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Un miliciano chiíta descansa en
Basora. (Foto AFP) |
Los milicianos de Moqtada Sadr, que gozan de un amplio apoyo popular, acusan
al primer ministro iraquí Nuri al Maliki de trabajar para Estados Unidos y piden
una mayor cuota de poder, pero el gobierno se opone a una organización
paramilitar que escapa a su control.
Maliki ha evitado señalar explícitamente a la milicia como el objetivo de la
operación que está supervisando personalmente desde Basora, y asegura que lo que
quiere es eliminar a los "elementos criminales" que aterrorizan a la población
civil.
El cara a cara entre Moqtada Sadr y Nuri al Maliki se produce meses antes de
las elecciones locales de octubre, de las que saldrán los responsables de las
provincias, quienes tendrán un amplio margen de poder e importantes medios
financieros.
La vasta operación iniciada el martes contó el viernes en Basora, por primera
vez, con el apoyo de la coalición internacional bajo mando estadounidense, que
efectuó dos bombardeos aéreos contra los milicianos, según un oficial británico.
Este sábado, un nuevo bombardeo aéreo atribuido a esas fuerzas vino en apoyo
de las tropas de a pie iraquíes.
Según testigos y corresponsales de prensa, el bombardeo mató a ocho personas
e hirió a varias en el barrio de al Baath, en el noroeste de Basora.
En Bagdad, el toque de queda se mantiene por segundo día consecutivo, y las
principales arterias de la ciudad están vacías. Fue anunciado el jueves por la
noche por el mando militar de la ciudad y permanecerá en vigor hasta el domingo
de mañana.
La Zona Verde de la capital iraquí, donde se encuentra la sede del gobierno
iraquí y la embajada de Estados Unidos, se ha visto sacudida por una serie de
explosiones el sábado por la mañana.
Los corresponsales de la AFP escucharon al menos seis fuertes deflagraciones
en la Zona Verde, que ha sido blanco en los últimos días de cohetes y morteros.