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Portada de l libro. |
Jeremy Scahill dedica "Blackwater, el auge del ejército mercenario más poderoso del mundo" (Paidós)
a los periodistas independientes y no incrustados en unidad militar alguna. Sin su valentía y
sacrificio, dice, los únicos que escribirían la historia serían los vencedores y
los poderosos. Scahill ha sido reportero en Iraq, la ex Yugoslavia y Nigeria, sabe de qué
habla. Empezó a investigar la empresa Blackwater en el 2004, después de que cuatro de
sus hombres fueran linchados en Faluya. "Me di cuenta de que esa empresa era la encarnación
de la política norteamericana después del 11-S. Los neocon han ganado la batalla del
derrumbe del ejército convencional, también están privatizando las fuerzas de
guerra".
Entrevista a Jeremy Scahill por Imma Sanchís
- La Vanguardia, España
Jeremy Scahill:
El creador de Blackwater, el ejército mercenario más poderoso del mundo, es un archimillonario cristiano y derechista radical financista de las campañas de Bush.
Imma Sanchís: Erik Prince.
JS: Blackwater está transformando radicalmente las fuerzas armadas estadounidenses. Lleva a cabo las operaciones más delicadas, sus empleados son los que tienen mejor formación en el mundo de la guerra y el espionaje.
IS: Sus ejecutivos son la elite de la CIA.
JS: Sí, y del FBI, el Pentágono y de los cuerpos y fuerzas especiales norteamericanos. Es decir, que unas personas que antes estaban bajo las órdenes del Estado están ahora disponibles en el mercado.
IS: Un mercado en alza.
JS: Actualmente, sólo en Iraq están operando 150 empresas mercenarias. Es una de las industrias con mayor expansión mundial.
IS:¿Un nuevo modelo de hacer la guerra?
JS: Sí, Iraq es como el laboratorio de Frankenstein. Como Bush no quería lidiar con la opinión pública ni con los representantes democráticos de los países europeos, Blackwater fue la solución ideal, un ejército de cien nacionalidades, incluidas las de gobiernos contrarios a la guerra de
Irak.
IS:¿Actúan al margen de la ley?
JS: Eso ha declarado la empresa abiertamente: que sus
fuerzas están por encima de la ley. Hasta ahora no se ha juzgado
a ningún mercenario, hay un debate sobre eso en mi país.
IS:¿Blackwater impone sus condiciones?
JS: Sí, tiene buenos apoyos en su idea de privatizar los ejércitos. En el 2004, Bremer, antes de abandonar enfurruñado Bagdad como gobernador, publicó un decreto que impedía que los tribunales iraquíes juzgaran a estos mercenarios. Y si hablamos de derecho internacional, EE.UU. tampoco lo reconoce.
IS: En
Irak, los mercenarios superan a los soldados.
JS: Y cualquier trabajador de Blackwater gana tanto como el general de las tropas norteamericanas en
Irak. El ejército está muy molesto.
IS: Los mercenarios muertos no pasan factura política.
JS: Sí, eso es muy importante. Según los datos que he podido recopilar, 1.200 empleados de Blackwater han muerto en
Irak y 13.000 han resultado heridos, pero estos son solamente los que han reclamado una indemnización al Gobierno: los familiares de los reclutados en Chile o en Colombia no reclaman. Si tuvieran que reclutar a las personas en el propio EE. UU., la guerra acabaría mañana.
IS: Está claro que utilizar estos ejércitos es muy
ventajoso.
JS: Puedes lanzar una guerra que no es popular ni en tu país ni en el resto del mundo, no has de trabajar con la OTAN ni con la ONU.
IS:¿Cómo transformarán estos ejércitos mercenarios la democracia?
JS: Van a tener un impacto espectacular en todo el mundo.
Que una empresa privada pueda tener un ejército poderoso con la
última tecnología de defensa cuestiona la existencia misma de
las naciones. Cualquier pequeño país tiene un ejército a su
medida que puede ser vencido fácilmente por estas empresas que
se ofrecen en el mercado.
IS:¿Cómo preparan a su gente?
JS: Hay de todo, tienes el policía iraquí de a pie y, en la plana ejecutiva, los veteranos de la elite de los cuerpos especiales de EE. UU., con una experiencia de siete a quince años. El contribuyente norteamericano ha gastado millones de dólares en formar a estos cuerpos de elite.
IS:¿Y vuelven a pagar por ellos?
JS: Sí, el Gobierno norteamericano paga 1.200 dólares por día y por hombre; pero si se trata de soldados colombianos, 35 dólares al día. Ahora Blackwater se encarga de la formación del ejército norteamericano.
IS:¿Y siguen creciendo?
JS: Su nuevo campo de acción es el espionaje. Blackwater acaba de crear su propia CIA y el hombre que la dirige es J. Cofer Black, un veterano que estuvo 30 años en la CIA; era el jefe de la caza de Osama bin Laden y del programa Rendición Extraordinaria, el espía número uno de EE. UU. Ahora cualquier empresa privada puede comprarlo.
IS: Qué peligro.
JS: Escalofriante. Bastante nos cuesta saber lo que hace
la CIA como para saber lo que hace una empresa privada. El campo
está ahora abierto a cualquier abuso imaginable. Debería ser un
tema central de la ONU y la UE. Esto es un cáncer que hay que
detener antes de que se extienda más, pero me temo que ya es
demasiado tarde.
IS: Para Rumsfeld y secuaces, ¿el adversario era la burocracia del Pentágono?
JS: Su idea era reemplazar la antigua administración del Departamento de Defensa por un nuevo modelo basado en el sector privado, y esa batalla la han ganado. No sólo se trataba de coger el petróleo de
Irak, sino de un asalto a la tesorería norteamericana. EE. UU. se gasta 2.000 millones de dólares a la semana en la guerra de
Irak y el 40% va a las empresas de guerra, 630 actualmente en
Irak, que viven del dinero de los contribuyentes.
IS:¿Piensan privatizarlo todo?
JS: El huracán Katrina fue una metáfora de lo que está ocurriendo en el país. Yo estuve allí y vi cómo se dejaba morir a los pobres, mientras los ricos llamaban a sus ejércitos privados para que los rescataran. Y no es casualidad que las empresas que están siendo muy rentables en
Irak sean las mismas que obtuvieron beneficio del Katrina.
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(*) Jeremy Scahill tiene 33 años, vive en Nueva York. Trabaja en The Nation. Es autor del best-seller del New York Times Blackwater: The Rise of the World's Most Powerful Mercenary Army.