar un registro histórico de lo que sigue
ocurriendo en esta guerra y de qué se trata esta guerra", dijo
Glantz a IPS.
Hart Viges, quien sirvió un año en Iraq como miembro de la 82
división aerotransportada del ejército, contó sobre las órdenes que
se daban por radio.
"Una vez dijeron que había que dispararle a todos los taximetros
porque el enemigo los usaba para desplazarse. Uno de los
francotiradores preguntó 'perdón, ¿escuché bien? ¿Disparar a todos
los taxis?'. El teniente coronel respondió, 'ya me escuchó soldado,
disparar a todos los taxis'", contó Viges.
"Después de eso, la ciudad se prendió en llamas, porque todas las
unidades le estaban disparando a los vehículos de alquiler. Esa fue
mi primera experiencia de guerra y ese fue el tono del resto del
servicio".
Vincent Emanuele, fusilero de la Marina que sirivó un año en la zona
iraquí de Al-Qaim, cerca de la frontera con Siria, relató cómo
vaciaban sus cargadores en la ciudad sin identificar objetivos,
atropellando cuerpos con los "humvees" (blindados) y parando a
sacarles fotografías de "trofeo".
Humvees es el acrónimo de High Mobility Multipurpose Wheeled Vehicle
(vehículos rodados multiuso de alta movilidad), que tienen tracción
en las cuatro ruedas.
"Un hecho que ocurre bastante seguido en Iraq es disparar al azar a
los automóviles que circulan", relató. "No fue un acontecimiento
aislado y sucedió la mayor parte de los ocho meses que estuve de
servicio", añadió.
La directora ejecutiva de IVAW, Kelly Dougherty, atribuye el
comportamiento de los soldados en Iraq a la política Washington.
"Los abusos perpetrados durante la ocupación, lejos de ser el
resultado de 'unas pocas manzanas podridas', obedece a la política
diseñada para Medio Oriente, que se decide en las más altas esferas
del poder en Estados Unidos", señaló.
Pero con saberlo no se logra atenuar el impacto emocional y moral de
los relatos.
"Si ve que una persona con bandera blanca se le acerca despacio y
obedece sus órdenes, asuma que es un engaño y mátelo", fueron las
instrucciones recibidas por Michael Leduc, cabo de la Marina, antes
del ataque de noviembre de 2004 contra Faluya, 60 kilómetros al
oeste de Bagdad.
El libro es muy importante para los ciudadanos estadounidenses,
sobre todo porque los grandes medios de comunicación no difundieron
los testimonios del encuentro de veteranos, excepto el diario The
Washington Post, que publicó un artículo acerca la reunión de Silver
Spring, pero que quedó enterrado en su versión para el tren
subterráneo.
El dario The New York Times y la cadena de television de noticias
CNN y las redes ABC, NBC y CBS ignoraron por completo la reunión.
El encuentro fue muy importante porque tal como lo expresó el ex
infante de Marina Jon Turner, "cada vez que operamos con periodistas
cambió nuestro procedimiento de forma drástica. Nunca actuábamos de
la misma manera. Cumplíamos con las normas a rajatabla".
"Para mí se trata de describir qué es realmente una guerra", explicó
Glantz.
"Porque acá en Estados Unidos tenemos una visión muy aséptica. Pero
guerra es cuando una gran cantidad de personas armadas matan a otra
gran cantidad de personas. Y esa es la idea que le va a quedar a la
gente cuando lea los testimonios de los veteranos. La verdadera cara
de la guerra", apuntó.
La propia deshumanización de los soldados queda puesta en evidencia
a través de los relatos de sexismo, de racismo y de la dificultad
que deben afrontar los veteranos a su regreso para recibir atención
médica.
También hay muchos testimonios acerca de la destrato a los iraquíes.
Brian Casler, cabo de la Marina, relató su experiencia al respecto.
"Pude ver infantes de Marina defecar en bolsas de alimentos u orinar
en botellas que luego tiraban a los niños que se sitúan al costado
del camino" a nuestro paso, contó Casler.
Además, varias de las historias testimonian el uso de términos
peyorativos y degradantes contra la población iraquí como "hadyis",
expresión árabe que designa a musulmanes ancianos, "cabezas de
toalla", por los pañuelos que llevan en la cabeza, y "negros de
arena", en alusión a los desiertos de Medio Oriente.
Scott Ewing, quien sirvió en Iraq de 2005 a 2006, reconoció que los
soldados estadounidenses daban golosinas a los niños iraquíes, pero
no con la intención de "ganar su simpatía". "Había otro motivo y es
que, si ellos permanecían cerca de nuestros vehículos, los malos no
nos atacaban". "Usamos niños como escudos humanos", aseguró.
Glantz reconoció que será muy difícil para el ciudadano
estadounidense promedio leer el libro. Es importante que cuando lo
hagan tengan en cuenta qué significó para los veteranos brindar esos
testimonios históricos.
"Pudieron ser héroes, pero lo que hicieron fue mucho más que
heroico, decir la verdad", dijo Glantz a IPS. "No tuvieron que
presentarse. Decidieron hacerlo".