Con la ocupación como trasfondo,
Irak es hoy el escenario de Oriente Medio
donde más nítidamente--y con más violencia-- se enfrentan dos proyectos
sociales antagónicos, una confrontación de cuyo resultado final no solo
dependerá el futuro de los iraquíes sino del conjunto de la región. Los
ocupantes de Iraq, recuperando una vieja lógica colonial, han desmantelado el
Estado iraquí y sus instituciones, han alentado el germen del sectarismo y el
confesionalismo, han favorecido el afianzamiento de corrientes destructoras de
un tejido social antaño bien tramado y muy secularizado.
Por Carlos Varea (*)- Hoja de Ruta
Hoy, cuando en estas fechas(1) se cumplen cinco años de la invasión de Iraq, el
país vive la mayor crisis humanitaria de la Historia contemporánea, ya más
grave que la de los Grandes Lagos de África del Este (2,7 millones de
desplazados internos y al menos 2,2 refugiados externos, hasta un millón de
muertos), y parece abocado a una partición territorial que, antes que
favorecer el reconocimiento y el ejercicio de los derechos de grupos étnicos y
minorías históricamente marginadas, se basa en la limpieza étnica y es la
expresión de la lógica centrípeta de nuevas oligarquías locales emergentes,
asociadas a los intereses mercantiles de las petroleras transnacionales o de
los regímenes vecinos a Irak. Tras ello, siempre se afirma, está sin duda el
control de las reservas petrolíferas de Irak.
Gravemente regresiva en derechos civiles y económicos, la nueva Constitución
iraquí aprobada en el verano de 2005 anticipaba a su vez la nueva Ley de
Hidrocarburos, aprobada a su vez por el gobierno iraquí en 2007 y aún
pendiente de que un parlamento bajo fuertes presiones de Estados Unidos la
ratifique. Esta nueva legislación sobre el petróleo ha sido literalmente
redactada por técnicos nombrados por los gobiernos de Estados Unidos y Reino
Unido junto con nueve compañías petroleras internacionales, y posteriormente
sancionada por el Fondo Monetario Internacional, todo ello antes de llegar a
las instituciones iraquíes. La Ley de Hidrocarburos confirma la ruptura del
marco jurídico del Estado iraquí, sanciona la gestión local de los recursos
aún no explotados (el 78 por 100 de todas las reservas, que se cifran en más
de 111.000 millones de barriles) (1) y abre la puerta a la privatización del
sector por medio de los denominados Acuerdos de Participación en la Producción
, contratos que, respetando la titularidad formal del Estado iraquí de la
propiedad del petróleo, favorecerán durante décadas su control privado por
compañías inversoras extranjeras. Sectarización de las instituciones,
desestructuración social, éxodo humano masivo y decapitación cultural y
científica, desmantelamiento del sector público y privatización de la riqueza:
estos son los recursos empleados para la dominación de Irak.
2008 ha ser un año crucial para Irak, por cuanto Estados Unidos, a las puertas
del relevo presidencial en la Casa Blanca , ha de lograr establecer un acuerdo
bilateral estratégico con los nuevos gobernantes de Irak que sustituya a la
actual cobertura de legitimación de la ocupación otorgada en 2003 por el
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (2). Al tiempo, a lo largo de 2007
Estados Unidos e Irán han mantenido al menos tres reuniones públicas
bilaterales sobre Irak, los primeros encuentros directos tras la ruptura de
sus relaciones diplomáticas en 1977, en plena crisis sobre el programa nuclear
iraní. El proceso de normalización interno de Irak dirigido por Estados Unidos
ha determinado que las fuerzas hegemónicas en el gobierno y en el parlamento
iraquíes sean las del campo confesional chií, con fuertes vínculos con Irán,
como explicitaba la visita del presidente iraní Mahmud Ahmadinejad a Bagdad
los pasados días 2 y 3 de marzo (3). Así, la Administración Bush--y buena
parte del stablishment estadounidense-- parece haber asumido finalmente que su
precaria continuidad en Irak ha de basarse en la estabilización que Irán
otorgue al campo confesional chií, como ha quedado meridianamente claro
durante los últimos enfrentamientos en Bagdad, Basora y otras ciudades del sur
del país entre fuerzas gubernamentales y la milicia del clérigo Moqtada as-Sáder
(4).
