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General David Petraeus |
En su tiempo libre, lee biografías de hombres que, como él, han tenido que
afrontar durísimos retos militares. Un día sí y otro no sale a correr con sus
soldados, y cada semana dedica 10 minutos al barbero. Se ha propuesto asistir,
siempre que puede, a las ceremonias en recuerdo de los militares estadounidenses
caídos en Irak.
Por Francesca Caferri - La
Repubblica / El País
Ingenioso, sonriente, cordial, el
general David Petraeus parece un militar fuera de lo acostumbrado: durante una
hora de entrevista, en su despacho del que era el palacio presidencial de Sadam
Husein en Bagdad, no deja entrever ni una sola vez la dureza que tiene que
poseer para haber llegado a convertirse en el jefe de las fuerzas de EE UU en
Irak.
Pregunta. El domingo por la noche, el recuento de los muertos estadounidenses
desde el inicio de la guerra llegó a la cota de los 4.000. Y, ese mismo día de
Pascua, Irak vivió una jornada sangrienta, con lanzamientos de cohetes sobre la
Zona Verde de Bagdad. ¿Está retrocediendo Irak?
Respuesta. Cuatro mil muertos significan que Irak es una realidad muy dura y
difícil. En cuanto a los ataques contra la Zona Verde, los llevaron a cabo los
llamados grupos especiales, adiestrados y armados por Irán. Los cohetes que
lanzaron eran iraníes. Y eso es decepcionante: el presidente Ahmadineyad y otros
dirigentes iraníes prometieron a sus homólogos iraquíes que iban a dejar de
echar leña al fuego de una realidad que ya de por sí es bastante explosiva. No
es ésa la ayuda que los iraquíes quieren que les preste su vecino; lo que
quieren es una relación constructiva. Desde luego, nada de armas.
P. Sin embargo, también han vuelto a hacerse oír los terroristas suníes con el
atentado en Mosul. ¿No le preocupa eso?
R. Los atentados de Al Qaeda son resultado de la presión a la que están
sometidos, especialmente en Mosul, que es una de las áreas en las que Al Qaeda
ha disfrutado durante mucho tiempo de más margen de maniobra y en las que, en el
último año, se ha concentrado principalmente la actividad de las fuerzas de la
coalición y las iraquíes. Es una zona importante desde el punto de vista
estratégico, son las rutas hacia Siria e Irán, y es una región de población
mixta. Lo que hicieron el domingo los terroristas es lo que hacen cada vez que
les asestamos un duro golpe: tratar de pararnos. Creo, además, que este atentado
puede estar relacionado con el hecho de que el embajador Crocker y yo nos
disponemos a dar testimonio ante el Congreso; no quieren que demos sólo buenas
noticias.
P. ¿Se puede decir que el país camina hacia la reconciliación?
R. La situación de la seguridad ha mejorado mucho. No voy a negar que el domingo
fue un día espantoso, pero quizá lo notamos más porque hay menos días espantosos
que hace ocho meses. El número de atentados ha descendido un 60% respecto a
junio de 2006, el número de muertos civiles ha bajado un 60% desde diciembre de
2006, y eso es señal de progreso. No queremos cantar victoria ni hacer
celebraciones, porque nos queda aún mucho por hacer. Todavía tenemos
innumerables retos y obstáculos que superar, pero sí se han dado pasos hacia la
reconciliación. La sociedad iraquí ha sufrido daños terribles y tardará años en
recuperarse.
P. Uno de los méritos que se le reconocen es el de haber involucrado a los
suníes en la gestión de la seguridad. ¿Cómo puede estar seguro de que un día
esas personas no volverán a combatir?
R. Les estamos dando la posibilidad de ayudar a mejorar la seguridad en sus
comunidades. La clave de nuestro proyecto es darles un papel en el proceso para
que el nuevo Irak triunfe, en vez de fracasar. Puedo decir que, en ciertas
zonas, es inconcebible pensar que los suníes vayan a permitir el regreso de Al
Qaeda. Al Qaeda ha traído la muerte, la destrucción y una ideología wahabí que
la gente no comparte.
P. Quizá no llamen a Al Qaeda, pero podrían volver a luchar contra los chiíes...
R. Repito, la idea es que todos intervengan en el éxito del nuevo Irak. Los
suníes saben que se equivocaron al no participar en las elecciones de 2005 y no
van a volver a cometer el mismo error, saben que no pueden tener acceso a los
beneficios de los recursos iraquíes si no participan en el gobierno al lado de
los chiíes.
P. ¿Y los chiíes? ¿Están en contacto con ellos?
R. Por supuesto. La idea es aplicar el mismo proceso a todos: abordar los
problemas, dialogar, tal vez gritar, pero no disparar. Se trata de hacer un
esfuerzo para extender el diálogo a todos, incluidos los chiíes, así que también
hablamos con ellos.
P. ¿Incluido Múqtada al Sáder?
R. Mantenemos conversaciones con su grupo.
P. Todos estos esfuerzos podrían resultar inútiles si el Gobierno iraquí no
sigue por la vía de la reconciliación nacional. ¿Está satisfecho con el trabajo
que llevan a cabo?
R. No creo que estén satisfechos ni ellos mismos. Pero están esforzándose por
hacer alguna cosa. Hemos empezado a ver algunos avances desde el punto de vista
político e incluso, ahora, económico: acabo de recibir a una delegación de
empresarios extranjeros que han venido a firmar un acuerdo con el gobierno, y
ésa me parece una buena señal.
P. ¿Qué situación va a describir cuando hable de Irak ante el Congreso, dentro
de unos días?
R. Describiré el nivel de seguridad sobre el terreno, y el embajador hablará del
aspecto político y económico. Después hablaremos de los retos que todavía nos
aguardan e ilustraremos las recomendaciones que vamos a hacer al presidente y
que, por motivos obvios, no puedo revelar todavía.
P. Sí podrá decir qué piensa del debate sobre la reducción del número de tropas
que está desarrollándose en EE UU.
R. El propósito es reducir las tropas de aquí a julio, pero la decisión estará
muy condicionada por las condiciones que haya sobre el terreno. No queremos
poner en peligro los objetivos que tanto nos ha costado alcanzar con una
reducción de tropas demasiado rápida.
P. En los esfuerzos que ha llevado a cabo, ¿le habría gustado contar con más
apoyo de sus aliados europeos y la OTAN?
R. Sólo diré que no ha existido un jefe militar en la historia que no estuviera
dispuesto a dar la bienvenida a más tropas.
P. Usted ha reescrito el manual de operaciones; en muchas zonas, junto a los
soldados, hay antropólogos. ¿Cómo y en qué medida ha cambiado el ejército
estadounidense debido a Irak?
R. Nos encontramos con un terreno de actuación que ya no era el desierto, sino
poblaciones, un terreno humano. Comprender el entorno es fundamental para lo que
hacemos y por eso pedimos ayuda a los antropólogos, especialmente a expertos en
la cultura árabe e iraquí. Nuestros soldados han sabido comprender la
complejidad de la situación. A los jefes nos corresponde dar con buenas ideas,
pero la clave del éxito está en saber hacerlas llegar a quienes la ponen en
práctica.
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© La Repubblica Traducción de María Luisa
Rodríguez Tapia