Pero nada se compara
con su atrevida visita histórica a Bagdad, la primera de un líder iraní después
de la revolución islámica de 1979, que sin disparar una sola bala pone en jaque
a la invasión ilegal de la dupla anglosajona: Gran Bretaña hace sus maletas en
la sureña región petrolera de Basora, mientras EU está pidiendo auxilio para
controlar los daños que provocó y, más que nada, obtener el pase para una fuga
nada gloriosa (léase: la bendición de la teocracia chiíta iraní para que no
aniquile por la retaguardia al humillado y ahumado ejército estadounidense).
Pocos personajes del mundo se atreven a visitar Irak en su presente coyuntura
trágica, mucho menos la destruida Bagdad de bombazos permanentes. Se necesita
mucha valentía y serenidad, pero también cierto tipo de garantías militares del
enemigo cuando Bagdad es una capital ocupada por los invasores marines
del régimen torturador bushiano.
En forma insólita, la seguridad personal del presidente Ahmadinejad, quien no
solamente salió ileso, sino triunfador, fue responsabilidad de los marines
durante dos días. Ahmadinejad superstar viajó del aeropuerto a la
capital en una comitiva motorizada, a diferencia de otros mandatarios, entre
ellos el timorato Baby Bush, quienes llegan y se van en forma furtiva
en helicóptero, lo que en suma expresa quién en última instancia es el verdadero
vencedor de la fallida Operación Asombro y Choque.
El diplomático indio M.K Bhadrakumar en su columna del Asia Times
(16/3/08) nos había anticipado la visita inopinada del comandante de los
Guardias Revolucionarios Islámicos iraníes, Mohammed Ali Jafari, quien había
sido visto salir y entrar sin despeinarse de la “zona verde”, bastión
estadounidense de Bagdad, lo cual había puesto en ascuas a los “aliados” árabes
de EU, quien juega a las mil bandas y a las dos mil trampas.
Ni la excursión turca en el norte de Irak, donde predominan los kurdos, ni la
tercera ronda de sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, tan inefectivas
como desfasadas, impidieron ni empañaron la visita apoteósica de Ahmadinejad
superstar a Bagdad.
De allí quizá derive la pasmosa ductilidad de Rusia y China ante el teatro
del absurdo que practica EU para guardar las apariencias cuando su emperador se
encuentra más desnudo que nunca.
La potestad de Irak en sus regiones central y sureña parece clarificarse
donde se perfila un condominio de transición de la derrotada dupla anglosajona
con la teocracia chiíta iraní y el Consejo de Cooperación del Golfo de seis
petromonarquías árabes.
Gran parte del condominio de transición lo definirá la tenencia de los
pletóricos yacimientos petroleros de Irak tanto en el sur como en su región
occidental. Falta definir el devenir del norte (con predominancia kurda) de
Irak, gradualmente desarabizado y balcanizado de facto por las
tropas invasoras anglosajonas, y el papel que le será asignado y/o permitido a
Turquía por sus “aliados” tanto en la OTAN como en la costa oriental del mar
Mediterráneo: la tripleta EU-Gran Bretaña-Israel, que también apoya la secesión
de los peshmergas kurdos, en especial en la rica región petrolera de
Kirkuk. Todo sea por el “oro negro”, el inocultable tropismo
anglosajón.
A final de cuentas si la fracasada guerra bushiana de Irak fue por el
petróleo, según nos ilustró el Maestro Greenspan (como si no se
supiese), entonces la retirada de la invasora dupla anglosajona se podrá medir
en concesiones petroleras a lo largo y ancho de la antigua Mesopotamia. Hasta
Debka (número 339, 29/2/08), presunto portal de los servicios secretos israelíes
del Mossad y el partido fundamentalista hebreo Likud, no tiene más remedio que
digerir el carácter “histórico” de la visita “surrealista” de Ahmadinejad
superstar: “primer mandatario del golfo Pérsico que visita Bagdad en la
fase post Saddam”. Con desaliento fúnebre, en un análisis posterior
Debka (4/3/08) pretende conocer la profundidad del quid pro quo entre
Washington y Teherán: “aceptación del programa nuclear iraní a cambio del
status quo en Irak” hasta la llegada del próximo presidente de EU; además
de un acomodamiento sobre el petróleo del sur de Irak, donde la población chiíta
es “más leal a Irán que al gobierno de Nuri Al- Maliki”, quien en su “reciente
visita a Teherán a finales del año pasado firmó un acuerdo para construir un
oleoducto que transporte el petróleo iraquí a las refinerías iraníes de Abadan.
Se trata de un intento por vincular el petróleo del sur de Irak con los campos
petroleros iraníes y las instalaciones de la cuenca oriental de Shatt-El-Arab
opuestas a Basora”. Asevera también que todo fue bordado con la anuencia de EU.
Mejor que confiesen los derrotados anglosajones: “mientras la invasión
estadounidense a Irak ha sido criticada extensamente en Medio Oriente y en el
mundo, Irán emergió como el principal beneficiario del conflicto” (“Irak, maduro
para el dominio iraní”; The Times, 3/3/08). El muy limitado Baby
Bush nunca se imaginó que trabajó para Ahmadinejad superstar, quien lo
desplaza paulatinamente del dominio iraquí sin disparar una sola bala.
Son tiempos del petróleo, pero también de electricidad. Deborah Haynes, del
londinense The Times (4/3/08), después de explotar malévolamente los
resentimientos entre sunitas y chiítas de Irak, refiere que Ahmadinejad
superstar, luego de haber fustigado la presencia de EU y Gran Bretaña,
exhibió su nueva “influencia creciente”, primordialmente en las regiones con
predominancia chiíta, como en el sur de Irak y los suburbios proletarios de
Bagdad, donde construirá dos plantas eléctricas para suplir las carencias de la
población que dejó sin luz (¡vaya metáfora real!) la invasora dupla anglosajona.
Irán otorgó un préstamo por mil millones (¡para lo que sirven los embargos de
EU!) al gobierno del chiíta Al-Maliki para tareas apremiantes de infraestructura
(destruida por los ejércitos de EU y Gran Bretaña), manejadas por constructoras
persas. ¿Se iraniza el sur de Irak? Los siete memoranda de acuerdos
entre el gobierno del chiíta Al-Maliki y Ahmadinejad lo dejan entrever en los
campos de comercio (que incluye una zona de libre comercio), una alianza
petrolera, seguros, aduanas, industria, educación y transporte.