El perfil de la resistencia
En este complejo escenario, el fin de la ocupación de Irak se asocia
necesariamente a un proyecto de reconstrucción democrático del país, basado en
la preservación del principio de ciudadanía, la defensa de los derechos
civiles, sociales y económicos, y la gestión social de los recursos
colectivos. La plena recuperación de la soberanía de Irak está inevitablemente
vinculada al desmantelamiento de las instituciones creadas por los ocupantes
y, más allá de ello, a la desactivación de la lógica sectaria, que incluye la
fractura del país en áreas de influencia foráneas.
Este es el reto de la resistencia iraquí, cuya capacidad militar (EEUU pierde
como media diaria a más de dos soldados y se gasta al mes 12.000 millones de
dólares, tres veces más que en 2003) no ha ido acompañada de la aparición
correspondiente de un claro perfil público internacional: la resistencia
iraquí parece haber quedado atrapada mediáticamente entre los atentados
masivos e indiscriminados de la opaca red de Al-Qaeda en Irak y la violencia
sectaria. Ello se explica por el hecho de que la resistencia iraquí--no
solamente la armada, sino también el conjunto del campo civil y político anti-ocupación--
ha tenido que emerger desde el escenario previo del régimen de partido único y
fuerte autoritarismo de Sadam Husein a otro de ocupación militar extranjera y
de actuación extremadamente violenta de los escuadrones de la muerte
paragubernamentales. A ello se une, el aislamiento regional--en concreto
árabe-- e internacional, que ha cerrado las fronteras de Irak a todo apoyo
externo a su resistencia.
Pese a todo ello, inmediatamente después de iniciada la ocupación en 2003,
comienza a articularse en el interior de Irak un primer frente de fuerzas que
cabe identificar como nacionalistas, laicas y de izquierda, y que incluyen
tanto al anteriormente gobernante Partido Baaz Árabe Socialista como a
formaciones del exilio opositoras al ya depuesto régimen de Sadam Husein. En
2005 se elabora un primer documento de debate interno que lleva por título “
Proyecto de creación del Frente de Liberación Nacional para liderar la lucha
nacional y la resistencia a la ocupación, y para la reconstrucción del Estado
central de un Irak libre y unificado”, y que haciendo suyas las experiencias
del Frente de Unidad Nacional de febrero de 1957 (que favoreció la revolución
republicana del 14 de junio de 1958) y del Frente Nacionalista Progresista de
julio de 1973, asume “la revisión global del proceso histórico de los
movimientos políticos iraquíes”:
“La valoración objetiva y la evaluación critica del proceso del Estado y de la
sociedad [iraquíes] antes de la ocupación es una tarea imperativa, no
solamente para delimitar las responsabilidades personales y colectivas sino
para sacar lecciones y para formular el programa del Frente unido, a fin de
iniciar la lucha de liberación y liderar la lucha nacional y la resistencia
contra la ocupación. Ésta es una gran batalla imposible de asumir por una sola
facción o un solo partido; tiene que ser asumida por todas las fuerzas
patrióticas que rechazan la ocupación y que luchan contra ella: nacionalistas
progresistas, religiosas islámicas, democráticas de izquierda, marxistas,
además de personalidades y figuras sociales, científicas, literarias,
religiosas y políticas independientes.” (5)
En este primer esbozo cabe contemplar una revisión crítica de su propia
historia por parte de los baazistas del interior, una nueva dirección sobre el
terreno de cuadros medios muy críticos con la dirección del régimen depuesto
pero que mantienen la continuidad histórica de la organización y su
reconocimiento de los máximos dirigentes en la clandestinidad. Su tarea
consistirá en reconstruir el partido bajo la ocupación (se les llamara los
neobaazistas ), al tiempo que formalizar su compromiso con un Iraq democrático
e integrador, que reconozca los derechos nacionales kurdos. Esta posición
tendrá su plasmación explícita y pública en el documento “Programa Político
del Partido Baaz: el Programa de la Resistencia y la Independencia” (6), texto
clave por medio del cual el partido Baaz se identifica a sí mismo como una
fuerza combatiente más de la resistencia, en pie de igualdad con las
restantes, sean patrióticas seculares-nacionalistas o islamistas no
takfiristas (anatemizadoras).
