Como era de suponer, el reciente conflicto en
el Cáucaso, ya ha tenido repercusiones importantes en el ámbito internacional, y
una de ellas, tiene que ver con la inesperada visita de la secretaria de estado
norteamericana Condoleezza Rice a Bagdad, el pasado 21 de agosto.
Por Andrei Fediashin -
RIA Novosti
El objetivo principal de esa visita fue ultimar los detalles del proyecto de
un tratado estadounidense-iraquí de seguridad, destinado a reglamentar las
relaciones político- militares entre Washington y Bagdad, y en particular,
establecer el plazo de la retirada y al mismo tiempo, las condiciones sobre la
futura permanencia de las tropas estadounidenses en ese país.
En la elaboración ese tratado, Washington estuvo reflexionando año y medio.
Pero ahora, tras la aventura del presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili en
Osetia del Sur, la Administración Bush ha comprendido que hay que darse prisa,
pues de otra forma, EEUU corre el riesgo de perder a finales de año, el último
pretexto jurídico para prolongar su ocupación militar de Irak.
Incluso el Gobierno pronorteamericano de Bagdad urgió a los estadounidenses a
que de una vez por todas, resuelvan todos esos asuntos jurídicos pendientes.
Para las autoridades de Bagdad cada vez es más difícil explicar a los
iraquíes sobre la necesidad de continuar bajo la "defensa norteamericana", sobre
todo cuando no se cumplen las promesas sobre la aspirada seguridad y una vida
mejor.
Para comprender mejor la situación en Irak, es conveniente recordar algunos
detalles importantes. Formalmente, las tropas de EEUU y el resto de los países
miembros de la "coalición internacional" se encuentran en Irak según un mandato
de la ONU.
Aunque a decir verdad, fue un mandato conferido a "posteriori", en octubre de
2003, es decir, para justificar un hecho ya consumado, porque los
norteamericanos ya habían ocupado Bagdad en abril del mismo año, pero esto no
es lo más importante.
La resolución del Consejo de Seguridad de la ONU (CS-ONU) 1511 de 2003,
promovida por EEUU e Inglaterra autorizó la "creación de fuerzas multinacionales
"para realizar todas las tareas necesarias para mantener la seguridad y
estabilidad en Irak".
Tras apoyar esa resolución, los países que votaron a favor de esa resolución
en la ONU confiaron que la situación en Irak se normalizaría o bien en el año
2005 o a más tardar en el 2006.
Pero no ocurrió nada parecido. Al contrario, aumentó el número de víctimas
entre la población civil, es permanente la resistencia contra las tropas
estadounidenses y británicas, el país prácticamente se ha fragmentado en
regiones shiítas y sunitas (y regiones autónomas kurdas) y en los actuales
momentos, Irak se encuentra al borde de una guerra civil.
No obstante, EEUU cada año ha convencido al CS-ONU prolongar el mandato de
sus tropas prometiendo cada vez la pronta normalización de la situación.
Para el efecto, fueron aprobadas las resoluciones 1546, 1637 y la última, la
1723. El plazo del actual mandato previsto en esa resolución expira a finales de
año, y son pocas las perspectivas de que sea prolongado de nuevo, para ser más
exactos, esas posibilidades son nulas y aquí es cuando se manifiesta la
repercusión del factor "georgiano".
Desde hace tiempo, Rusia insistió en establecer plazos concretos a la
presencia de tropas extranjeras en Irak. Washington prometió a Moscú establecer
esos plazos pero por muchas razones nunca cumplió lo prometido.
Ahora, una vez conocida la postura adoptada por la Administración
estadounidense durante el conflicto de Osetia del Sur, y los métodos utilizados
por Bush y Rice para salvar a Saakashvili, es muy poco probable que Moscú esté
dispuesto a esperar más tiempo para que EEUU por fin logre ganar la "guerra
contra el terrorismo". Está claro que Rusia ya no mantendrá sus ojos cerrados
ante la ocupación estadounidense de Irak.
Sobre todo cuando lo que se perfila ya no es una ocupación, sino la intención
de convertir a Irak de una especie de protectorado de EEUU.
Incluyendo policía, consejeros, consultantes y agentes privados de seguridad,
EEUU tiene en Irak casi 180.000 hombres, y las tropas del Ejército
estadounidense propiamente dichas, superan los 144.000 efectivos entre soldados
y oficiales.