"Entre preventivos y condenados tenemos 22.000 internos, a los que hay
que sumar otros 25.000 en los centros de las Fuerzas de la Coalición”,
declara Salim. La cifra está muy lejos de los 400.000 reclusos que denuncia
la Unión de Prisioneros y Detenidos en Irak. “Imposible, ¿dónde íbamos a
meterlos? No tenemos sitio suficiente”, responde ante la alegación. Admite,
sin embargo, que la situación en las 36 cárceles del país es problemática:
“Hay centros con capacidad para 200 personas en los que se hacinan más de
500”.
Por eso, el Consejo presidencial acaba de aprobar una ley de amnistía que
permite pedir la absolución a quienes lleven más de seis meses encarcelados
sin cargos o hayan esperado más de un año para comparecer ante el juez. La
medida se espera que deje en libertad a miles de detenidos, en su mayoría
sunnitas, pero no alcanza a aquellos bajo custodia estadounidense.
¿Se respetan los derechos de los prisioneros? Salim está trabajando para
ello, pero no oculta las dificultades. Su ministerio sólo tiene autoridad
para investigar y hacer seguimientos. Carece de capacidad ejecutiva.
“Dependemos de la ayuda de Justicia, Interior y Defensa para poder
garantizar el correcto funcionamiento del sistema y el respeto de la ley”,
manifiesta. “Hasta ahora nos miraban con mucho recelo, pero estamos
empezando a coordinarnos y hemos conseguido que acepten la presencia de
abogados desde el primer interrogatorio policial.”
Desde fuera parece un avance pequeño. Sin embargo, en un Irak enfangado
en luchas del poder, el empeño de esta ingeniera de 45 años por lavar los
trapos sucios exige un esfuerzo titánico. Al igual que ese primer informe
sobre la situación de los presos que Salim tiene en la mano y que va a
hacerse público mañana. “Queremos que la opinión pública sepa lo que estamos
haciendo y a lo que hacemos frente”, resume sin querer detallar el
contenido. Se espera que el informe revele cuántos de los detenidos son
mujeres y cuántos menores de edad, extremo éste que preocupa especialmente a
las organizaciones de derechos humanos.
“En realidad, éste es el comienzo de nuestro trabajo –admite–: los dos
años anteriores los hemos dedicado a aprender porque estas preocupaciones
son nuevas en Irak; sólo ahora empezamos a centrarnos.”