Este proceso de convergencia entre el partido Baaz y sectores nacionalistas,
kurdos no vinculados a los partidos de Barzani y Talabani, de izquierda y
comunistas disidentes de la dirección del Partido Comunista Iraquí (PCI) se
había iniciado no obstante con anterior a la invasión y ocupación del país. Un
delegación de la plataforma opositora Alianza Nacional Iraquí (ANI) (7),
fundada en 1992 y lideraba desde entonces por el baazista disidente Abdel
Yabar al-Kubaysi (8), visitará públicamente Iraq en noviembre de 2002, donde
se entrevistará con los dirigentes iraquíes Izat Ibrahim ad-Duri y Tareq Aziz,
entonces vicepresidente del Consejo Supremo Revolucionario y viceprimer
ministro, respectivamente. La ANI , a diferencia de otras fuerzas opositoras
al régimen (como el PCI, muy vinculado al gobierno británico y ya bajo la
ocupación integrado en las instituciones colaboracionistas), se había
posicionado claramente en contra del régimen de sanciones económicas aprobado
por el Consejo de Seguridad en agosto de 1990 y vigente hasta la invasión, así
como a los planes de ocupación del país entonces en marcha. La visita fue el
primer reconocimiento público recíproco del gobierno iraquí y de la oposición
nacionalista y de izquierda a fin de iniciar un diálogo para la apertura
democrática del régimen, que la invasión de 2003 frustraría pero que antes de
la guerra favoreció el retorno de exiliados históricos al país, entre ellos Y
usuf Hamdan, histórico dirigente comunista y en la actualidad líder de la
Unión del Pueblo (comunista), quien se convertiría en parlamentario.
Tras la invasión, eliminado manu militari el obstáculo de la perduración del
propio régimen de Sadam Husein y a partir del documento antes citado, se
constituirá a finales de 2005 el Frente Patriótico Nacionalista e Islámico (FPNI),
esencialmente articulado por el Partido Baaz y la ANI , entonces ay Alianza
Patriótica Iraquí; su rama militar pasa a denominarse Consejo Militar Supremo
de los Muyahidines [Combatientes] (9). Remitiéndose a distintas fuentes
iraquíes, el diario independiente árabe editado en Londres al-Quds al-Arabi
informaba el 27 de octubre de 2006 de la creación del denominado Mando
Político Unificado de la Resistencia Iraquí , una filtración que, al incluir
algunos de los 25 nombres que lo integraban, frustraba el intento de un paso
más hacia la convergencia de la resistencia política y militar, dado que esta
nueva estructura incluía a representantes tanto del FPNI como de formaciones
de gran peso en el campo anti-ocupación, en concreto la Asociación de Ulemas
Musulmanes (la máxima instancia religiosa sunní de Iraq) y ayatolás chiíes
contrarios a la injerencia iraní como Ahmed al-Hussaini al-Bagdadi. Desde
entonces no se han producido nuevos avances en la convergencia política del
campo anti-ocupación--a ello contribuye sin duda las dificultados impuestas
por los gobiernos de los países árabes vecinos, incluido el sirio--, mientras
que sus formaciones armadas han formalizado hasta tres frentes militares
distintos a finales de 2007 (el correspondiente al FPNI ha sido denominado
Alto Mando de Combate [ Jihad ] y Liberación de Irak e integraría a 22 grupos
armados) (10).
En un círculo vicioso de causa y efecto, l a destrucción de las instituciones,
el empobrecimiento generalizado y la desintegración social alimentan la
expansión de corrientes disruptivas, las cuales--alentadas o toleradas por
Estados Unidos y Reino Unido-- han recurrido al terror para controlar el
territorio iraquí. Nuevas leyes rompen el marco jurídico unitario, suprimen el
concepto de ciudadanía y someten la legislación a la religión. L a denominada
violencia sectaria es, antes que nada, política, social y económica, y
prefigura la fragmentación efectiva del país, una lógica derivada del fracaso
de la propia ocupación y que sirve por ello, antes que a Washington o Londres,
a los regímenes vecinos a Irak, todo ellos--Israel, Irán, Arabia Saudí, entre
los más poderosos-- satisfechos de ver destruida la potencia regional que pudo
haber sido. El reto de resistencia iraquí, de aquélla que es portadora de
valores universales reconocibles por todos los pueblos y todas las culturas,
es frenar e invertir esta marcha hacia la destrucción de su país y de su
sociedad, una destrucción que el conjunto de la comunidad internacional parece
ignorar.